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Día contra la Violencia Machista en Ibiza: Lecciones de buen amor

Un grupo de tercero de Secundaria del instituto Sa Blanca Dona participa en el taller ‘Les bones relacions en parella’, impartido por un psicólogo del Cepca

Un momento del taller ‘Les bones relacions en parella’, en el instituto Sa Blanca Dona.

«El feminismo quiere la igualdad entre hombres y mujeres. Es un movimiento que busca la equidad». Una de las alumnas de tercero C, del instituto Sa Blanca Dona, no tarda ni medio nanosegundo en alzar la voz cuando uno de sus compañeros critica el feminismo: «Está mal, las feministas se creen mejores». «Feminazis», se escucha en el aula como respuesta a la joven, a la que Alejandro Moreno, psicólogo y técnico de prevención del Centre d’Estudi i Prevenció de les Conductes Addictives (Cepca), apoya: «El feminismo fomenta la igualdad. No creáis todo lo que veis en la tele, el feminismo es un término muy tergiversado».

«Pero las mujeres están por encima en algunas cosas, como el modelaje», argumenta otro de los estudiantes, contento de haber encontrado un punto débil en el discurso. O no. «Eso es porque la mujer se ha considerado un objeto. A la mujer se la valora mucho más por la belleza, por su aspecto físico, que al hombre», comenta Alejandro avanzado ya el taller ‘Les bones relacions en parella’, el que se imparte en tercero de Secundaria dentro del programa ‘Sextima’. Ha comenzado fuerte. Hablando, bueno, más bien preguntando, sobre los conflictos más habituales en sus relaciones de pareja.

Lecciones del buen amor

Celos, control y dependencia

Las respuestas son muchas. Y variadas. Y salen rápidas de sus bocas: «Celos», «manipulación», «discusiones», «dependencia emocional», «te controlan»... «Dónde vas, cómo te viste o a quién le das un me gusta en Instagram, ¿no?», añade Moreno como ejemplo de ese control que mencionan los escolares, que asienten en silencio. «A veces, también te hacen cosas para fastidiarte», añade uno de los alumnos. «Sí, despreciarte, mantener dinámicas que te hacen sentir mal de forma habitual, en algunas parejas es constante», continúa Moreno. «No es bueno», comenta una de las alumnas. «No es sano», apunta otra dirigiéndose al psicólogo, a cuya espalda, en una pantalla, se proyectan las imágenes del power point de la sesión, protagonizado por escenas de cómic.

Lecciones del buen amor

«A pesar de eso, muchas parejas siguen juntas. Un sufrimiento que dura mucho tiempo, pasándolo mal. No tiene lógica, ¿no? ¿Alguien te obliga a estar con alguien?», les pregunta. La respuesta, en tercero C (aunque se han mudado al aula de tercero D porque no funcionaba el proyector), la tienen muy clara: «¡No!». «Entonces... ¿Por qué siguen juntos?», abunda Moreno. Aunque le cuesta algo más que respondan ahora, al final las contestaciones llegan: «Porque se genera un vínculo tóxico», «por miedo», «porque no se atreven a dejarlo»... Moreno les cuesta una historia que, seguramente, a algunos de ellos les suena. Una relación «que al principio molaba mucho», pero que con el tiempo nos hace sufrir. «¿Qué hacemos? ¿Seguimos sufriendo el resto de la vida?», les provoca el experto del Cepca, al que rápidamente varias voces surgidas del centro del aula gritan: «¡Evitarlo!».

Lecciones del buen amor

Para que les quede aún más claro que alguien que es violento, que les hace sentirse mal, que les hace daño, no es una buena pareja, el psicólogo compara estas relaciones tóxicas con el acoso escolar. Tras pensar unos segundos, algunos de los alumnos más parlanchines aseguran que en ese caso le aconsejarían a quien lo sufre que acudiera al psicólogo o que se apuntara a boxeo. Moreno hace hincapié en la «normalización» de ciertos comportamientos en la pareja que no se consentirían fuera de ella. «Pensamos que es normal, que es así y aguantamos. Pero no tiene por qué ser así. Ni siquiera es amor», indica antes de dejarlos a todos mudos al cambiar la transparencia y plantear una pregunta: «¿Qué es el amor?».

Lecciones del buen amor

¿Qué es el amor?

