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Jocelyne Calafat ya tiene pasarela para ir a bañarse a Ibiza

Inaugurado el puente que salva el segundo cinturón de ronda y que permite ir caminando o en bicicleta desde Puig d’en Valls hasta Vila, una obra reivindicada desde hace ocho años por los vecinos

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Inauguran la pasarela que une Ibiza con Puig d'en Valls Vicent Marí

Jocelyne Calafat fue la primera en recorrer hoy, de punta a punta, la pasarela que, al fin, une Puig d’en Valls (desde la zona comercial con acceso por la calle Mar Mediterráneo) con el municipio de Ibiza (por la zona industrial de es Gorg). Se lo merecía, porque llevaba ocho años reivindicando su instalación para «unir pueblos, en vez de separarlos». La obra de la autovía no sólo arrasó allí infinidad de restos arqueológicos, sino que además se cargó el antiguo camí des Quatre Cantons, creando un muro insalvable entre Vila y esa parroquia de Santa Eulària... que algunos sorteaban atravesando un peligroso aliviadero subterráneo.

Calafat, presidenta de la Asociación es Molí de Puig d’en Valls, reclamaba ese puente para poder, como hacía antaño, ir andando desde esa parroquia a Vila o incluso hasta Talamanca para darse un chapuzón, «una excursión que hace años era habitual» para los vecinos. Francesa de abuelos ibicencos que emigraron a Argelia y de padres que, tras la independencia del país árabe, se vieron obligados a emigrar a Francia, Calafat vive en esa barriada desde hace 47 años: «Para mí supone una gran alegría ver que se vuelven a juntar con este puente los dos pueblos».

Jocelyne Calafat encabeza la comitiva de políticos que ha inaugurado esta tarde la nueva pasarela.

Como en las grandes ocasiones, casi como si se fuera a inaugurar un pantano, se colocó una cinta inaugural (con los colores de la bandera de la isla), megafonía y un tótem de metacrilato transparente con el escudo del Consell y hubo discursos. Vicent Marí recogió las tijeras de una bandeja muy barroca y se las pasó a Calafat para que fuera ella la que cortara la cinta. Se quedó con un trozo (luego, el presidente troceó la tela para que las autoridades presentes tuvieran un recuerdo) y, rauda, encabezó (muchos pasos por delante, no fuera alguien a adelantarla) la comitiva que atravesó el puente, que ha costado, sin IVA, 735.341 euros. El conseller de Infraestructuras Viarias, Mariano Juan, recordó que salva 10 metros de altura con una pendiente muy suave para que pueda ser accesible y para que los ciclistas lo atraviesen sin dificultades, lo que ha obligado a construir dos rampas de 156 y 152 metros con ocho giros (lejos de los 21 tornanti del Alpe d’Huez). A paso tranquilo se invierten cuatro minutos en recorrerlo (unos dos a paso legionario).

En modo alcalde concienciado con el cambio climático, el primer edil de Ibiza, Rafa Ruiz, se mostró satisfecho por que el puente una municipios que, aun siendo cercanos, «a veces están demasiado separados», tanto que incluso se necesita un turismo para ir de uno a otro. Ya no. Cree que ahora, con esta nueva infraestructura, muchos irán a Vila andando o en bici.

Todos se felicitaron por la nueva obra. La alcaldesa de Santa Eulària, Carmen Ferrer, estaba feliz porque una infraestructura «tan demandada» al fin ve a la luz y porque Puig d’en Valls suma una nueva conexión peatonal, tras la subterránea que la une con Jesús. La felicidad será inmensa cuando el primer cinturón de ronda deje de separar Ibiza de Ibiza.

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