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Fotografía

La Ibiza de 1962 que retrató Pando en 118 imágenes

El Ministerio de Cultura digitaliza el Archivo Pando, que incluye las fotos que realizó en una visita fugaz a la isla

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Fotos antiguas de Ibiza (años 50 y 60) de Juan Miguel Pando Barrero Pando

El Instituto de Patrimonio Cultural de España acaba de volcar en su web miles de imágenes captadas por Juan Miguel Pando Barrero (1915-1992) a lo largo de su extensa carrera como fotógrafo, entre ellas 118 que realizó en las callejuelas de Dalt Vila, la Marina y sa Penya durante su estancia en la isla el 22 de junio de 1962. También ha digitalizado 16 fotos de estilo industrial, más sobrias y funcionales, que el madrileño tomó en la terminal del aeropuerto el 2 de marzo de 1973. 

En el archivo se describe de la siguiente manera esta imagen: «Retrato de mujer en la azotea de la residencia de los Sres. de Menocal, vivienda unifamiliar; posa junto a la espadaña del edificio, al fondo, un paisaje montañoso». J.M. Pando

La fotografía industrial y de arquitectura de Juan Miguel Pando Barrero era fría, funcional, seria. Era mucho más cálido y sensible cuando enfocaba la vida cotidiana, como se puede apreciar en las 118 imágenes que captó con su cámara cuando visitó Ibiza el 22 de junio de 1962. Tras digitalizarlas, el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE) las volcó a principios de este mes en su web junto a otras miles de instantáneas que forman parte del llamado Archivo Pando, el más voluminoso que conserva esa institución pública.

Fotografía aérea captada desde el avión que le trajo a Ibiza. Se aprecia en ellas tanto la larga recta de la carretera a ses Salines como la cabecera del aeropuerto en es Codolar, los estanques e, incluso, el montículo de sal.

Fotografía aérea captada desde el avión que le trajo a Ibiza. Se aprecia en ellas tanto la larga recta de la carretera a ses Salines como la cabecera del aeropuerto en es Codolar, los estanques e, incluso, el montículo de sal. J.M. Pando

«Esperar la luz (incluso la nube) propicia (o desistir de la toma); jamás recurrir al fotomontaje (de celajes o figuras); aguardar los cambios, espontáneos, de las personas que seleccionaba en el visor de su cámara (y no prestaban atención a ésta); de llegarse al retrato por aceptación del modelo, facilitar a éste su mayor autonomía de expresión, su lenguaje corporal nato». Juan Pando Despierto explica así las características de la obra de su padre en una breve semblanza publicada por la Real Academia de la Historia.

Esas peculiaridades son perceptibles en las 118 tomas que realizó en sa Penya, Dalt Vila y la Marina, en las que es habitual la presencia de elementos humanos. Salvo en el caso de una anciana (retratada bajo una hornacina de la calle de la Virgen), no posan, son captados in fraganti: hay niños que juegan a la pelota, que acaban de salir de sus casas, que caminan bajo la colada o que hablan con su abuela (uno de ellos con katiuskas); hombres que cargan un carromato, mujeres que caminan por calles empedradas o de tierra apelmazada portando en sus manos cestos o jarrones llenos de agua y que cubren pudorosamente sus cabezas con mantos.

Exterior de la terminal chárter de Ibiza. Detalle del edificio para pasajeros que captó el 2 de marzo de 1973. J.M. Pando

Aparecen en el fondo del IPCE con el título ‘Viaje a Ibiza’ e incluyen largos pies de foto explicativos, como el de la imagen de «un hombre sobre un carro tirado por équido [que] cruza bajo el arco» del «portal renacentista de ses Taules, principal puerta de acceso al recinto amurallado de Ibiza, junto a los baluartes de Sant Joan y Santa Llúcia».

Retrato de Juan Miguel Pando.

Retrato de Juan Miguel Pando. J.M. Pando

A Pando le llamaron la atención aquellas vetustas calzadas empedradas y las de tierra compactada de la ciudad, las paredes encaladas, las calles estrechas (sus luces y sombras le dieron mucho juego), las numerosas bicicletas apoyadas sobre las paredes (sólo en sa Carrossa se ve un utilitario) y las sábanas recién lavadas que caían a plomo desde los tendederos hasta rozar las cabezas de los transeúntes, mientras al fondo los cumulo nimbos amenazaban con descargar.

Una mujer camina por la calle de la Virgen con una cesta de mimbre en el brazo.

