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Turismo

Temporada en Ibiza: Sant Antoni se prepara para recibir a los primeros turistas

Numerosos alojamientos hoteleros de la isla de Ibiza están estos días patas arriba: un ejército de trabajadores dan los últimos retoques a las instalaciones para tenerlas listas antes del inicio de una de las temporadas más inciertas de la historia

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Los hoteles de Ibiza se preparan para la temporada turística J.A. Riera

Con un mes de retraso respecto a otros años, los alojamientos turísticos de la isla de Ibiza empiezan a ponerse a punto para comenzar la temporada. Algunos llevan un mes de preparativos, como el Tarba, en Sant Antoni, donde el trabajo más intenso lo tendrán los próximos 10 días, los que quedan para la apertura del 13 de mayo. Una semana antes, tres mujeres limpiarán el hostal, que ahora está patas arriba.

Mantas y más mantas. Mantas sobre la barra del bar, sobre el servidor del bufé y la cafetera, sobre mesas y sillas, sobre las barandillas de las terrazas. En el hostal Tarba, en Sant Antoni, deberán plegar decenas de mantas desde hoy hasta el 13 de mayo, cuando inicie oficialmente la temporada. Desde que cerraron la pasada (y aciaga) temporada han servido para resguardar del polvo muchas superficies; ahora, para que las minúsculas gotas de pintura con la que dan los últimos retoques a la fachada no manchen terrazas ni barandillas. El alojamiento está patas arriba para ponerlo a punto de cara a la apertura. Y como él, decenas de hoteles del municipio y de la isla.

Manu pinta el recibidor del alojamiento.

«El último empujón». Es como Pedro Torres, propietario de este alojamiento con solera (lleva abierto 68 años), describe lo que les queda desde hoy hasta el 13 de mayo: «Llevamos todo el invierno haciendo cosillas, pequeñas reparaciones... Pero ahora es cuando apretamos, cuando trabajamos a tope para tenerlo todo listo. Puedes empezar a prepararlo todo tres meses antes, o cuatro, pero es siempre en los últimos 10 días cuando vas a tope, a todo correr».

Una de las habitaciones que está patas arriba.

Debido a la incertidumbre provocada por la pandemia, retrasó este año la apertura tres veces. Primero iba a ser en Semana Santa, pero al cancelarse la prueba ciclista de mountain bike (desplazada a octubre), la postergó al 1 de mayo (ayer), primero, y luego al día 6. Finalmente será el 13, «sí o sí». Normalmente, este hostal concluye la temporada al finalizar septiembre, pero Torres ha decidido que recuperará en octubre el mes perdido. Tiene la esperanza de que el turista británico responda «bien» en otoño.

Mantas, sábanas y toallas cubren el bufé.

De momento, «los ingleses ya reservan para julio y agosto, principalmente», incluso ya alojará a algunos desde el 13 de mayo. Desde el principio tendrá alemanes, franceses, italianos y, sobre todo, españoles, los que le salvaron el año 2020. Todos por venta directa y a través, especialmente, de la agencia on line Booking.com. En junio tendrá unos clientes menudos: niños de 1 2 años de edad de una decena de colegios de las Pitiusas. Como ir de viaje de estudios a la Península puede ser un quebradero de cabeza, optan por quedarse en la isla: «Aquí se lo pasan pipa», afirma.

Una nota para Manu: repasar pintura en cuatro habitaciones. Al lado, uno de los enchufes que ha sido sustituido por otro nuevo. | J.A.RIERA

Visto lo que le ocurrió el pasado año, ha optado por que todas las cancelaciones sean gratuitas. Total flexibilidad, sin cobro de depósito previo para no tener que devolverlo como le sucedió en 2020 a causa de la pandemia. Para hacer frente a aquellos fuertes reembolsos (de reservas de toda la temporada) se vio obligado a solicitar un crédito ICO: «Ya estábamos endeudados y ahora, más», indica, a pesar de todo, con una sonrisa en la boca, quizás porque es optimista. Para este año se contenta con «cubrir gastos» y cree que «en dos o tres» la recuperación será absoluta. Precisamente, y debido a cómo fue 2020, ha reducido un 70% su inversión en mejoras y modernización respecto a otras temporadas.

