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El barrio de Ibiza donde nadie quiere vivir

Un vecino narra la desesperación que genera el día a día, donde el incivismo de apenas unas 40 personas y la presencia de traficantes, adictos y okupas le impiden llevar una vida normal

Imagen general de sa Penya. | CÉSAR NAVARRO

Imagen general de sa Penya. | CÉSAR NAVARRO

«Vivo desesperado, amargado por la impotencia, el barrio se está vaciando y yo también he puesto mi casa en venta, porque así no se puede vivir. Nos amenazan, me inundan la casa, se enganchan a mi contador de la electricidad, veo cómo venden droga con total impunidad, hacen barbacoas en plena calle con más de 50 personas sin cumplir con las medidas sanitarias de seguridad, defecan en nuestras puertas y esparcen basura cada día: simplemente nos hacen la vida imposible y se ríen de nosotros».

Gonzalo no puede utilizar su verdadero nombre para contar cómo es su vida en sa Penya porque teme que los camellos pasen de las amenazas a los hechos. «Mi pareja sufre ataques epilépticos por la tensión en la que vivimos y yo tengo soriasis nerviosa, porque vivir así es imposible». Las palabras que más utiliza para definir la situación en sa Penya son degradación, corrupción e impotencia. Vive atenazado por los nervios y aunque cuenta con la comprensión de la Policía Nacional, con cuyos responsables mantiene un contacto muy estrecho, y también con la del Ayuntamiento, que tiene proyectos para el barrio, él tiene que vivir allí, rodeado de inmundicia, camellos, yonquis e incivismo, denuncia.

Un perro rebusca en la basura en una de las calles del barrio. | J.M.A.

Compró un piso en sa Penya hace 17 años. Gran error, dice hoy. «Me enamoré del casco antiguo, lo sentía un poco como el espíritu de Ibiza, me parecía un lugar mágico, así que vendí un piso que tenía en Can Misses y compré éste, muy animado por un concejal de aquella época que me explicó los proyectos que tenían para el barrio», recuerda Gonzalo. «Entonces me decía este concejal que el barrio tenía mucho futuro, que en dos o tres años estaría precioso, con muchas tiendas y restaurantes, que nos darían licencias para alquiler turístico...», añade. Hoy, casi 20 años después, el barrio está aún más degradado que entonces, asegura. «Lo he puesto a la venta y a la gente que viene a verlo le encanta, pero claro, cuando ven a los vendedores de droga, a los adictos, la suciedad, las barbacoas en plena calle y a la Policía desmontando estas situaciones, pues lógicamente desechan cualquier posibilidad de invertir o de empezar un proyecto de vida en este lugar», lamenta el vecino.

El jueves tuvo que ir a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar que alguien, «unos okupas», ha ‘pinchado’ su contador de la electricidad. Normalmente paga unos 60 o 70 euros al mes. El último recibo es de 531 euros por 23 días de servicio.

«Me amenazan, me inundan la casa, se enganchan a mi contador [de electricidad] y se ríen de mí»

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También denunció que alguien le está inundando el piso. Ha tenido que instalar un plástico en el techo de su aseo porque el goteo de agua es constante.

Gonzalo registra en vídeo todas estas situaciones que se dan a diario en las calles de sa Penya. Grabados están los vendedores de droga, los compradores, los toxicómanos inyectándose, después desmayados en el suelo, las barbacoas, los pinchazos en los cables de la electricidad, los gritos de las discusiones, el ruido de los generadores de gasoil... Todas estas imágenes las tienen la Policía Nacional y el Ayuntamiento de Ibiza, que asegura que continúa la batalla para conseguir hacer habitable el barrio.

El Ayuntamiento explica que muchos de los proyectos de rehabilitación de sa Penya que se habían emprendido en la primera década del siglo quedaron paralizados en el mandato 2011-2015, con el cambio de equipo de gobierno, es decir, del PSOE al PP, y que a partir de entonces, hace ya seis años, se retomó «el trabajo en el barrio con el objetivo de devolverlo a la ciudad».

«Este trabajo de recuperación se enmarca a medio y largo plazo: se trabaja en tres direcciones, la jurídica, la patrimonial y urbanística y la relacionada con Bienestar Social y la atención a las familias», apunta el Ayuntamiento de Ibiza. «Estas tres direcciones deben confluir en proyectos concretos que reconviertan el barrio».

Enganches ilegales. 531 euros en electricidad por 23 días de servicio. Un vecino denuncia en la Policía Nacional que se han enganchado a su contador de la electricidad con total impunidad, y pide ayuda porque no sabe qué hacer.

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En cuanto a su responsabilidad en el estado de suciedad que domina en buena parte de las calles de este lugar enfermo, el Ayuntamiento se defiende: «Sa Penya sufre episodios de incivismo por parte de algunos vecinos que no siguen las normas básicas de higiene en la calle». «Este hecho es constante a pesar de que, probablemente, es uno de los barrios de la ciudad donde el servicio de limpieza tiene que pasar más veces cada día para limpiar y recoger las basuras».

Unos 40 individuos

Gonzalo y el Ayuntamiento coinciden en señalar que el estado de miseria del barrio es consecuencia del incivismo de apenas unas decenas de personas, unas pocas familias, es posible que tan sólo sean unos 40 individuos quienes, por increíble que parezca, mantienen el barrio en la degradación y generan un enorme sufrimiento en vecinos como Gonzalo.

Entre los proyectos que destaca el Ayuntamiento para rehabilitar el barrio está el acondicionamiento y equipamiento de tres viviendas, de titularidad municipal, un proyecto cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), y la rehabilitación del edificio de la UA-27 y de las dos calles en donde está ubicado, Alt y Retir, además de la construcción de 12 viviendas. Aunque aún no es una realidad, se está estudiando la posibilidad de animar a agentes de la Policía Nacional a que residan en el barrio, lo cual podría ayudar a limitar el tráfico de drogas y el incivismo en general.

El Ayuntamiento también intenta normalizar la vida en el barrio conectándolo con el de la Marina. Se trata en concreto de la conexión de la plaza de sa Drassaneta y el callejón del Gall, que han quedado comunicados por un nuevo pasaje peatonal. También hay un proyecto para abrir otro paso peatonal entre las calles Fosc y Retir, apuntan desde Vila.

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