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Turismo

Ibiza mantiene el pulso del verano sin discotecas

La isla aguanta como uno de los destinos turísticos con menos caída de visitantes respecto a 2019, pese a que, por segundo año, las grandes salas están cerradas | El sector del ocio ibicenco facturaba más 500 millones de euros por temporada antes de la pandemia

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Ibiza mantiene el pulso del verano sin discotecas

El 7 de julio, el Govern balear anunciaba que las discotecas podrían retomar la actividad, con restricciones, a partir de mañana. La explosión de contagios de covid ha echado por tierra cualquier esperanza para las grandes salas de fiestas, la punta de lanza del sector del ocio nocturno, que suponía el 35% del PIB de Ibiza antes de la pandemia. La isla se mantiene, sin embargo, como el destino con mejores cifras de visitantes.

El ocio nocturno facturaba en Ibiza, los dos veranos previos a la pandemia del covid, más de 500 millones de euros al año y se arrogaba otros 270 aportados por segmentos nutridos por los turistas que llegaban atraídos por su oferta festiva, como la náutica o la restauración. Además, generaba hasta el 35% del empleo anual, según el estudio presentado en 2019 por el catedrático de Historia Económica de la Universitat de les Illes Balears Carles Manera, con la economista e investigadora en clústeres Vanessa Rosselló.

Ante estas cifras, cabría pensar que la industria turística de Ibiza amenaza con hundirse tras dos veranos sin abrir sus grandes salas. Pacha, Amnesia, Privilege, Hï, Eden, Heart, Es Paradís o DC10 son la punta de lanza de un sector del ocio que también incluye beach clubs u hoteles que funcionaban como discoteca, que pueden seguir abiertos sin celebrar sus grandes fiestas y solo con actividad hostelera.

El más importante de estos últimos, Ushuaïa Ibiza, aún desconoce si abrirá puertas este verano, como tenía previsto inicialmente. El gasto medio diario de los clientes de este sector era de 240 euros, «el mismo que el de una familia entera de sol y playa», según Manera.

«No se acaba el mundo»

«Sin discotecas, es evidente que no se recuperarán las cifras de un año normal, pero vemos que no se acaba el mundo y que tenemos movimiento esta temporada», destaca el economista y vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares José Antonio Rosselló. «En definitiva, sobreviviremos, pero, en cierto modo, las echaremos en falta», sentencia.

El mes de junio ha concluido con 10.451 trabajadores temporales en el sector turístico menos que en 2019, cuando pasaron sus vacaciones en la isla cerca de tres millones de turistas. Un colectivo que se ha visto especialmente afectado por la falta de actividad es el de los pinchadiscos, que este verano han creado la asociación DJ’s i Productors d’Ibiza i Formentera (Dipef).

20% de los dj trabajando

El catalizador de esta unión de profesionales fue un polémico acuerdo del Govern balear del pasado 21 de mayo en el que prohibía las actuaciones de disc jockeys, y que rectificó tras las protestas, el 1 de junio. Pese a que las restricciones sanitarias impiden bailar y abrir discotecas, Ibiza sigue ofreciendo sesiones musicales en hoteles en beach clubs, restaurantes, mercadillos e innumerables bares.

35% Empleo generado por la industria del ocio

El estudio sobre el ocio en Eivissa indica que generaba el 35% del empleo en la isla.


35%  Del Producto Interior Bruto en la isla

Las empresas vinculadas a este sector representaron el 35% del PIB insular en 2018.

«Está trabajando un 20% de lo que sería habitual en otro verano», detalla el presidente de Dipef, Domenico Daniello, que es gestor de eventos de la discoteca Heart. Él estima que, al margen de los grandes estrellas internacionales que pinchaban cada noche, la isla puede contar con un millar de dj trabajando en un verano normal.

Este colectivo confiaba en recuperar la actividad a partir de mañana, la fecha que había anunciado el Govern balear para la apertura de las discotecas el pasado 7 de julio. A principios de mes, la incidencia acumulada a 14 días de covid en Ibiza era de 97,5 casos por cada mil habitantes, frente a los 1.249 registrados el viernes.

Esta explosión de los contagios ha echado por tierra todas las aspiraciones de abrir las salas de fiestas. Ocio de Ibiza había propuesto al Govern aceptar solo a clientes con la pauta de vacunación completa cuando las perspectivas aún eran favorables. «Aunque haya parte del sector en funcionamiento, en las discotecas es donde más dinero se mueve y económicamente es un mazazo», confiesa el gerente de esta patronal, José Luis Benítez.

Gastos de mantenimiento

Además de quedarse sin hacer caja por segundo año consecutivo, el relieve internacional que han adquirido las grandes discotecas de la isla requieren de un mantenimiento y un trabajo de promoción que no puede descansar. Pacha mantiene en estos momentos a una cincuentena de personas en plantilla, mientras que el Hï cuenta con 30.

