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Cultura
Entrevista Gerard Quintana Escritor y líder de Sopa de Cabra

Gerard Quintana: «De niño no me atrevía a decir que quería ser escritor, me parecía pretencioso»

El escritor y líder de Sopa de Cabra, Gerard Quintana, presenta hoy a las 19 horas en la plaza de la iglesia de Sant Jordi ‘L’home que va viure dues vegades’, un historia de segundas oportunidades galardonada este año con el Premi Ramon Llull

«De niño no me atrevía a decir que quería ser escritor, me parecía  pretencioso»

«De niño no me atrevía a decir que quería ser escritor, me parecía pretencioso»

Cantante y escritor. Si tuviera la oportunidad de una segunda vida, como le ocurre al protagonista de su segunda novela, que presentará hoy en la biblioteca Sant Jordi, el escritor y líder de Sopa de Cabra, Gerard Quintana, tiene claro cómo la aprovecharía: Seguiría escribiendo libros, aprendería muchos idiomas para poder leer los originales de sus obras favoritas y cumpliría el sueño que le ronda desde hace tiempo, dirigir una película. 

Entiendo que esta presentación en Ibiza es para usted especial siendo el lugar donde reside y donde da comienzo y se ambienta parte de la historia de ‘L’home que va viure dues vegades’...

Sí, para mí esta presentación, entre todas las que he ido haciendo desde el mes de marzo, es muy significativa, porque es en mi pueblo, el lugar donde han nacido mis hijos y por tanto forma parte de mi imaginario. El libro comienza y termina en Ibiza y buena parte de su acción pasa en esta isla.

Háblenos de la isla que retrata en esta novela.

Retrato una Ibiza más allá de la que es conocida en el mundo por su marca, vacacional y festiva, mostrando ese contraste, esa isla de extremos que vivimos los que residimos aquí todo el año. El libro empieza en Cala d’Hort y a ese momento le pongo la banda sonora del ‘Concierto para piano en sol mayor’ de Ravel, que es de una gran belleza y de alguna manera también sobrecogedor, así se unen la fascinación que produce lo bello con lo fatídico, con la melancolía. Para mí Ibiza representa eso.

Quintana, durante la entrevista concedida a Diario de Ibiza. Vicent Marí

¿Es el cielo y el infierno con el que juega durante toda la novela?

Exacto. Aunque este año ha sido diferente, evidentemente, ésta es una isla de dualidades también, con un invierno aislado y solitario, que contrasta con la Ibiza lúdica de la temporada turística.

¿Qué significa para usted la ficción?

Es un punto de encuentro. Hemos construido la realidad muy a menudo desde la ficción, desde los referentes. Hablamos de Aristóteles, Homero, Shakespeare, Cervantes... Al final, esos son los modelos y arquetipos que hemos ido incorporando desde la ficción a la realidad y eso me parece fascinante. Yo, que crecí encima de una librería, que en marzo cumplió 142 años, me siento muy representado en esto, construí mi vida a partir de los libros que había allí.

A diferencia de su novela anterior, en esta ocasión ambienta la historia en una época y unos escenarios que conoce bien, dibujando un protagonista, Salvador Martí, en el que se adivina una parte de usted. ¿Qué le ha llevado a buscar la materia prima en terreno conocido?

En este libro tengo la sensación de haberme vestido de minero para encontrar esa vetas, esas piedras que yo podía tallar con las palabras. Creo que también ha influido la circunstancia. Empecé a escribir esta obra a finales de 2019 y en poco tiempo todo cambió. De repente, la realidad exterior no existía y nos tuvimos que meter muy para dentro. No era premeditado, pero para mí fluyó mucho de esta forma. Además, uno de los temas que aborda el libro y que cuento a través de este personaje que pierde todo lo que es importante, es cómo nos reconstruimos y creamos una nueva realidad. He jugado mucho al ‘y si...’ y lo he hecho desde el conocimiento del protagonista. Los libros que lleva en su saco son mis lecturas, el recorrido vital que hace, su tiempo, es el mío también. Es alguien que podría haber estado siempre cerca de mí o quizás fuera un espejo en el que reflejar lo que yo podría haber sido si ese día hubiera sucedido lo contrario de lo que ocurrió o si yo en un un momento dado hubiera tomado otra decisión.

« Para mí la literatura es mi voz y mi mirada. La música es un lugar de encuentro»

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¿Por qué quiso que su protagonista fuera poeta?

Quería poner en el centro algo que no es útil, que nuestra sociedad cada vez valora menos, que desaparece incluso muchas veces de la educación junto con la filosofía y el pensamiento para que seamos eficientes y no nos hagamos preguntas. La poesía es la expresión máxima de la realidad. El protagonista de esta novela tiene el reto de reconstruirse y lo hace también a través de la escritura. Además, quería reivindicar el papel del poeta, que es alguien que construye toda una catedral de palabras a partir de sí mismo, desnudándose, mostrando lo más íntimo de su mirada y compartiendo la esencia. Quizás era mi sueño. De hecho, cuando era pequeño, quería ser escritor, aunque no me atrevía a decirlo, en su lugar decía que quería ser astronauta. Me parecía menos pretencioso ir a la Luna que escribir un libro. Tenía mucho respeto por los libros, quizás por esa librería sobre la que crecí y que regentaba mi tío Pere. A dos metros de la salida estaba la sección de poesía y al otro lado de la calle la única tienda de discos que había en el centro de Girona. El destino estaba escrito.

En su novela la realidad se mezcla con los sueños y la fantasía. ¿La enmarcaría dentro del realismo mágico?

