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Vecinos de Sant Rafel: «Estamos hartos del globo» que sobrevuela Ibiza

El piloto asegura que su empresa cumple con la normativa vigente

Un globo aterriza junto a la piscina de una vivienda.

Un globo aterriza junto a la piscina de una vivienda.

Un grupo de vecinos de Sant Rafel, perteneciente al municipio de Sant Antoni, denuncia a través de una cuenta de Facebook las molestias que sufren de forma «constante» debido a un globo aerostático que sobrevuela la zona «diariamente». «Despegan a las siete de la mañana y pasan por delante de mi casa todos los días», critica una de las afectadas, que explica que sus perros cada vez que escuchan el ruido que provoca, se «aterrorizan» y que incluso el año pasado uno de ellos «se escapó debido al susto» y tardaron «tres días en encontrarlo».

Desde esta red social, los afectados se organizan para recoger firmas y elevar una queja al Ayuntamiento del municipio, que asegura que, de momento, no les consta ninguna denuncia por parte de ningún vecino.

«Estamos hartos del globo y llevamos años así», lamenta a este diario una de las integrantes del grupo, que prefiere no dar su nombre y dice que tiene que «aguantar cómo los turistas le saludan desde la cesta» mientras ella está en su casa o en la piscina de su jardín. «Sobrevuelan tan bajo que nos hacen fotos. No respetan la intimidad», insiste.

Hace ya dos años que otra de las afectadas interpuso una denuncia en la Guardia Civil contra la empresa que gestiona estas naves porque el globo aterrizó en su propiedad, relata, aunque de momento «no han tenido ninguna noticia» de su tramitación. «Pusimos la denuncia la primera vez que aterrizaron en nuestra propiedad, casi encima de mis perros, aunque ha habido más veces», explica.

«Lo peor es que cuando les dices que no aterricen en tu casa o que no sobrevuelen tan cerca... Te increpan diciendo que te calles. ¡En tu propia casa!», comenta indignada. En otro de los comentarios del post, un residente de Santa Gertrudis asegura que hace unas semanas el globo pasó «a un metro» del tejado de su casa, a las siete de la mañana. «La semana pasada pasó por encima del gallinero. Los perros se ponen histéricos...», apuntó, aunque puntualizó que «no pasa de forma asidua», por lo que «tampoco tiene mucha queja».

El globo aterriza en un terreno.

El globo aterriza en un terreno. DI

Según la normativa

Sin embargo, José María Ramón Mancebo, el piloto y gerente de la empresa que gestiona el globo, asegura que dichas acusaciones no son ciertas. «Pasamos cerca de las casas, a unos 50, 60 o 100 metros como mínimo, si eso es cerca... Pero eso es lo que está permitido por la ley», explica. Con respecto a la acusación de la mujer que asegura que el globo pasa por delante de su casa cada día, Mancebo replica que es «imposible», ya que un globo «no se dirige».

«Dependiendo de la dirección del viento salimos [con el globo ] desde el sur o desde el norte de la isla, por lo que es absolutamente imposible que pasemos diariamente por su zona», insiste.

«He visto por las redes sociales que hay gente que dice que no tenemos licencia o permiso, pero no es así. La empresa está autorizada por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea española y europea (AESA), tenemos todos nuestros permisos en vigor y estamos avalados por el Consell de Eivissa, por Fomento y por el Govern», detalla, para añadir que su empresa trata de hacer «todas las cosas correctamente».

Según explica Mancebo, la regulación establece que «en suelo urbano o cuando existe una concentración de personas (más de dos) el globo debe de volar a un mínimo de 150 metros", a no ser que «haya algo que lo impida, como un aterrizaje». «Cuando pasamos tan cerca es porque estamos aterrizando... Un globo aterriza en horizontal, tiene que ir paulatinamente hasta llegar al suelo», añade, mientras recuerda que los globos aerostáticos están autorizados a aterrizar «en cualquier sitio (privado o no), siempre que no moleste o que no haya ningún peligro».

«Por normativa, tenemos combustible para una hora y 20 minutos, más o menos, por lo que pasada una hora tenemos la obligación de empezar a descender, sin importar dónde aterricemos. Lo primero es la seguridad», añade. En el caso de que haya un terreno de cultivo o con animales, el piloto explica que «tratará de aterrizar en el terreno colindante», aunque sea de un particular. «El seguro cubriría los daños que pudiésemos producir en un cultivo. Pero intentamos no molestar y en 21 años que llevo volando el globo no hemos tenido que dar ni un parte al seguro por daños». Según dice, no son muchas las personas que se han quejado por la presencia del globo, aunque siempre «hay a alguien al que le molesta».

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