El propio concejal de Medio Ambiente de Sant Antoni, Pablo Valdés, convertido en el blanco de las críticas, abucheos e insultos en el tenso pleno de ayer, señaló que el West End ha creado «la fractura social del pueblo» en las últimas décadas por el modelo turístico que atrae su oferta de fiesta nocturna, «turismo de borrachera». Esta división se evidenció durante la aprobación de los huevos horarios para los establecimientos del barrio, en la que el alcalde, Josep Tur, apenas pudo mantener el orden en una sala repleta de empresarios contrarios a su acción de gobierno y en la que incluso algunos de ellos llegaron a chistar en momentos de exaltación de sus colegas para pedir calma.

La aprobación definitiva de este barrio como Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE) supondrá un adelanto del horario de cierre de cinco a tres de la madrugada. Además, las terrazas deberán retirarse a medianoche, una hora después de la restricción inicialmente por el equipo de gobierno.

Ruina o un nuevo Sant Antoni

El mensaje de los afectados es contundente: «Esto va a suponer la ruina y la muerte del West y se extenderá la fiesta y el botellón por todo el pueblo durante la madrugada», según el presidente de la reactivada Asociación de Empresarios del West End, Josep Tur. Para Pablo Valdés, es un primer paso para «poner orden en esa zona y empezar a pensar que otro Sant Antoni es posible y que se pueda vivir y ejercer cualquier actividad empresarial, pero desde el respeto». Y, para la oposición del PP, se trata de «medidas radicales» tomadas por un equipo de gobierno «que parece un elefante en una cacharrería, sin importarle el impacto económico», según el concejal Marcos Serra.

Poco antes de las once de la mañana, la hora de inicio de la sesión plenario, había cola para acceder al Ayuntamiento y el vestíbulo estaba abarrotado por un centenar de empresarios, propietarios de locales y trabajadores del West End. De hecho, sólo una minoría pudo acceder a la sala de plenos, que se llenó en pocos minutos.

Nada más tomar la palabra, Pablo Valdés ya fue interrumpido desde el público por parte del presidente de la Asociación de Presidentes y Empresarios Británicos de Sant Antoni, Martin Makepeace, que indicó que su bajo tono de voz era imperceptible para la audiencia. Luego, durante el pleno, Makepeace hizo honor a su apellido en algunos momentos y fue de los que chistó a algunos de los que vociferaron improperios, aunque, tras el pleno, calificó a Valdés de «dictador».

«Esto será un desastre para Sant Antoni y para los empresarios que han invertido mucho dinero en el West End», auguró Makepeace. «Los jóvenes británicos podrán comer y beber en su pueblo hasta más tarde que en Sant Antoni, ¿cómo van a venir si pueden disfrutar más en Inglaterra?», apuntó. El empresario británico también mostró su sorpresa por el hecho de que «Valdés es el único que ha hablado, el resto del equipo de gobierno no se ha pronunciado».

Pleno bronco en Sant Antoni

Insultos a Pablo Valdés

De hecho, el concejal de Medio Ambiente y teniente de alcalde enfatizó en varias ocasiones durante el pleno, sobre todo al sufrir ataques personales, que «se trata de una iniciativa de todo el equipo de gobierno», además de haberse consensuado por los tres partidos que forman la coalición [PSOE, PI y el suyo, Reinicia]. «Se había llegado a un punto en que la vida en el West End no era compatible con la actividad de ocio y no es un problema de los últimos tres años, sino de hace décadas y no se hizo nada».

Las valoraciones de Valdés sobre el pasado del West End le valieron un correctivo desde la bancada de la oposición, a la que acusó de inacción durante sus mandatos. «No podéis hacer nada porque le debéis mucho a este barrio y a este sector», acusó el teniente de alcalde. En ese momento, el portavoz popular, José Sala, advirtió de que tomaría medidas legales si no retiraba esas palabras. «No era mi intención y retiro las palabras si alguien se siente ofendido», rectificó Valdés.

El portavoz del PP en la modificación de horarios, Marcos Serra, justificó el voto en contra de su formación por haberse llevado a cabo «rápido y mal» y pidió que se dejara sobre la mesa, en favor «de una negociación a fondo con los afectados y una reforma integral para mejorar el West End».

En su exposición final, el teniente de alcalde defendió que estas iniciativas para reducir horarios «van a ser positivas y, en cinco o diez años, ellos mismos [los empresarios] lo reconocerán». «A corto plazo, es evidente que hay distorsiones y que no es una noticia agradable para un sector que tiene ingresos o una forma de vida vinculada a este modelo turístico», añadió Valdés.

Improperios

De momento, los empresarios se encuentran muy lejos de compartir las perspectivas a cinco o diez años vista y, buena parte de ellos, se dedicó a replicar e interrumpir a voces las intervenciones de Valdés. Así, nada más empezar se oyeron insultos como «payaso mentiroso», «vais a quitar el pan de la gente», «eres el Messi de la política [con sorna]», «dejáis a familias sin trabajo», «¿nos das de comer tú?, ¡esto es una dictadura!», «¡dejad a la Policía Local que limpie el barrio, que les sobran cataplines», «¡tú ya no estarás dentro de dos años!». Además, cuándo Marcos Serra cuestionó el papel del equipo de gobierno en las ferias turísticas, una voz eclipsó su intervención: «Pregunta en los puticlubs».

Tras el pleno, tras ser preguntado por si los ataques personales recibidos eran similares a los que él mismo lanzó en otro pleno a la anterior alcaldesa, Pepita Gutiérrez, Valdés admitió que «no es agradable». «Gobernar es decidir y hay veces que hay que tomar decisiones que no son agradables, pero imagino que va con el cargo», justificó.

Hace cinco años, Valdés increpó entre el público a Pepita Gutiérrez con un camiseta con el rostro de la propia alcaldesa. La de ayer lucía el lema «No +65 dB», que la extinta Asociación de Vecinos de Sant Antoni lanzó para luchar contra el desmadre en el West End.