El jurado del Premio Ramon Llull habló de un acercamiento al realismo mágico e incluso hubo algún comentario de que estaba cerca de la novela fantástica en algunos momentos. A pesar de que, a veces, pareces un disidente si tu fuente no es la literatura catalana, yo prefiero ser sincero, bebo de una tradición europea de algo más de un siglo, de una serie de lecturas que me impactaron muchísimo y que he releído a lo largo de los años. Desde ‘La muerte en Venecia’, de Thomas Mann, a la novela ‘El maestro y Margarita’, de Mijaíl Bulgákov. Esta novela en cierta forma es mi homenaje personal a Arthur Schnitzler en ‘Relato soñado’, la novela en la que se basó Stanley Kubrick para hacer ‘Eyes Wide Shut’. Si no hubiera leído estos libros en los que se rompen los límites entre lo que es realidad y ficción no sé si hubiera querido hacer ‘L’home que va viure dues vegades’.

Conseguir el Ramon Llull con su segunda novela es todo un logro...

Cuando presenté el libro a este premio tenía la sensación, por la trayectoria del premio, que estaba en otra onda, fuera de tendencia. Desde hace muchos años el Ramon Llull premia a novelas históricas o periodísticas y mi libro no iba en absoluto en ese sentido. Así que cuando me enteré de que había sido galardonado, me dio un susto enorme. Pensé: ‘¿Y ahora qué? Ya no hay vuelta atrás. Qué responsabilidad me ha caído encima’. Yo, que de niño prefería decir que quería ser astronauta porque me daba respeto escribir un libro y sacar otra obra de una estantería para poner la mía, tenía que exigirme muchísimo. También me dio mucha alegría y confianza el obtener este reconocimiento con el segundo libro. De hecho estoy ya con la tercera novela en la cabeza.

"Es fácil pensar que, en cuanto se pueda, todo será igual, pero creo que se han acelerado procesos que estaban latentes"

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¿Qué le aporta la literatura que no le dé la música?

Para mí la literatura es mi voz, es mi mirada y soy yo. La música es un lugar de encuentro, estoy acostumbrado a compartirla. Un libro se hace en soledad. Esta segunda novela no la mostré prácticamente hasta que la tenía terminada. La literatura es un viaje como la propia vida, a la que llegas y de la que te vas solo. Tiene esa fuerza de la vida y de la muerte. La música sería lo que hay en medio de las dos cosas.

Hablando de música, Sopa de Cabra, comienza la gira para celebrar los 30 años del álbum ‘Ben endins’. El sector musical, al igual que otros, las ha pasado canutas con esta crisis. ¿Cómo lo han vivido?

No todos los sectores lo han pasado tan mal, pero sí que es cierto que el turismo, la restauración, la cultura y el ocio nocturno se han borrado prácticamente del mapa, se ha prohibido incluso la actividad aunque hemos tenido que seguir pagando impuestos y la sensación ha sido dura y asfixiante. En nuestro caso, el 14 de marzo de 2020 empezábamos una gira con un nuevo disco y ese día se declaró el estado de alarma. El álbum se llamaba ‘La gran onada’, entonces llegó una ola más grande y ya no sé si vamos por la cuarta o la quinta. Fue devastador. Seguro que será también transformador en cierta forma. Es fácil pensar que, en cuanto se pueda, todo será igual, pero creo que se han acelerado procesos que estaban latentes, sobre todo en el sentido de la digitalización. El año pasado teníamos prohibida la actividad e incluso plantear el retomarla parecía que hería sensibilidades y hubo que demostrar que se podía hacer cultura de forma segura. Y ahora creo que estamos en otra tesitura porque no ponemos en duda que hay que seguir viviendo y haciendo posible el acceso de los ciudadanos a la cultura.

«Seguro que, en cierta forma, la pandemia tendrá un efecto transformador en el sector musical»

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¿Ve entonces un rayo de esperanza para la música?

Sí. El sector musical, yo también como presidente de la Acadèmia Catalana de la Música, hemos colaborado con todas las partes para hacer posible, por ejemplo, el análisis clínico que se hizo en la Sala Apolo, pionero en el mundo, y también el concierto de Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi con cinco mil personas. Leo que también aquí con Sueños de Libertad se piensa en algo similar, y es lo que hay que hacer. No podemos dejar de vivir por miedo a morir. Tenemos que hacer posible la vida en este contexto y si hay que cambiar cosas y aplicar protocolos y reinventarnos de nuevo, lo haremos.

El panorama de la música catalana ha cambiado bastante desde que en 1991 salió ‘Ben endins’. ¿Qué añora de aquellos tiempos y qué valora de los nuevos?

Han cambiando muchísimas cosas. Desde los años 70 y 80 la música ha ido siendo cada vez más un objeto de mercadeo y de negocio y el aspecto cultural se ha dejado de lado. Pero los músicos están tomando más fuerza, ahora ha aparecido una unión de músicos a nivel estatal que no existía. Nosotros, en general, veníamos de la calle, teníamos mucha aptitud, amábamos la música, sentíamos que nos salvaba la vida, pero aprendimos en el oficio, haciendo, y con en tiempo fuimos incorporando la técnica a esa aptitud. Ahora, 30 años después, la música, a parte de salvarnos la vida, puede darnos a conocer en el mundo. Por ejemplo, solo en Barcelona hay cuatro escuelas de grado superior de altísimo nivel. Cada año sale un montón de gente que ha decidido que esa es su profesión y que se ha formado con excelencia. Las propuestas son de una calidad extrema. De ahí han salido gente como Rosalía, Silvia Pérez Cruz, Clara Peya, Marco Mezquida...Gente joven con un nivel alucinante. Nunca hubiera pensado que en el siglo XXI los jóvenes músicos de veintipocos años tuvieran una mirada prerock.

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