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Michel Magnier, decano del cuerpo consular en Mallorca: «Baleares puede morir de éxito, no veo factible seguir creciendo»

«El que viene aquí con todo el amor del mundo es recibido, pero tiene que entender cómo se vive en Balears»

El  decano del cuerpo consular, Michel Magnier, en la sede del consulado de Francia.

El decano del cuerpo consular, Michel Magnier, en la sede del consulado de Francia. / DM

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Redacción

Palma

El decano del cuerpo consular en Mallorca, Michel Magnier, reflexiona en esta entrevista sobre el impacto del turismo y la presión inmobiliaria, la convivencia entre residentes y visitantes y los retos sociales derivados del crecimiento demográfico. También defiende la necesidad de "informar en origen" a los turistas sobre las dificultades que vive el archipiélago y apuesta por un modelo basado en visitantes de mayor poder adquisitivo para garantizar la sostenibilidad económica y territorial de Baleares.

¿Qué valoración hace de este primer año como decano del cuerpo consular?

Muy positiva. Desde que asumí la función de decano del cuerpo consular, que representamos algo más de 40 países que están aquí acreditados en Balears, he querido dar una nueva forma de trabajar al cuerpo consular en el que podamos ser desde el punto de vista de corporación muchísimo más activos y podamos unir nuestras fuerzas, aglutinarlas para conseguir una serie de objetivos que tenemos todos. Entonces la idea es, en vez de que cada uno trabaje por su lado y sin perjuicio de que se puedan mantener relaciones bilaterales entre cada uno de estos países y las autoridades locales, aglutinar y mutualizar todos nuestros esfuerzos, identificar objetivos comunes y trabajar conjuntamente para conseguir efectivamente llegar a esta nueva forma de trabajar.

¿Qué problemas ha encontrado?

Lo más importante es que la administración española, sobre todo la balear, se dé cuenta de la particularidad y singularidad que tiene esta comunidad autónoma. Cuando yo empecé hace un año había 320.000 personas no españolas residentes en la comunidad autónoma. Ahora estamos en 350.000 según los últimos datos estadísticos que estuve viendo. En una comunidad autónoma donde hay un 33% que no son españoles, que no han nacido aquí, pero que sí son partícipes en la vida social y en el conjunto del tejido de la sociedad balear, es fundamental que estas personas puedan tener visibilidad y voz. Nosotros nos hemos preocupado por recoger todas esas preocupaciones y anhelos para ponerlos sobre la mesa con las distintas administraciones en función de las competencias que puedan tener. Había que explicar esa singularidad, porque no sería lo mismo un cuerpo consular en Extremadura que aquí, donde es casi un 32 % y además en aumento. Por tanto, creo que teníamos no solamente el derecho, sino la obligación de dar esa representación y de dar a conocer cómo podemos ayudar para que todas estas personas puedan integrarse dentro de la sociedad balear y evitar problemas de exclusión o discriminación. Además de explicar esta nueva forma de trabajar, hemos creado siete comisiones de trabajo en el seno del cuerpo consular.

¿Cuánto ha cambiado Mallorca desde que fue elegido cónsul en 1993?

Al empezar me preocupé por entender lo que se esperaba de mí, pero enseguida entendí que teníamos, sobre todo dentro de la Unión Europea, muchísimas razones para coordinar una acción común entre los cónsules de la Unión Europea. Me di cuenta entonces de que era importante mutualizar y aglutinar nuestras fuerzas para conseguir soluciones a problemas comunes. Pero en aquel momento yo todavía no era tan consciente de la importancia que tenían los residentes extranjeros aquí. El colectivo francés de 1993 no tiene absolutamente nada que ver con el colectivo de residentes franceses de 2026. En aquellos años eran personas de más de 50 o 55 años que venían aquí buscando un cambio franco-peseta ventajoso. Ahora son familias de entre 35 y 50 años que vienen a establecerse y a crear negocios y pequeñas pymes. El perfil ha cambiado completamente, pero también lo ha hecho la economía balear. El hecho de que en los últimos años se haya doblado la población de Mallorca y que en ese periodo se haya incrementado casi por dos o por tres el número de residentes extranjeros ha hecho que ahora más que nunca necesitemos tener una visión global de todo ese tejido. Debo decir además que este proyecto que estamos llevando a cabo en el cuerpo consular es un hito. Nadie lo ha hecho en ninguna comunidad autónoma. Hay otros cuerpos consulares, pero trabajan de forma mucho más protocolaria. Este afán de integrar desde el punto de vista del cuerpo consular a esas personas que no son españolas en tantas fases de la vida creo que nunca se había realizado.