Además de mantas, hay tendidos decenas de metros de cable (tanto de aspiradoras como de las Karcher) por los pasillos y salas del hostal, en los que además se acumulan numerosos cubos de pintura y montoncitos de escombros, resultado de horadar paredes con taladradoras. Manu, camarero (y cuñado de Pedro), ya ha salido del ERTE para echar una mano en esas tareas. Ayer retocaba con el rodillo los muros y los techos.

Las obras emprendidas este año no han sido de gran calibre, sino de mantenimiento. La mayoría son intervenciones de nivel bricolaje hogareño, como cambios de los modelos de enchufes e interruptores, así como de las bombillas tradicionales por led. En las habitaciones (65, distribuidas en cinco plantas) todo está patas arriba: los cables de los enchufes sobresalen de sus cajas de registro; hay colchones y somiers apoyados en las paredes junto a las cortinas y sus rieles; se aprecian marcos de puertas desconchados que en breve serán enyesados... Cada año moderniza (acaba de presentar la documentación para pasar a ser un hotel de dos estrellas) «de cinco a seis cuartos de baño y armarios», por lo que en algunos faltan por instalar los sifones y los grifos nuevos. Sobre una mesilla reposa un cartón gris en el que uno de los encargados de estas tareas de mantenimiento ha escrito con lápiz «repasar pintura» y los números de cuatro habitaciones.

Tres mujeres limpiarán el hostal durante una semana para que esté impoluto el día de la apertura

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La puesta a punto de la piscina (de 12 metros de largo) también ha requerido un esfuerzo, al tener que lecharla. Rellenar la con 140 toneladas de agua necesitará aún varias jornadas. Ayer aún iba por la mitad.

Tres mujeres se encargarán desde el 6 de mayo (salen entonces del ERTE) de dejar impoluto el hostal. El resto de empleados (una docena) se sumarán al trabajo el día 12. Dos de los que «echarán una mano, contratados», recalca, serán sus hijos, Ícaro (19 años) y Aíla (17 años). Torres se puso al frente de este negocio familiar cuando falleció su padre: tenía entonces 17 años.

Estrenan horno, microondas y una nevera de helados, empaquetada aún en la recepción. Torres supone que esta temporada se mantendrán algunas de las medidas sanitarias de 2020, como la que les obligó a cerrar el bufé y a servir personalmente a los clientes. Esa restricción, advierte el empresario, tiene un coste, pues «se necesita más personal para servir».

El hostal Florencio ya lleva dos semanas abierto. De momento, Juanjo Planells, su propietario, asegura que tiene ocupaciones hasta del 30% entre semana y hasta del 70% los fines de semana, en este último caso gracias a los eventos deportivos, como el triatlón y la prueba de descenso de hace siete días. La mayor parte de los clientes son españoles. Representan el 70% del total, mientras que los alemanes suponen el 20%, y el resto se reparte entre diversas nacionalidades. De viernes a domingo son mayoría los turistas que proceden del resto de la Comunitat Autònoma.

Planells confía en que este año se recupere el mercado británico: «En el Reino Unido, Ibiza es como la Coca Cola», señala. Pero para ello es necesario que nos incluyan en su semáforo verde: «Si nos aplicaran el semáforo rojo, quedaría descartado nuestro tipo de cliente debido a los numerosos PCR que se piden y a la obligación de guardar cuarentena. A los turistas de lujo, eso poco les importaría, pero a los nuestros, mucho». Cree que este verano será un 25% mejor que el de 2020, pese a que habrá «alrededor de un 50% menos de vuelos que en 2019».

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