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La demanda de energía se redujo un 32% en Ibiza durante el confinamiento

En 2020 debido a la crisis del coronavirus, la demanda eléctrica de la isla fue de 756,7 GWh, un 19,3% menor en comparación al año anterior

Imagen de archivo de la central de GESA Endesa en Ibiza.

Imagen de archivo de la central de GESA Endesa en Ibiza.

La pandemia del coronavirus también se vio reflejada en la demanda de energía eléctrica, según los datos recogidos por el Observatorio de Sostenibilidad de IbizaPreservation en su Informe de Sostenibilidad de Ibiza 2020, actualmente en fase de elaboración. Si se observan los datos del último lustro, la demanda de energía eléctrica anual registrada de 2017 a 2019 en la isla de Ibiza, según los datos del Ibestat (Instituto de Estadística de Baleares), esta fue de alrededor de 900 GWh anuales con una tendencia de crecimiento del 2 %. Sin embargo, en 2020 debido a la crisis del coronavirus, la demanda eléctrica de la isla fue de 756,7 GWh, un 19,3 % menor en comparación al año anterior. 

Según el ingeniero ambiental del Observatorio de Sostenibilidad, José Belino, la relación de la demanda eléctrica con la pandemia se comprueba al analizarse los datos mensuales; de enero a marzo de 2020 se registró una disminución del 2% de media respecto a los mismos meses del año anterior, mientras en abril, mayo y junio, cuando todo el país se encontraba bajo el estado de alarma, dicha reducción fue del 32 % de media. «Se intuye que el sector de servicios fue el que influyó en una menor demanda en el período analizado por ser uno de los más afectados por la pandemia», asegura Belino, «y el que corresponde al consumo del 40 % de la electricidad consumida en Ibiza, según los balances energéticos de la isla facilitados por el Govern», concluye.

En lo que se refiere a la energía eléctrica generada en la isla, se observa que en 2017 se utilizaron más los motores diésel que las turbinas de gas para la generación de electricidad en Ibiza. En concreto, el 61,6% de la energía se produjo con diesel y el 38,3% con gas natural en la central térmica GESA. Los 0,1% restantes se generaron utilizando energía solar fotovoltaica, única tecnología renovable de generación eléctrica en la isla según el Ibestat. Sin embargo, en 2018 se nota una inversión ya que, según indica el ingeniero del Observatorio, el 57% se generó con gas natural y el 43 % con motores diesel.

Asimismo, al analizar la evolución de la generación en Ibiza, se percibe una reducción significativa a partir del año 2018. Esto se debe a la puesta en marcha del enlace eléctrico Mallorca-Ibiza, una obra de Red Eléctrica de España, responsable por terminar el aislamiento eléctrico de la isla al aportar una potencia de 200 MW por un cable submarino de 126 km de longitud. Por este motivo, la generación eléctrica en Ibiza se redujo un 53% en 2019 respecto al año anterior, mientras que en 2020 esta disminución fue del 67%.

En total se generaron en Ibiza 136,9 GWh en el año 2020; el 63,1% a través de turbinas de gas natural, el 35,9% con motores a diesel y 1% con energía solar fotovoltaica. Si comparamos los datos de demanda y generación, se aprecia que en 2020 se produjo en la isla solo alrededor del 18% de la energía demandada en este año, el 82% restantes necesarios para cubrir la demanda fue suministrado por el enlace Mallorca-Ibiza, lo que supone una mayor penetración (aunque indirecta) de energías renovables en la isla, ya que esta energía proviene de la península (a través del enlace Península-Baleares), donde más del 40% de la energía eléctrica generada proviene de fuentes renovables.

Ante estos datos, desde el Observatorio de Sostenibilidad de IbizaPreservation, su coordinadora técnica, Inma Saranova, confía en que en los próximos años se avance hacia una transición energética real en la isla y hacia un modelo sostenible que, según indica, «será posible gracias a acciones que se han puesto en marcha como la aprobación de la ley de cambio climático de Balears, las subvenciones y bonificaciones fiscales para las instalaciones de energías renovables, la construcción de parques solares; o la instalación de pérgolas fotovoltaicas sobre aparcamientos en superficie».

Pero, para que la transición sea real, según Saranova, «es necesario asumir un compromiso con acciones futuras como el cierre de la central térmica o el fomento del autoconsumo compartido mediante comunidades energéticas y huertos solares; la electrificación del parque de vehículos públicos y privados; desarrollo de una red de puntos de recarga de calidad; o la rehabilitación de edificios para que tengan un bajo o nulo consumo energético», entre otras.

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