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Diario de Ibiza

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Prostitución en Ibiza: «La droga se vende una vez, el cuerpo de una mujer todas las que aguante»

Personal sociosanitario del Consell de Ibiza asiste a unas jornadas de formación sobre prostitución impartido por Metges del Món

Rocío López, durante la jornada de formación en una de las aulas del Recinto Ferial.

Se conoce como la prostitución 2.0 y supone un riesgo extremo para las mujeres. Más vulnerables. Más indefensas. Más a expensas de los puteros. Sin la relativa protección de los clubes o la calle, donde siempre, dado el caso, las puede escuchar o socorrer alguien. «La prostitución se está deslocalizando», afirma Rocío López, técnica en intervención social de Metges del Món en Ibiza, durante la primera de las jornadas de formación para profesionales sociosanitarios del Consell de Ibiza. López se refiere a este proceso como la «amazonización de la prostitución», un término que, matiza, es de Luis Ballester: «Entras en una web, miras qué hay, eliges, abres el desplegable y, si encaja con lo que buscas, compras y te la traen a casa».

«Si ya la prostitución es peligrosa para las mujeres, con esta ocultación de casas, yates y pisos con la que nadie sabe dónde está esa mujer, lo es aún más», continúa. Totalmente a expensas de quien las ha encargado. O de quienes. «A veces pienso que si exploráramos los fondos marinos de esta isla...», aventura Rocío. Ni el intenso calor que emana de las salidas de la calefacción mitiga el escalofrío que provocan sus palabras.

Rocío López comenta un anuncio con una estética basada en una violación. Juan A. Riera

Al margen de la sociedad

«Las mujeres en situación de prostitución viven bastante al margen de la sociedad», comenta la técnica de Metges del Món, que atiende a estas mujeres en su local de ses Figueretes. Un espacio en la calle Galicia al que acuden para recoger material de protección y acudir a talleres, pero también para charlar, conectarse a internet, usar la sala de calor y café. De hecho, Belén Matesanz, coordinadora autonómica de la entidad, destaca que el objetivo del curso, organizado por el Consell de Ibiza, es que los profesionales sociosanitarios de este organismo «profundicen en la realidad de la prostitución en la isla» y tengan más herramientas para atender a estas mujeres. «La intervención con ellas es complicada porque implica tener en cuenta todas las consecuencias sociales, sanitarias y psicológicas que tiene sobre ellas la prostitución», detalla.

López explica a la treintena de trabajadoras que asisten de forma presencial al curso que prostitución y trata de mujeres son dos términos indisociables. Un proceso perverso basado «en la desigualdad económica». «¿Dónde buscan las mafias a estas mujeres? ¿Son alemanas? ¿Suecas? ¿Holandesas?», pregunta a las asistentes antes de destacar que sin demanda, sin puteros que reclamen constantemente mujeres, no se hubiera generado la trata. En este momento, la técnica de la ONG recurre a ‘El proxeneta’, el documental de Mabel Lozano: «Un proxeneta cuenta con normalidad, incluso con orgullo, cómo en los años 80 y principios de los 90 había tanta demanda de prostitución que la oferta nacional no la cubría y se fueron a países con necesidades para traer mujeres». López destaca que hay trata nacional, «sin cruzar fronteras», y que de ella se nutre el turismo sexual, «del que podemos enorgullecernos en Balears», ironiza.

«La vida del producto, en el caso de la prostitución, se puede estirar, como un chicle», comenta Rocío López para que los asistentes se hagan a la idea de lo rentable que es para las mafias y proxenetas. «La droga la puedes vender una vez, se consume y ya está. El cuerpo de una mujer lo puedes vender muchas veces, todas las que aguante, que por desgracia son muchas», señala. El cuerpo de la mujer como un objeto sobre el que el cliente, como paga, se siente legitimado para cualquier perversión. Algo que, teniendo en cuenta ese traspaso de la prostitución a casas, villas, pisos y yates, es especialmente preocupante. «Las invisibiliza, están menos protegidas y las fuerzas y cuerpos de seguridad no tienen acceso. Muchas veces están solas y pedir ayuda es muy complicado», insiste Belén Matesanz, que pone el foco en el putero, «el auténtico responsable».