Sólo falta que una bola seca y espinosa de salicor cruce rodando el aula. «No es fácil», reconoce mientras los chavales miran la ilustración del proyector: las manos de una persona vertiendo una poción de amor en un recipiente que parece a punto de estallar. «Entre todos seguro que podemos», insiste Moreno. La bola seca y espinosa de salicor vuelve a cruzar la sala. «Hasta hace poco la idea de amor excluía a algunas parejas», comenta el experto en referencia a homosexuales y lesbianas. «Atracción», «sentimiento por otra persona», «pasión», apostillan. «Estar pensando en una persona todo el día», añade otro de los alumnos. «También está el amor a uno mismo», indica otro. «El amor nos hace sentir bien, eufóricos, obsesionados...», comenta el conductor del taller, que les lanza otra pregunta: «¿Dónde hemos aprendido qué es el amor?».

Lecciones del buen amor

Y ahí sí. Ahí los adolescentes contestan rápidos y certeros: en las películas, en los videoclips, en los libros, en las series, de los padres, de los cuentos... «Fueron felices y comieron perdices», ironiza uno de los alumnos. Esta vez es Moreno el que asiente justo antes de recordar los cuentos de hadas cuajados de príncipes azules, estupendos, y chicas raritas que son princesas. «¡Mentiras!», grita una de las chicas. «El concepto de historia de amor lo hemos aprendido del amor romántico», explica Moreno al tiempo que en la pantalla aparecen Cenicienta bailando feliz con el príncipe y Mario Casas y María Valverde a punto de besarse en un fotograma de ‘A tres metros sobre el cielo’.

«Las personas que no son románticas es porque no han encontrado a nadie», opina uno de los alumnos iniciando un debate sobre por qué se supone que los chicos deben ser románticos y pagar la cena, el cine o lo que sea a la chica. «Es una forma de comportarnos que viene de atrás en el tiempo, que se ha normalizado y que pone de manifiesto la diferencia de estatus. El chico es el que tiene el poder», explica Moreno, que apenas tiene tiempo de acabar la frase. «¡Las tías mandan siempre! ¡Es una mierda!», salta uno de los alumnos. «El amor romántico es machista», afirma el psicólogo, que les recalca que, hasta el momento, aunque han hablado de parejas tóxicas, ninguno de ellos ha hablado de violencia de género. «A veces la mujer pega al chico y no pasa nada». El comentario sale, cual resorte, de la boca de un adolescente que corta de plano el psicólogo: «No es violencia de género, que es algo muy grave».

Los mitos del amor

El experto les explica que la base de la violencia de género está en una sociedad machista y en la distribución de roles entre hombres y mujeres. Unos roles que perpetúan algunos «mitos» sobre el amor que Alejandro Moreno desmonta uno a uno. «Los polos opuestos se atraen», se lee en la pantalla mientras él trae a clase a Bella y Edward, de ‘Crepúsculo’: «Él tiene mala leche, ella es timidita y el tipo la trata fatal durante tres películas para, al final, convertirse en vampira, lo que significa que si lo pasa mal el resto de la eternidad sólo va a poder estar con él».

Otro mito: «Es normal sufrir por amor». «En alguna clase alguna chica me ha dicho que no le importa sufrir o pasarlo mal porque es el amor de su vida. Esto es algo que pasa, incluso, con las mujeres que sufren malos tratos, justifican al maltratador porque normalizamos sufrir por amor», comenta antes de pasar al siguiente mito del amor romántico, el de la media naranja o, más recientemente, el hilo rojo. «Inventos que la gente se cree. El amor romántico nos ha enseñado que lo normal es enamorarte, casarte y ser feliz y que las personas que no lo logran son infelices. ¿Y si me sale mal?», continúa Moreno. «¡Me divorcio!», grita una de las chicas.

«Los celos demuestran amor», se lee en la pantalla. «Es verdad, un poquito sí, si no parece que no le importas», opina uno de los alumnos, al que rebaten rápidamente dos compañeras. «Eso es que falta confianza», le contesta una. «No tiene nada que ver con eso», apunta otra. «Ser celoso no demuestra nada. Si no hay confianza una relación no tiene sentido», les indica el técnico del Cepca, a quien varios escolares le preguntan si él es celoso. «De jóvenes somos más celosos por la falta de seguridad y de experiencia», comenta el experto, que señala que, en ocasiones, al empezar a salir con alguien ya se establecen «dinámicas negativas y tóxicas». «No hay que aguantar, no son parte de una relación sana», reitera antes de detallar que las exigencias no tienen cabida y que lo lógico, cuando se quiere a alguien es tratar bien a una persona. «No hay que aguantar», insiste como respuesta a otro de los mitos del amor romántico: «La pasión y el amor duran para siempre». «Es que parece que si llevas 40 años no te puedes separar, tienes que aguantar», opina, recordando la generación de sus abuelos, una de las alumnas sentada muy cerca de la compañera que hace sólo unos minutos reivindicaba, delante de sus compañeros, el feminismo. La igualdad entre hombres y mujeres.

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