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Semana Mundial de la Salud Mental | Unidad de Patología Dual
Entrevista Álvaro Palma Psiquiatra y coordinador de la Unidad de Patología Dual

Álvaro Palma, Coordinador de la Unidad de Patología Dual: «En la recuperación de una adicción siempre se dan pasos hacia atrás»

El psiquiatra destaca la importancia de adaptar la unidad a las necesidades de los usuarios de la unidad y reclama más personal para poder ampliar y hacer más intensivo el trabajo con los pacientes

Álvaro Palma, cuando se puso en marcha la unidad.

Granadino y treintañero, Álvaro Palma llegó a Ibiza en la primavera de 2019, unos meses antes de que abriera sus puertas la Unidad de Patología Dual de Can Misses, que lleva más de dos años en marcha.

¿Se puede hablar de un perfil en los usuarios de la unidad?

Tenemos tendencia a hablar de perfiles de los recursos, pero lo cierto es que los usuarios son muy diferentes. Crearlos supone estigmatizar a las personas que encajan en ese perfil y, además, reducir la posibilidad de que quienes no encajan en él acudan al pensar que quizás ese recurso no es para ellos. Las edades son muy diferentes, hemos tenido gente desde los 18 hasta los 66. Eso sí, en general hay más hombres que mujeres, un 70% frente a un 30% tanto en Formentera como en Ibiza.

¿Por qué?

Esto está estudiado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hay menos mujeres con trastorno por uso de sustancias, o por lo menos que tengan el diagnóstico. Se calcula que de cada tres personas que lo tienen dos son hombres. Eso encaja con nuestras cifras. La OMS también afirma que a las mujeres les cuesta mucho más acceder a los recursos de salud porque sufren más el estigma, el rechazo y, nos guste o no, hay una discriminación de género. La OMS calcula que, a nivel mundial, de cada cinco personas en tratamiento por trastorno por uso de sustancias sólo una es una mujer.

¿Qué valoración hace de estos casi dos años de vida de la unidad?

Muy positiva, aunque hemos tenido dificultades. Había que crear un recurso nuevo con poco personal, estamos sólo tres personas. Los usuarios habían estado antes en otros recursos y no habían acabado de mejorar. Creo que ha sido positivo cambiar el concepto de tratamiento en adicciones y en salud mental. Se atendían por vías separadas y me parece fundamental hacer un tratamiento conjunto y un abordaje integral de las dos patologías. Otro aspecto muy positivo es la posibilidad de una atención más intensiva, que en consultas externas le puedes dedicar media hora una vez al mes, y con suerte. Aquí tenemos la posibilidad de seguir a las personas de forma muy estrecha si no cada día, cada semana, y ofrecer un tratamiento más de apoyo, rehabilitación, psicoterapia, revisión de la medicación… Entre tres personas es difícil cuadrar las vacaciones y cuando uno se va esto se queda un poco descubierto. Si en un momento concreto hay una intervención de urgencia y yo estoy en una entrevista y otro en el grupo...

¿Cómo les ha afectado la pandemia?

Con la pandemia se anularon los grupos. Al principio se hicieron visitas sólo telefónicas y luego se intentó retomar de nuevo la actividad, de forma muy tímida, con grupos de entre tres y cinco personas como mucho. Costó volver a reiniciarlo, lanzarlo otra vez, y se volvieron a anular. En ese proceso hemos perdido algunos usuarios.

¿Han dado pasos atrás?

Esto no sé si debe tanto a la pandemia o al propio proceso de recuperación. Siempre hay pasos hacia adelante y hacia atrás. Es algo en lo que insisto a las familias, los profesionales y a los propios usuarios, que a veces vienen con unas expectativas poco realistas. Están muy estigmatizados. Todo el mundo se escandaliza y habla de recaídas cuando una persona que consume cocaína, la deja y vuelve a consumirla puntualmente. Todos los procesos implican dar pasos hacia adelante y hacia atrás. Hay una metáfora de la terapia de aceptación y compromiso que me parece muy bonita. Habla de cuando tú conduces hacia un destino. Si te planteas, por ejemplo, viajar en coche de Madrid a Valencia, la carretera no es constantemente recta, hay giros, desvíos... En un momento puede parecer que vas para Bilbao, pero la carretera se reconduce y sigues de nuevo rumbo a Valencia. Si en la primera curva piensas que no estás yendo hacia donde querías y te bajas no llegas nunca a Valencia.