¿Cree que Mallorca está integrando correctamente a la población extranjera?

Después del COVID, con el tema de la masificación y la gentrificación, ha habido un sentimiento de malestar entre residentes y visitantes que a nosotros nos ha preocupado mucho. Ese es uno de los elementos por los cuales hemos puesto en marcha este plan de acción. Queremos desactivar ese malestar porque entendemos que obedece sobre todo a una serie de estereotipos subjetivos y no a realidades. El mallorquín normalmente es acogedor, pero también es verdad que tenemos que buscar la forma de que los que vienen de fuera y los que ya están aquí rompan el hielo y puedan interactuar de una forma muchísimo más común. Lo que intentamos es ayudar a nuestros colectivos a entender la idiosincrasia de la sociedad balear, ayudarlos a integrarse y también mapear todas las herramientas que existen para que aprendan catalán, castellano y la cultura de las islas. También que comprendan la problemática que tenemos aquí desde el punto de vista de la vivienda, la movilidad o los recursos. Porque si no se hace bien y no lo conseguimos, entonces sí que tendremos una sociedad diseminada y desintegrada y probablemente pueda haber problemas de convivencia que nosotros queremos evitar.

¿Balears puede acabar viviendo problemas de integración como ocurre en Francia?

España está ahora como estaba Francia hace 15 años a nivel de acogida de personas que vienen de fuera de las fronteras. Lo que podemos hacer es analizar cuáles son las soluciones que se han implementado allí para conseguir esa integración. Ver cuáles han funcionado y cuáles no. Lo que está muy claro es que si no conseguimos que haya comunicación en los dos sentidos, entre los que vienen de fuera y los que ya están aquí, podemos tener problemas. Y lo estamos consiguiendo porque al final te das cuenta de que con un poco de sentido común, un poco de humildad por ambas partes y fomentando el vehículo del idioma se puede avanzar. Es fundamental que las personas puedan dialogar en un mismo idioma para expresarse y para que sus anhelos puedan materializarse y ser comprendidos por la otra parte. Existen muchísimas herramientas ya sobre la mesa para conseguir que esas personas puedan entender mejor la forma de integrarse dentro del tejido balear. Eso implica formación, educación y también integración en la población activa. Porque un trabajo digno consigue una integración digna.

¿Ha notado un mayor interés por la lengua catalana y la cultura de Mallorca entre los residentes extranjeros?

He visto una evolución enorme de personas que no son de aquí y que han aprendido la lengua catalana. Y no solamente la han aprendido, sino que además se han interesado en comprender por qué se hacen las cosas de esta forma en una isla a través de su historia. Hace 15 años eso no era tan evidente. Ahora sí lo es. Todavía vemos en algunos aspectos que no se consigue ese acercamiento porque unos piensan que es el otro quien tiene que dar el primer paso. Yo lo tengo bastante claro: quien viene de fuera es quien tiene que dar el primer paso. El que viene aquí con todo el amor del mundo es recibido, pero también tiene que entender cuál es el ecosistema, cómo se vive en Balears y cuáles son las preocupaciones de los habitantes de esta isla.

¿Qué papel tienen los empresarios dentro de este nuevo enfoque del cuerpo consular?

