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Salud

La dieta mediterránea puede retrasar el efecto de la demencia, según una investigación realizada en Ibiza

Un estudio en los pacientes del centro de día de Cas Serres de Ibiza, publicado en Iris Publishers, constata que los hábitos nutricionales disminuyen los riesgos cardiovasculares y ralentizan el deterioro cognitivo

Jesús Monge e Irene Roth, en las instalaciones de Diario de Ibiza. | J. A. RIERA

Jesús Monge e Irene Roth, en las instalaciones de Diario de Ibiza. | J. A. RIERA

Los beneficios de la dieta mediterránea para el bienestar físico son ampliamente conocidos, pero un estudio llevado a cabo en Ibiza constata que sus mejoras también pueden llegar a las funciones cognitivas. Tras cerca de dos años de investigación y recogida de datos, el doctor en Enfermería Jesús Monge y la doctora en Enfermería y nutricionista Irene Roth han confirmado que esta alimentación sana y variada ayuda a ralentizar la progresión del alzhéimer.

Imagen de archivo del centro de día de atención de trastornos de la memoria de Cas Serres. | V. MARÍ

Los dos sanitarios se conocieron trabajando en los servicios asistenciales de Cas Serres para personas mayores. Él era enfermero del centro de día de atención de trastornos de la memoria, mientras que ella era la supervisora de nutrición y dietética del Hospital Residencia Asistida. Allí descubrieron que comparten su interés por la investigación y por la docencia.

Una de las primeras medidas que tomó Roth en ese cargo fue reforzar la dieta mediterránea que ya seguían sus pacientes y ofrecerla también para el centro de día, donde los usuarios acuden de ocho de la mañana a cinco de la tarde. «Tenemos la suerte de contar con los productos de la finca de Can Marines, que también es del Consell», apunta.

Productos de la isla

Los pacientes con trastornos de la memoria del centro de día empezaron a desayunar pan con tomate con zumo de naranja y a seguir una dieta equilibrada y variada en la comida, con legumbres dos días a la semana, mucha verdura y pescado.

Programa. Seguimiento durante un año a 82 pacientes. Para su estudio, Roth y Monge recopilaron los datos de 82 pacientes con demencias en un seguimiento de doce meses a cada uno de ellos, tras planificarles una dieta mediterránea.

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«También les ofrecimos a los familiares si querían seguir las mismas pautas y la planificación de esta dieta para ofrecerla a los pacientes en sus casas», indica Roth. «Nos planteamos por qué no empezábamos alguna investigación conjunta, ya que disponíamos de datos suficientes para emprender un estudio a fondo y porque aquí hay muchísimo potencial que no se aprovecha», recuerda Monge.

Como punto de partida de su investigación, tomaron las terapias no farmacológicas para personas con demencia, con la premisa de reducir la ingesta de fármacos. «Al complementarlas, los resultados son más favorables para este tipo de enfermedades».

A partir de allí, iniciaron el estudio observacional de los pacientes que cumplían con esa dieta, abarcando a un total 82. «La capacidad del centro de día ahora es para veinte personas, pero el seguimiento se amplió en el tiempo con los diferentes usuarios que iban entrando y saliendo», precisan. En su base, fueron recogiendo los datos de la tensión o glucemia, movilidad, pero también otros indicadores del área cognitiva.

Publicación internacional

Finalmente, el estudio observacional realizado en Ibiza ha sido publicado en el Global Journal of Aging and Geriatric Research del Iris Publishers, una publicación científica de ámbito internacional.

En el trabajo, ‘Beneficios de seguir la dieta mediterránea en los riesgos cardiovasculares asociados con la demencia en la población de Balears’, Monge y Roth han podido comprobar que, en un plazo de 12 meses, la media de los niveles de presión arterial de sus pacientes mejoraba notablemente, tanto la sistólica como la diastólica, así como los de glucemia.

Pero, además, dieron «con unos resultados prometedores». «Hemos visto que se han reducido los factores de riesgo cardiovascular, que también están asociados a la demencia, pero también cómo se enlentecían los efectos a nivel cognitivo», destacan. «El problema del alzhéimer es que no hay un tratamiento que mejore la enfermedad y cure al paciente, pero se trata de mejorar su calidad de vida y que el deterioro de su memoria se retrase».

Para completar este estudio observacional, los dos investigadores dedicaron buena parte de su tiempo libre, así como viajes al Hospital Clínico de Barcelona y a la Universidad de Navarra. También han contado con la colaboración de todas las familias de los pacientes, «con las que ha existido total interacción y una comunicación muy fácil», destacan.

Ahora, el próximo objetivo de Roth y Monge es llevar a cabo un ensayo clínico sobre las terapias no farmacológicas con personas con demencia en las Pitiusas, un proyecto más ambicioso y que requiere «muchos más profesionales, análisis sanguíneos o laboratorio». «De momento, estamos en la fase inicial de recogida de información», avanzan.

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