¿Qué les gustaría?

Sería interesante aumentar el personal y poder hacer algunas actividades de rehabilitación y algo de psicoterapia más intensiva, en terapia sistémica y de trauma sería importante ofrecer un apoyo psicológico más intensivo. Como psiquiatra puedo hacer esa función, pero no tengo tiempo de abarcar todo lo que sería necesario e importante para la unidad. Contar con algún monitor ayudaría a dinamizar otros grupos de rehabilitación. También sería interesante ir incluyendo progresivamente a más gente en el programa de patología dual, no limitarse sólo al hospital de día, ampliar la zona de consultas externas y potenciar la atención integral a las personas que tienen trastorno por uso de sustancia y trastorno mental.

¿Han tenido que hacer cambios sobre lo que tenían previsto?

Sí, bastantes. Antes de llegar, cuando me presentaron el programa y por mi idea de cómo tenía que funcionar el hospital de día de patología dual diseñamos un recurso en la teoría que en la práctica ha sido difícil. Los usuarios están en situaciones muy complicadas y es difícil que haya esta asistencia idílica que planteábamos al principio: ocho usuarios cuatro horas al día cinco días a la semana durante tres meses y que estuvieran ya recuperados. A ese perfil que habíamos diseñado no se ha ajustado nadie. Nos hemos tenido que adaptar nosotros. Los usuarios igual venían a dos o tres talleres a la semana, pues que viniesen, aunque eso supusiera que en vez de tres meses fueran seis o que no se les pudiera dar el alta. Ése es un fallo de muchos recursos, buscan que el usuario se adapte a él cuando es más fácil que el recurso evalúe las necesidades de la persona y se adapte al usuario para ayudarle en su situación. Había personas a las que los talleres les interesaban mucho y que quizás no requerían tanta atención individual mientras otras sí necesitaban este abordaje conjunto, más integral, de patología dual, pero no tanta necesidad de actividades de grupo. Con ellos hemos planteado una intervención individualizada desde enfermería con terapia ocupacional, citas con psiquiatría y un seguimiento más estrecho.

Vaya, que al final las ocho plazas no son ocho, ¿no?

No, las ocho plazas no han sido reales. Ahora mismo hay unas 20 personas en seguimiento en hospital de día. Eso no quiere decir que todos vienen todos los días sino que se organizan para ir viniendo y hemos ampliado un poco esa posibilidad. El seguimiento en consultas externas, una visita semanal o cada quince días al principio no estaba contemplado porque la idea original era dar altas y que pasaran a la Unidad de Salud Mental o la Unidad de Conductas Adictivas. Pero había personas que necesitaban un poco más de apoyo, de acompañamiento, y pensamos en esta modalidad para seguirlas un tiempo más. Nos hemos ido adaptando.

¿Tienen usuarios que estén desde el principio?

Hay personas que están casi desde el inicio, sí. Esta patología es crónica. Una persona no se cura de una adicción. Puedes no ver los síntomas porque la persona puede dejar de consumir, pero hay situaciones que se alargan mucho. Y el proceso de recuperación es muy largo. En el mejor de los casos puede durar dos años, pero casi siempre es más largo. Cuando ves a una persona que avanza en su recuperación sabe mal decirle que hay una limitación de tiempo y que se tiene que ir. Mientras sea posible intentaremos mantenerlos.

También intervienen en los pisos tutelados de la Asociación Pitiusa Pro Salud Mental.

Se acordó que cuando se crease la unidad el psiquiatra que estuviese en ella sería el referente de apoyo de las personas que estaban en las viviendas supervisadas. No todos tienen el diagnóstico de patología dual, pero era importante coordinar la atención a estos usuarios desde psiquiatría.

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