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Tráfico

Sancionan a un guardia civil destinado en Formentera que no detuvo a un conductor que iba bebido

El agente de Tráfico se limitó a multar al infractor, un turista italiano

Control de la Guardia Civil. Vicent Marí

Control de la Guardia Civil. Vicent Marí

Cinco días sin sueldo es el precio que tendrá que pagar un guardia civil de Tráfico, que estuvo destinado en la isla de Formentera, por no haber detenido a un conductor extranjero, que manejaba la motocicleta bajo evidentes síntomas de alcoholemia. Además de ello, el conductor también se negó a realizar la prueba de alcoholemia, pese a que le fue propuesta por el funcionario, que se limitó a imponer una sanción administrativa a este individuo.

Esta situación anómala, que ha sido analizada por un tribunal militar, ocurrió hace casi tres años en la principal carretera de Formentera. De madrugada, poco antes de terminar el turno de noche, la patrulla de la Guardia Civil detuvo al conductor de una motocicleta que iba conduciendo de lado a lado de la carretera.

El guardia civil estaba destinado en Formentera. D.I.

Se trataba de un turista italiano. Mientras uno de los guardias civiles controlaba el tráfico, su compañero identificó al conductor, dándose cuenta de que mostraba evidentes síntomas de haber tomado mucho alcohol. El funcionario formuló dos denuncias, una por ir bebido y la otra por no querer someterse a la prueba de detección de alcohol. Las normas internas de la Guardia Civil establecen que en una situación como esta lo que se debe hacer, además de intervenir el vehículo, es detener al conductor, dado que podría haber cometido dos delitos y poner en peligro la seguridad.

El guardia sólo le quitó las llaves del vehículo al conductor y procedió a su precinto hasta que pagara las multas

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Sin embargo, en este caso el guardia civil sancionado no actuó según los protocolos. Lo único que hizo, además de denunciar al conductor, fue quitarle las llaves del vehículo e inmovilizarlo en el lugar de la infracción. Lo inmovilizó porque el turista no disponía de dinero en ese momento para pagar las multas y tampoco existía la posibilidad de que acudiera una grúa para llevarse la motocicleta. Mientras tomaba esta decisión el otro integrante de la patrulla continuaba controlando el tráfico y no se enteró de lo ocurrido.

El agente dio cuenta por escrito de su decisión y anotó que se le habían retirado las llaves por negarse a las pruebas de alcoholemia.

Dos días más tarde el infractor pasó por el puesto de la Guardia Civil para pagar las sanciones y levantar el precinto del vehículo.

El agente, que fue sancionado por la Dirección General de la Guardia Civil por una falta grave, señaló en su descargo que no había detenido al conductor porque se trataba de un ciudadano no residente en España, había manifestado que pagaría la multa y que tenía previsto regresar a su país.

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