Una mujer camina por la calle de la Virgen con una cesta de mimbre en el brazo. J.M. Pando

También retrata Dalt Vila desde la distancia, desde Illa Grossa, «frente al rompeolas en cuyo extremo se alza el faro». Forma parte de «un rollo y dobles sobrantes». En primer plano vuelve a usar el recurso de la colada tendida, ropa interior, sábanas y ropas blancas que la brisa seca en una feixa; al fondo, esa nube propicia que menciona su hijo, y en medio, el espejo (literalmente) del puerto.

Una mujer, «vestida de negro y con pañuelo en la cabeza», junto a dos niños en «una callejuela estrecha, empedrada, escalonada y ascendente del barrio de sa Penya, con sus casas encaladas en blanco».

Una mujer, «vestida de negro y con pañuelo en la cabeza», junto a dos niños en «una callejuela estrecha, empedrada, escalonada y ascendente del barrio de sa Penya, con sus casas encaladas en blanco». J.M. Pando

En ese «rollo y dobles sobrantes» hay también varias fotografías aéreas que tomó desde la ventanilla del avión (en una se ve hasta la rueda de aterrizaje) que, desde Valencia, le llevó hasta Ibiza, lo que demuestra su pasión por la fotografía: no paraba de disparar. Se ven en ellas la pista de despegue y un canal, la larga recta hasta ses Salines, una montaña de sal, los estanques, es Codolar sin urbanizar, la cosecha de cereales en montones apilados...

Un grupo de hombres cargan un carro con cajones, cubos y jaulas.

Un grupo de hombres cargan un carro con cajones, cubos y jaulas. J.M. Pando

Dos varones cruzan bajo el arco de la plaza de Vila, uno de ellos vestido con sotana.

Dos varones cruzan bajo el arco de la plaza de Vila, uno de ellos vestido con sotana. J.M. Pando

Pando tomó varias fotos de «la residencia de los Sres. de Menocal», en referencia al lugar donde residía Juan Manuel Gracia Menocal, capitán de la marina mercante que fue presidente de la Asociación de Rescate de Galeones y de la Asociación de Iniciativas para las Pitiusas. Él aparece en una saliendo bajo «un arco de medio punto con dovelas en piedra» del palacete de Dalt Vila en el que residía, pero la mayoría figuran bajo el epígrafe ‘Fotografía de arquitectura’ y sus pies son muy detallados: «Vivienda unifamiliar con las paredes en blanco, una escalera curva a la izquierda y una gran viga sobre la puerta. Amueblado con mesa de centro en madera con patas de lira y fiadores de hierro, arcón y aparador en madera tallados, banquetas, sillones tapizados, una rueca, un candelero de hierro y una chimenea a la derecha». Hay siete de las estancias interiores de ese lujoso y antiguo inmueble de ventanales con arcos góticos, por lo que no se puede descartar que ese fuera el motivo de su viaje a Ibiza (es decir, un trabajo ‘industrial’ remunerado) y que lo aprovechara para, de paso, retratar Dalt Vila y a sus habitantes.

Vista de la ciudad tomada desde Illa Grossa. J.M. Pando

En ese recorrido por las calles de sa Penya capta a «Manuela, con gafas de sol y pañuelo en la cabeza, posando en pie apoyada sobre la fachada de una casa encalada en blanco». «Posiblemente -se indica en su pie- se trate de Manuela Despierto, esposa del fotógrafo Juan Pando Barrero».

Fotografía aérea captada desde el avión que le trajo a Ibiza. Se aprecia en ellas tanto la larga recta de la carretera a ses Salines como la cabecera del aeropuerto en es Codolar, los estanques e, incluso, el montículo de sal.

Fotografía aérea captada desde el avión que le trajo a Ibiza. Se aprecia en ellas tanto la larga recta de la carretera a ses Salines como la cabecera del aeropuerto en es Codolar, los estanques e, incluso, el montículo de sal. J.M. Pando

Pando empezó pronto en la fotografía. A los quince años entró en el estudio de Mariano Moreno: «Sus reportajes de las capeas en Illana (Toledo) y las maniobras militares en Retamares (Madrid), le valieron ser contratado por la agencia Associated Press», cuenta su hijo. «Y a él, que se había pasado cinco años tirando copias en un cuarto oscuro, la guerra lo sacó a la calle», explicó Andrés Trapiello en un reportaje publicado en La Vanguardia en 2002. Una treinta de sus vintage’s (pruebas de autor) sobre la Guerra Civil (que pasó en Madrid) forman parte de la colección permanente del Museo Reina Sofía. Destaca de esa época la «conmovedora», según su hijo, instantánea de una veintena de adolescentes «arengados por un líder de doce años» para defender los accesos a la Gran Vía en enero de 1939.

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