La técnica asistencial de Metges del Món se dirige a los asistentes en un momento de la charla. Juan A. Riera

Escalada de violencia

Rocío López explica a los asistentes, a los que a primera hora ha visitado la consellera insular de Bienestar Social, Carolina Escandell, que más del 99% de los consumidores de prostitución son hombres. «Hay prostitución masculina, pero quienes la consumen son también hombres», matiza antes de alertar de que el nivel de agresividad que demuestran con las mujeres es cada vez mayor. «Por referencias del porno», apunta López, idea que comparte Matesanz. «El porno es cada vez más agresivo, eso supone que cada vez lo que excita a esos hombres son prácticas más violentas que no se atreven a pedir a sus parejas sexuales, de manera que pagan para conseguirlo», detalla la técnica de Metges del Món en Ibiza. Cada vez, además, los puteros son más jóvenes. López conoce bien esa escalada de violencia. Golpes, fracturas, quemaduras de cigarrillos, dientes rotos, labios destrozados... Se la comentan las mujeres que pasan por el local de la calle Galicia. Y ha visto heridas y moretones. «El otro día vino una con un bocado en el pecho...», comenta. «¿Qué nos queda si esto es lo que excita a un hombre? ¿Normalizar el peligro para las mujeres? ¿Los desgarros vaginales y anales?», pregunta. Y el escalofrío vuelve.

Tanto López como Matesanz apuntan a la pornografía como el origen de esa exigencia de sexo cada vez más agresivo y violento. Una pornografía que sale de su reducto y que salpica la estética y los discursos del cine, la música, los medios de comunicación y la publicidad. «Violencia simbólica», señala. En la pantalla, bien grande, se ve el polémico anuncio de Dolce & Gabbana en el que un hombre sujeta a una mujer tirada en el suelo mientras otros tres miran. «Es una manada», comenta la técnica, que pregunta qué vende esa publicidad: «No veo un bolso, no veo un perfume, veo una imagen que le dice al hombre que sea dominante. Pues la vemos en revistas, en carteles gigantes, la ven nuestros niños y niñas».

Trabajadoras del Consell de Eivissa, durante el curso. | JUAN A. RIERA

Maluma y la violencia simbólica

Maluma sustituye en el proyector a los anuncios de estética porno y de hipersexualización de menores. «Una maravilla», ironiza López, que confiesa que no pone ni un trocito del vídeo de ‘4 babies’ porque es «vomitivo». Con leer parte de la letra tiene más que suficiente: «Ya no sé que hacer, no sé con cuál quedarme, todas saben en la cama maltratarme, me tienen bien, de sexo me tienen bien. Estoy enamorado de cuatro babies, siempre me dan lo que quiero, chingan cuando yo les digo, ninguna me pone pero...». «Paro aquí porque si no vomito», comenta la experta, que destaca que el último estudio sobre consumo de pornografía en Balears pone de manifiesto que la primera toma de contacto de los niños con estas escenas se produce a los ocho años. «Es escandaloso. Si a mí, con algunas imágenes ya me explota la cabeza, lo que puede hacer en alguien que aún se está formando», recalca antes de volver al estigma, la invisibilidad, la exclusión y las agresiones que sufren las mujeres en situación de prostitución.

«Algunas redes las marcan, como si fueran ganado», señala López, que hace hincapié en cómo son invisibles para la sociedad. Como víctimas. Porque cuando se da algún problema (ruidos, por ejemplo, en un piso que funciona como prostíbulo) se las culpa a ellas. «No a los puteros», insiste la técnica, que asegura que el 90% de ellas sufren violaciones sistemáticas. Las primeras de ellas antes, incluso, de llegar al destino para el que fueron captadas. Vuelve a Mabel Lozano. A ‘Biografía del cadáver de una mujer’, en el que el hijo de una asesinada explica cómo la violó el hombre que la recogió al llegar a España. Y luego el dueño del club. Y también el testimonio de Sonia Sánchez, superviviente de la trata. «Su bautizo fue una violación masiva». Y no hay calefacción que mitigue el escalofrío.

El 016 atiende a las víctimas de todas las violencias contra las mujeres. Es un teléfono gratuito y confidencial que presta servicio en 53 idiomas y no deja rastro en la factura. También se ofrece información a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y asesoramiento y atención psicosocial mediante el número de Whatsapp 600 000 016. Además, los menores pueden dirigirse al teléfono de ANAR 900202010.

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