Por eso tenemos la Comisión de Diplomacia Económica, vinculada a identificar a todos aquellos empresarios que no son de aquí pero que tienen una empresa, contratan, pagan sus impuestos y apuestan por el PIB de las islas. Existe un enorme tejido de empresarios que han apostado por la economía balear y que son un factor de crecimiento y bienestar social. El próximo 18 de junio probablemente haremos una reunión en PalmaActiva para reunir a empresarios marroquíes, argentinos, colombianos, escandinavos, alemanes y franceses bajo un mismo paraguas para evidenciar primero que existen y segundo para conseguir sinergias entre ellos.

¿Balears morirá de éxito turístico?

Se puede morir de éxito, eso está muy claro. Yo he tenido la suerte de participar en dos de las diez comisiones que el Govern instauró para la modificación del modelo turístico. Lo que tengo muy claro es que seguir creciendo yo no lo veo factible. Tenemos que subir en calidad y no en cantidad. Eso es algo que, por ejemplo, los hoteleros llevan ya diez o quince años haciendo. Quizás no se valoró suficientemente en su momento el tema del arrendamiento turístico. Eso ha sido un fenómeno que nos ha desbordado a todos. Una de las soluciones que planteé a varios responsables políticos es informar en origen, no aquí, a nuestros turistas y visitantes. Primero, que serán bienvenidos, porque no podemos matar la gallina de los huevos de oro. Pero también informarles de las problemáticas que tenemos aquí para que vengan con la lección aprendida y sepan, por ejemplo, que los jóvenes tienen un problema con el acceso a la vivienda. El camino será subir en calidad y apostar por turistas con mayor poder adquisitivo. No veo otra forma.

¿Cómo ve el debate sobre limitar la compra de vivienda a no residentes?

Lo veo muy complejo y muy difícil porque sería cambiar las reglas del juego. No lo veo posible porque estaríamos tratando de forma asimétrica derechos y obligaciones dentro de la Unión Europea. El fenómeno ha provocado una subida del precio de la vivienda por oferta y demanda. Desde la administración se tienen que tomar medidas para desarrollar vivienda pública. Pero el mensaje que daría es que el problema de acceso a la vivienda también lo padecen nuestros residentes aquí. El otro día tenía unos franceses que me decían que sus hijos no se podían independizar en Balears porque tampoco podían acceder a viviendas. Es un problema que sufrimos todos.

¿Ha afectado a los consulados el proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes?

Desde que soy decano, el problema de la regularización extraordinaria también me compete porque afecta a muchos de mis compañeros del cuerpo consular. Nos hemos reunido con el delegado del Gobierno y ahí vimos que es un fenómeno que tiene desbordados a muchos consulados por el tema de la documentación necesaria para formalizar las solicitudes. Todos entienden que esto solo puede ser bueno a efectos de integrar a este colectivo. Estamos hablando de regularizar personas que ya están aquí, no personas que vienen. Eso sí, es un plan muy ambicioso y nos preocupaba saber si la administración tendría los cauces necesarios para que todo el mundo pudiera entrar dentro del proceso. Personalmente, yo hubiera planteado este proceso más bien en octubre y no al principio de la temporada alta en Baleares, porque los ayuntamientos ya están desbordados.

¿Cómo ve la relación entre Francia y Mallorca de aquí a diez o quince años?

Difícilmente vamos a poder integrarnos más. Estoy muy orgulloso de cómo se comportan mis compatriotas y de la forma en que entienden su integración en el tejido balear. Yo he asistido a comidas de matrimonios franco-mallorquines donde toda la conversación se hacía en catalán. Tiene mucha gracia oír hablar mallorquín con acento francés. Nosotros ahora somos el tercer turismo de Baleares y hemos crecido muchísimo. Me gustaría que hubiera algo más de francés presente en administraciones, museos, aeropuertos o restaurantes, igual que hay alemán e inglés. Pero en principio veo una bonita historia y creo que esta relación seguirá fortaleciéndose con mucha fuerza.

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