Fiestas patronales
Sant Llorenç celebra sus fiestas patronales y sobrevive al calor abrasador
Como cada 10 de agosto, Sant Llorenç ha celebrado sus fiestas patronales. Un día grande que viene marcado por un calor difícil de soportar y que incluso ha obligado a cambiar los horarios de las celebraciones

Realizar una crónica de una fiesta patronal en Ibiza como la que nos ocupa, la de Sant Llorenç, es todo un reto porque, más o menos, todas siguen el mismo patrón: misa, procesión, reparto de bunyols y orelletes y ball pagès. Estos cuatro hitos se repiten rigurosamente y el desafío radica en intentar no escribir lo mismo y, a la vez, que lo que se escriba tenga algún interés para el lector.
«¡Haz un corta y pega de la crónica del año pasado y aire!» me dice Toni Serra Planells, un vecino de Sant Llorenç que, cuando le pregunto qué cambios ha habido en unas fiestas en las que casi nunca cambia nada, reflexiona: «Lo más importante es que antes la fiesta se celebraba por la mañana y hace tres años se decidió pasarla a la tarde porque el calor era insoportable».
«Es que no se podía estar y esto era solo sufrir. A la misa iban los que están obligados, pero imagínate los caballos esperando bajo el sol, los del ball pagès, era sufrir y pasarlo mal. Ahora por la tarde está mucho mejor», comenta este vecino.
Un calor sofocante
Porque este es el tema que protagoniza la gran mayoría de conversaciones informales entre los corrillos de vecinos que, guarecidos bajo la sombra de un árbol de morera y de una mimosa, esperan a que termine la misa: el infernal calor que hace. Dice la tradición que el día de San Lorenzo es el más cálido del año porque el santo fue martirizado asado en una parrilla, y que por este motivo en este día caen lenguas de fuego desde el cielo.

Una mujer se abanica mientras sostiene una cruz. / Toni Escobar
Dice también la tradición que, en un alarde de hombría exhibicionista, mientras era quemado, el santo vacilaba a sus verdugos y les decía que le dieran la vuelta a la parrilla, que por ese lado ya tenía la carne asada al punto. También puede ser que este sea el día más cálido del año porque estamos en agosto y en plena ola de calor.
«Pasarlo a la tarde ha sido un acierto. Si ahora hace un calor insoportable, imagínatelo a las dos de la tarde, que era cuando antes terminaba la misa. Quienes lo pasaban peor eran los balladors. Una vez uno se desmayó y lo tuvieron que llevar a urgencias», explica María Escandell, una vecina de Sant Joan especialmente preocupada por el bienestar de los balladors porque su hijo forma parte de Sa Colla de Labritja, que es quien baila hoy.
Otra madre de balladora es Neus Juan Tur. Hoy es un día especial porque su hija Daniela y su ahijada Sofía -de cinco y seis años- se estrenan con Sa Colla de Labritja. «Están muy nerviosas», explica esta madre orgullosa, «la ropa que llevan también la estrenan hoy, todo es de estreno menos las joyas, que son de la familia».
Si en el exterior de la iglesia hace calor, en el interior es mucho peor. Ya solo entrar en el porxo, la sensación es que la temperatura ha subido dos o tres grados. Y ya en el interior de la nave, que está abarrotada, el calor húmedo, pegajoso, muy difícil de soportar. Hay seis ventiladores instalados que apenas se notan, y la voz del obispo tiene dificultades para abrirse paso entre el frufrú de los abanicos que se agitan enérgicamente. «Hay más abanicos que en un videoclip de Locomía», comenta sofocada Rosa, una operadora de cámara, que añade «¡qué bochorno! ¡No he sudado tanto en la vida!».
El trabajo bien hecho
Mientras esto sucede, el escenario y la barra -que este año, por primera vez, se han instalado en el parking que hay frente a la iglesia- tienen su momento de calma. Aquí el bullicio empezará más tarde, cuando terminen los actos más oficiales y arranque la música. Quien disfruta de estos últimos instantes de reposo es Carla Torres Costa, portavoz de la Comisión de Fiestas: «Este año está yendo todo muy bien, pero es duro», comenta.

Dos de los 'sonadors' de Sa Colla de Labritja. / Toni Escobar
«Cuando estás en la Comisión de Fiestas hay un trabajo que no se ve. Están las reuniones con el Ayuntamiento, con la policía por el tema de la seguridad, hay que contratar los grupos de música y buscar actividades que gusten a todo el mundo. Es duro pero cuando ves que la gente del pueblo disfruta y está contenta, te compensa», explica Torres, «y hoy es el gran día, es su día, y todo tiene que quedar bien porque es lo que la gente se merece».
Tras la misa hay la procesión y un desfile de doce carros, algunos de la Associació de Carreters de Santa Eulària y otros de particulares. Es la ballada de Sa Colla de Labritja y las pequeñas Daniela y Sofía controlan sus nervios y actúan por primera vez ante sus vecinos. Bajo una morera, los obreros de la parroquia instalan una mesa en la que reparten los dulces y refrescos. Allí nos encontramos a Toni Serra Planells, el primer vecino con el que hemos hablado. «¿Qué quieres? ¿Un vinito? ¡Venga, un vino!». Le insistimos que no, que lo que necesitamos es agua. «Es que hace calor, ¿eh? Venga, te la doy con un cubito de hielo». Jamás un vaso de agua me ha sentado mejor en la vida.

Las pequeñas Daniela y Sofía, en su debut como ‘balladores’. / Toni Escobar
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