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Ordenación sacerdotal | Nuevo cura pitiuso

Un nuevo sacerdote en Ibiza: "Nando, siempre adelante"

El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ordena sacerdote al joven ibicenco Fernando Jesús Bayón Plaza en la catedral | El administrador apostólico, Vicent Ribas, recuerda al cardenal que las Pitiusas ya llevan casi dos años sin obispo

Ordenación sacerdotal de Fernando Jesús Bayón en la Catedral de Ibiza. José Miguel L. Romero

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Ordenación sacerdotal de Fernando Jesús Bayón en la Catedral de Ibiza. José Miguel L. Romero

La catedral se llenó ayer de fieles para asistir a la ordenación como sacerdote de Fernando Jesús Bayón Plaza, un ibicenco cuya vocación surgió cuando era monaguillo en la iglesia de Sant Jordi: decía que quería ser tan feliz como su párroco, Pedro Miguel López. El administrador diocesano, Vicent Ribas, aprovechó la presencia del arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, para recordarle que las Pitiüses siguen siendo sede vacante: «Espero que pronto sea nombrado un obispo para que tengamos pastor», replicó el cardenal. 

Le costó a Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia de 76 años, 50 de ellos como sacerdote, seguir el paso de la procesión de religiosos con la que ayer comenzó en la catedral la ordenación de Fernando Jesús Bayón Plaza como nuevo presbítero.

El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, durante la ceremonia. Vicent Marí

Cojeando ligeramente, la mitra oscilante, el menudo cardenal llegó renqueante hasta la escalera por la que se accede al altar. Un par de curas, uno a cada lado, le ayudaron a subirla. Sentado, leyó balbuceante la homilía con una vocecilla apenas perceptible, a pesar de que junto a su boca tenía un micrófono y de que, alertados, quienes organizaron la ceremonia subieron el volumen a tope. Habló por impulsos muy cortos.

Cada frase (entrecortada) no duraba más de uno o dos segundos, lo que aguantaba su aliento. Luego, tras un breve descanso para recuperar el fuelle, proseguía. Se hizo eterno. Casi media hora de homilía. No fue fácil entender lo que decía.

Todos los religiosos de la diócesis y algunos venidos de la Península participaron en la ordenación. Vicent Marí

Pero en cuanto impuso las manos a Bayón y le ungió el sagrado crisma, una vez fue oficialmente ordenado, por primera vez se escuchó a Cañizares hablar alto y claro. Fue el instante en el que se dirigió al emocionado Nando (un mar de lágrimas en esos momentos) en tono amistoso y cercano, sin la estricta prosa a la que obliga el rito: «Estamos contigo. Fernando, adelante, siempre adelante».

El de ayer fue, como dijo el administrador diocesano, Vicent Ribas, un día de alegría y esperanza para los cristianos de estas islas, sobre todo por lo vivido durante 2021: «Ha sido un año muy difícil para nosotros. Tú eres motivo de esperanza. Esperamos mucho de ti», comentó desde el presbiterio. Sin mencionarlo, Ribas se refería al trago de las sucesivas denuncias por abusos a uno de los curas de la diócesis, un asunto del que la propia Iglesia incluso está investigando responsabilidades que van más allá de la propia actuación del párroco acusado. Hay marejada de fondo en la diócesis.

La ceremonia comenzó con la procesión de los sacerdotes y del arzobispo hasta el presbitero. Cañizares fue acompañado por el administrador diocesano, Vicent Ribas, en la imagen, a su derecha. Vicent Marí

Ribas aprovechó la presencia del arzobispo Cañizares para recordarle que sigue habiendo sede vacante en las Pitiusas, ya desde hace casi dos años: «Estamos a la espera de un pastor [obispo]. Esperamos que vuelva pronto a Ibiza con uno», deseó. El propio Cañizares le replicó poco después: «Espero que pronto sea nombrado un obispo para que tengamos pastor... Aunque el administrador diocesano [Vicent Ribas] es muy fiel». Quizás sea una pista.

Bayón espera sentado a que llegue el momento de su ordenación. Vicent Marí

Tan feliz como Pedro

No quedó ni un hueco en la catedral para asistir a la ordenación del joven Bayón, de 24 años, que ha pasado una década en el seminario de Valencia (donde desde hace 40 años se educan los religiosos pitiusos) y cuya vocación surgió en Sant Jordi (donde fue bautizado por Francesc Xavier Torres Peters), justo cuando Pedro Miguel López era el párroco: «Fue mi monaguillo -recordaba ayer López- , estuvo en el movimiento junior de la parroquia y fue allí donde descubrió que quería ser sacerdote, según cuenta, porque se fijó en mí y en lo feliz que yo era siendo cura. Es mi niño. Estoy muy contento porque es una vocación que dejo a mi paso». En cuanto Bayón fue ordenado, se fundió en un fuerte abrazo con López, actual párroco de Jesús.

Fieles asistentes al acto, entre los que no faltaban sus amigos y familiares. Vicent Marí

Bayón, sentado frente al presbiterio, disimulaba su nerviosismo toqueteándose las manos. Desde allí, y hasta que fue ordenado, no paró de sonreír o de dirigir una mirada cómplice a alguno de sus amigos sacerdotes. Se le debieron hacer largas las dos horas que duró el rito, prolongado más de lo deseable por el tremendo esfuerzo que tenía que hacer Cañizares para hablar. Una eternidad pasó hasta que, tras la homilía, llegó el momento de su promesa y de la imposición de manos del arzobispo, primero, y de todos los presbíteros a continuación. Se arrodillaron entonces todos los presentes, mientras Bayón se postró en el suelo del altar. Un compañero se acercó para estirar su sotana. Cañizares, sin mitra, las manos extendidas, leyó la plegaria de la ordenación. Dos religiosos colocaron luego la estola y la casulla al nuevo sacerdote, momento en que las lágrimas corrieron por las mejillas de este, que emocionado regresó al presbiterio para que el cardenal le ungiera con el sagrado crisma y le diera el beso de paz: «Estamos contigo. Fernando, adelante, siempre adelante», se escuchó entonces, esta vez muy alto, muy claro, como si Cañizares acabara de recobrar toda su energía. Se leyó una bendición apostólica enviada por el Papa Francisco a Fernando Jesús Bayón y a sus padres (Manuel y María, a los que también abrazó efusivamente tras ser ordenado).

Ceremonias como la de ayer, para la cual es precisa la presencia de un obispo, no son habituales. Hace justo cinco años, el 1 de octubre de 2016, el ecuatoriano Vicent Baudilio Piedra Carrión también se convertía en nuevo sacerdote de esta diócesis. Fue uno de los últimos. No hay muchas vocaciones en las Pitiusas, aunque Vicent Ribas anunció que hay dos seminaristas ibicencos estudiando en Valencia.

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