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Diario de Ibiza

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Coronavirus: el Capitán América y Superman se vacunaron en Ibiza

Berta Lozano Blesa y Encarni Medina García, enfermeras responsables del dispositivo de vacunación del Recinto Ferial, recuerdan los seis meses y medio que han pasado en este espacio

Berta Lozano Blesa, Antònia Tur Torres y Encarni Medina García, ayer, en el Recinto Ferial.

El Capitán América se vacunó en el Recinto Ferial de Ibiza. También Supermán. No fuera a ser que tanto temer a la criptonita y al final se lo llevara por delante el coronavirus. Encarni Medina García, enfermera, ríe al recordar aquellos días en los que algunas de las personas que acudieron al vacunódromo lo hicieron disfrazados de superhéroes. «Al parecer, se corrió la voz la voz en redes sociales y la gente venía así. Le daba alegría al recinto», comenta. Berta Lozano Blesa, coordinadora de enfermería del dispositivo, sonríe al recordar la anécdota.

Las dos responsables hacen memoria de los meses pasados en el recinto, una nave que en su último día de pinchazos parece una instalación fantasma. Sólo quedan dos líneas abiertas y los usuarios acuden con cuentagotas. El espacio está prácticamente vacío. Y silencioso. Nada que ver con las jornadas de más actividad. En julio, cuando en la carpa instalada frente a la puerta de entrada de la sala de vacunación se formaban colas con decenas de personas.

Vicent Marí Decenas de personas esperando su turno para vacunarse en junio.

En aquellos días llegaron a administrar cerca de 2.500 dosis diarias. Tenían en funcionamiento las 14 líneas de vacunación habilitadas. Y el espacio central del recinto era un auténtico hormiguero en el que nadie podía tomarse ni un segundo para respirar. Y en el que, por si fuera poco, a veces las cosas no funcionaban como tocaba. Ninguna de las dos ríe al recordar cómo el sistema informático las dejó tiradas en una de aquellas jornadas en las que no hacían más que vaciarse viales y rellenar jeringuillas: «El día que más citas teníamos previstas, más de 2.500, se nos fue el sistema informático y tuvimos que hacerlo todo a mano la mitad del día. Vino gente del hospital, fue un trabajo en equipo bastante interesante».

Segundo intento de vacunación masiva en las Pitiusas Redacción

No ha sido el único momento crítico de estos seis meses y medio en el vacunódromo. «Cuanta más gente venía a vacunarse, más mareos se producían», recuerda Encarni. Un día llegaron a tener que atender a una treintena de personas que no se encontraban bien. «No estaban mareadas por la vacuna, sino porque había muchísima gente, tenían que esperar en la fila y se ponían nerviosas», justifica la enfermera. Además, era pleno verano y aunque la carpa instalada en el exterior les protegía del sol no lo hacía de las elevadas temperaturas, que se hacían insoportables a mediodía y de pie. «Aquello fue... Se te caía la gente encima...», destaca Encarni quien, sin embargo, prefiere quedarse con la parte buena de todo este tiempo en el Recinto Ferial: «Con la alegría de quienes venían a vacunarse».

Uno de los primeros vacunados en el recinto, el 15 de marzo. Vicent Marí

La enfermera prefiere no pensar en toda la gente que, reconoce, acudía al recinto, en cierta forma, obligada. Reacia. Con miedo. «Al principio venían con alegría, estaban esperando el momento. Ahora los que vienen lo hacen. básicamente, por necesidad, no tan entusiasmados. Son, imagino, los que se lo han pensado mucho», continúa la enfermera, que detalla que a quienes notaban que no les hacía mucha gracia lo de vacunarse contra el virus les decían que estaba bien que lo hicieran por los demás y por ellos y trataban de quitarle hierro al momento. «Les decíamos que llevábamos vacunándonos desde enero y que no nos había pasado nada a ninguno de nosotros. También bromeábamos y les decíamos que con la vacuna se nos habían quedado unas medidas perfectas», añade Encarni riendo y repasando con la mano derecha su silueta. Desde el pecho a la cadera. El objetivo de este chascarrillo era «que no tuvieran miedo».

Inicio de la vacunación masiva, en abril. Toni Escobar

La principal motivación de los últimos del vacunódromo ibicenco para acabar sucumbiendo a la inmunización es viajar, continúa la enfermera. «Te dicen que le han dado muchas vueltas, que no querían vacunarse pero que no quieren hacerse más PCR», relata. Entre éstos, muchos jóvenes y personas de mediana edad que han pasado el verano trabajando y que una vez acabada la temporada quieren viajar, como hacían habitualmente, y aunque no son muy provacunas son conscientes de que tener las dos dosis les facilita hacerlo. «Es una buena justificación para vacunarse», reflexionan las responsables del dispositivo, que confiesan que van a echar de menos estos meses en el Recinto Ferial. «Hemos pasado días muy buenos. De mucho trabajo, pero con muchas ganas», indica Encarni. Ni ella ni Berta saben dónde irán en el momento en el que quede completamente desmantelado el Recinto Ferial. «Será una sorpresa. Donde hagamos más falta», concluyen las enfermeras responsables del dispositivo que ha vacunado a Supermán. Y al Capitán América.

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