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Los meses más duros de la UCI de Can Misses

Dos enfermeras y un celador de la unidad de críticos del hospital explican cómo han vivido esta tercera ola en comparación con las anteriores

Los meses más duros 
de la UCI de Can Misses

Los meses más duros de la UCI de Can Misses

Los últimos meses han sido duros para los trabajadores de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Can Misses. La tercera ola llegó cuando la mayoría ya estaban agotados: «Llevábamos un año llorando de ver lo que hemos visto aquí», afirma David Martínez, celador, que asegura que han trabajado «sin descanso». «Había días que llevabas el traje ocho y diez horas y que no te acordabas ni de ir al baño», señala el celador, que confiesa que al principio de la pandemia pasó ocho meses sin abrazar a su hija. «Es una niña de ocho años que necesita cariño», reflexiona.

La dureza la han compensado los buenos momentos —«la alegría de ver a los pacientes que van saliendo»—, aunque recuerda que a los pacientes que salen de la unidad les queda por delante una larga recuperación, especialmente los que han pasado semanas o meses con ellos. El celador asegura que están preparados para la cuarta ola: «Estamos calentando en el banquillo y al paso que vamos, no tardará en llegar. Seguiremos aquí para lo que haga falta».

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«La primera ola la viví con más miedo», comenta Rosa Álamo, enfermera de la unidad de críticos, que ha vivido la pandemia «a cortes»: «Estuve aquí en la primera, luego me pasaron a Pediatría, que es donde tengo el contrato y en esta ola me han vuelto a rescatar». Confiesa que se ha sentido más relajada en estos últimos meses que hace un año, aunque reconoce que el primer trimestre de 2021 ha sido más intenso ya que el elevado número de contagiados en estado crítico obligó a extender la UCI usando los quirófanos y la zona de Cirugía Mayor Ambulatoria. Precisamente a ella le tocó ocuparse del primer paciente de UCI que ingresó en el bloque quirúrgico. «Estaba un poco perdida porque no estás en tu sitio de referencia, pero somos un equipo y los supervisores y los médicos te ayudan».

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Esa cierta tranquilidad con la que ha vivido estos meses la ha notado en casa: «No tenía tantas manías, tomo precauciones siempre, pero no estaba tan obsesionada». Desde que la han vacunado está aún más relajada, afirma.

Tamara González, enfermera, reconoce que está más fresca que sus compañeros de unidad porque no vivió la primera ola: «Me iba a incorporar en marzo de 2020 de una excedencia y cuando pasó todo esto mi marido y mis compañeros me dijeron que no apareciera por aquí». Así que se reincorporó en julio, con la segunda ola en camino. «Igual por eso yo no lo noto tanto, pero mis compañeros están cansados, porque te pasas el día remando», comenta la enfermera, que destaca que lo importante en esta situación ha sido siempre «sacar adelante» el trabajo. «Las discusiones ya vendrán luego», indica. «Hay días de todo, pero al final te acostumbras», concluye la enfermera: «Cuando llegas a casa con tu marido y tu niña se te pasa todo, luego vienes a trabajar y vuelta a empezar».

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