«Debes seguir con las redes sociales, el marketing, el booking o con el alquiler, porque no todas tienen el local en propiedad», recuerda Benítez. En definitiva, a estas empresas «les cuesta de 50.000 a 100.000 euros mensuales» mantener una discoteca cerrada.

El desempleo registrado en las Pitiusas del pasado junio triplicó al registrado en 2019, con 7.193 personas en paro. Sin embargo, se reducía en un 30% respecto al mes anterior, casi el doble que en el conjunto de Baleares (16,7%). «Muchas empresas de ocio tienen hoteles y restauración, con lo que buena parte de su personal lo han destinado a otras actividades», constata el presidente de la Petita i Mitjana Empresa d’Ibiza y Formentera (Pimeef), Alfonso Rojo.

«Como había mucho trabajador extranjero, es difícil de valorar, pero la gente local se ha recolocado en otros negocios», abunda. Así, el impacto en la ocupación laboral de los residentes ha quedado ampliamente mitigado sin el aterrizaje masivo de mano de obra de temporada. Solo el Reino Unido aportaba más de 4.000 personas antes del brexit para trabajar en los locales monopolizados por clientela británica.

En la Pimeef, se están resintiendo aquellos que tienen como principales clientes a las grandes discotecas, «desde empresas de informática a carpinterías de aluminio, electricistas, fontaneros y de bebidas, claro». «Pero el 80% de la industria está en movimiento y, aunque lejos de los números de 2019, con la pandemia hemos podido mostrar que hay otra Ibiza que sigue atrayendo turismo», sentencia Rojo.

El aeropuerto de mayor tráfico

Del viernes 16 de julio al domingo 18 el aeropuerto de Ibiza registró 1.260 operaciones, 47 más que en el mismo fin de semana de hace dos años. Es el único de España donde se ha producido este récord. Para este, se registra un descenso del 6,87% en el número de vuelos respecto a 2019, mientras que en Mallorca baja un 16,43%.

Las estadísticas de AENA de junio confirman a Ibiza como uno de los destinos turísticos españoles que aguanta mejor el tipo y solo Gran Canaria perdió, porcentualmente, menos pasajeros que en 2019. La ocupación hotelera de junio, cuando los británicos aún no podían viajar a la isla, fue del 50%, frente a una media del 37,5% del conjunto del país.

«Los datos de julio están siendo mucho mejores, sobre todo en agroturismos o en las viviendas vacacionales, que están prácticamente llenas», valora el director insular de Turismo, Juan Miguel Costa. «Estamos en una posición óptima frente a nuestros competidores y, si el covid nos respeta y no se trunca la temporada, vamos a tener un agosto muy bueno», augura. De hecho, la vuelta de Baleares al semáforo ámbar británico desde el pasado lunes, «solo causó un parón momentáneo en las reservas», valora Costa.

La amenaza de las fiestas clandestinas en mansiones de lujo

Las patronales exigen más control para unos eventos ilegales cada  vez más profesionalizados

Con el cierre de las discotecas y las restricciones del ocio nocturno para evitar contagios de covid, este verano han saltado las alarmas por la celebración de fiestas clandestinas en mansiones aisladas en el campo, las conocidas como villa parties

No es un fenómeno nuevo, pero las fuerzas de seguridad y las administraciones locales se han topado con una sofisticación cada vez mayor por parte de los organizadores, que se aprovechan de la inviolabilidad del domicilio. En estos casos, aparte del expediente por exceso de ruido, se necesita demostrar que hay una finalidad lucrativa para sancionar económicamente a los promotores. 

Así, el primer fin de semana de julio, el primero en que podían llegar los turistas británicos, la Policía Pocal de Sant Antoni, la zona que concentra la mayor proporción de turismo del Reino Unido, tuvo que intervenir en cinco fiestas clandestinas. Una de ellas, con unas 300 personas, estaba organizada por una promotora denominada ‘Ibiza Underground Movement’, que vendió entradas a 100 euros y programó actuaciones de dj de renombre como Skream, Hannah Wants o Jamie Roy, según se pudo comprobar a través de las redes sociales de varios asistentes.

El domingo 11 de julio, sorprendía otra de estas fiestas camuflada como una celebración de boda en una mansión de altísimo standing. Las entradas se podían adquirir, a través de enlaces en redes sociales, a un precio de 200 euros la más económica y de 500 en las mesas VIP.

«La Administración debe poner toda la carne en el asador para combatir esta economía sumergida, porque son un peligro sanitario, una competencia desleal y ponen en riesgo la temporada», denuncia el presidente de la patronal Pimeef, Alfonso Rojo.

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