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Restauración

«Aleluya», vuelven las barras de bar a Ibiza

Los bares respiran aliviados por las medidas que relajan las restricciones en el sector, pero no entienden algunas decisiones, como que haya que comer y estar sentado para beber en una barra: torearán la normativa sirviendo cacahuetes con las cañas y galletas con el café

Iván Ribera atiende a un cliente en la barra de el Al-Andalus.

Iván Ribera atiende a un cliente en la barra de el Al-Andalus.

En un nuevo paso hacia la normalidad, bares y restaurantes ya pueden abrir hasta las dos de la madrugada y servir en las barras. Algunos camareros ya habían olvidado lo que era poner una caña a un cliente acodado frente a él, aunque las medidas aprobadas por el Govern son tan retorcidas que parecen tener un fin disuasorio: para usarlas hay que comer y permanecer sentado. Pero hecha la ley, hecha la trampa.

«No te puedes imaginar la alegría con la que esta mañana he quitado la cinta de la barra del bar», comenta Iván Ribera, propietario de Al-Andalus, en Sant Antoni. Ya ni recuerda la última vez que sirvió una caña en ella. Lo primero que ha hecho, tras quitar la cinta, ha sido colocar dos sillas altas cada metro y medio. La longitud de la barra no le da para más de tres pares. Pero mejor eso que nada.

Los primeros clientes que usaron la barra de Palco Illusion tras permanecer cerrada durante meses. El propietario, José Vingut, la despejó en cuanto se enteró de que podía liberarla ayer mismo y no tenía que esperar hasta hoy. Vicent Marí

Las nuevas disposiciones del Ejecutivo, decididas en el Consell de Govern del viernes, contienen dos extrañas exigencias para consumir en las barras: hay que hacerlo sentado y hay que comer. «Se permite -especifica el acuerdo- el servicio y el consumo en las barras de comida, sin o con bebidas, hasta las 24 horas de cada día y a agrupaciones máximas de dos personas, siempre que haya un mínimo de 1,5 metros entre persona o agrupación de clientes usuarios». Y sentados. De pie no. Y hay que masticar. De ahí que, hecha la ley, hecha la trampa: «Pues pondré una galletita para el café y seguiré sirviendo una tapa con cada cerveza, como siempre», indica Ribera. «Es algo más que añadir a todas las cosas sin sentido que han decretado con motivo de la pandemia. ¿Si comes una tostada con tomate sentado en la barra no te contagias , pero si sólo bebes un café, sí?», se pregunta.

Taka no abrirá la del Surikata, pues si lo hiciera necesitaría más personal, un gasto que no se puede permitir en estos momentos. Vicent Marí

Entiende que algo así se aplicara en un pub o en una discoteca, donde el abuso de bebidas espirituosas conduce en muchas ocasiones «a la fase de exaltación de la amistad. ¿Pero aquí, en este bar?». No, responde cuando se le pregunta si algún cliente asiduo a acodarse en la barra se ha puesto alguna vez muy cariñoso con él.

En Sa Nova Plaça han renunciado de momento a utilizarla. Vicent Marí

Las nuevas medidas, que se extenderán, de momento, hasta el 3 de julio, suponen para él un alivio: «Ya vemos la luz al final del túnel, pero ahora falta que haya más movimiento. No lo hay, no hay turistas», afirma. Calcula que su bar ya funciona al 50% de lo que era habitual antes de la pandemia: «Falta subir un escalón más. Muchos de mis clientes siguen en ERTE y no se pueden permitir alegrías. Cuando lleguen turistas y les contraten, será otra cosa».

En la cafetería Gran Vía dudaban de si se podía servir en esa parte del bar. Vicent Marí

«Por fin», suspira Joan Roig, uno de los fundadores de la Asociación de Bares y Restaurantes de Ibiza (ABRE): «Por fin ha llegado. Al menos hasta las dos de la madrugada ya se puede abrir en bares y restaurantes. Y sobrevivir. Cuando estaba el límite en la medianoche, se estaban fomentando los botellones. A ver si ahora paran». Acto seguido suelta un «aleluya» con toda su alma. No es para menos. La medida supone un alivio para el sector, pero no todos pueden ya contarlo. No son pocos los locales de la restauración que han tenido que cerrar definitivamente sus puertas: «Es un respiro que para muchos llega tarde, calculo que para un 30% de los negocios».

Según Roig, poder servir en la barra «es muy importante, más en el centro de Ibiza». Pero lo es más «poder mantener abierto el interior y que el horario, en plena temporada turística, se alargue hasta las 2 de la madrugada. Para la supervivencia de la restauración es vital poder acabar a esa hora, en vez de a medianoche».

Tampoco comprende, como Iván Ribera, que para estar en una barra se deba comer y estar sentado: «¿Vale entonces con servir de aperitivo unos cacahuetes? Eso es comer. Muchas de las medidas del Govern son fruto de un desconocimiento de la realidad de los bares y de la restauración. Toman decisiones desde un punto de vista teórico que está alejado de la realidad. Hay normas que, llevadas a la realidad, parecen inaplicables».

«Muchas de las medidas del Govern son fruto de un desconocimiento de la realidad de los bares y de la restauración»

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A pesar de que la disposición publicada ayer en el BOIB abre la posibilidad de servir en la barra, no todos la aprovecharán. Por ejemplo, Taka, propietario del Surikata, en Sant Antoni, que abrió justo hace un año. El principal motivo es que necesitaría contratar a más empleados en un momento en el que el negocio no da para ese dispendio: «No lo puedo asumir. He decidido no abrir el interior porque no hay suficientes clientes». Lo inauguró en agosto de 2020 con cinco camareros y dos cocineros. Ahora trabajan él y un cocinero: «Estoy aquí desde las siete de la mañana hasta las 12 de la noche. No aguanto más».

Usa la barra como estantería y apila a su lado cajas de botellas y material. Como José Vingut en Palco Illusion, también en Sant Antoni, que ayer, a primeras horas de la mañana, pensaba que las disposiciones del Govern eran aplicables desde la medianoche del domingo. De ahí que aún no hubiera dejado la barra expedita de trastos apilados ni hubiera marcado las distancias (1,5 metros) entre sillas. La suya le da para cinco pares de asientos: «Y si es preciso que coman para estar allí, ya les pondré unos montaditos o unos cacahuetes». «Ya tocaba», exclama cuando repasa mentalmente lo que ha vivido en el último año, sobre todo los últimos seis meses, en los que la incertidumbre puso en jaque al sector.

Verónica Juan, presidenta de la asociación de bares y restaurantes de la Pimeef, también teme el legado letal de la pandemia. A mediados de julio encargará un estudio que determine cuántos negocios se han ido a pique. Esa fecha, cree, es la más adecuada, pues quien no haya abierto entonces no lo hará ya esta temporada. Un paseo por Platja d’en Bossa, Vila o Sant Antoni le hace temer lo peor.

Juan también aplaude las nuevas medidas, pero advierte de que lo esencial ahora es que lleguen turistas. Hay zonas, comenta, que están padeciendo la falta de británicos. Sant Antoni, casi desierto, es un claro ejemplo.

Respecto a las peculiares normas para poder servir en las barras, Juan comprende que tienen como objetivo «disuadir» a los clientes.

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