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Naturaleza

Un mundo sin zumbido: qué perdemos sin los polinizadores

Su pérdida es una amenaza global para los ecosistemas, la producción de alimentos y el bienestar humano

Anna Traveset trabajando en uno de sus viajes

Anna Traveset trabajando en uno de sus viajes / .

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Blanca Gelabert

Palma

Las abejas están desapareciendo. También las mariposas, los sírfidos, los abejorros, algunos escarabajos, ciertos colibríes, incluso reptiles y murciélagos. Esta pérdida, silenciosa pero sostenida, no es solo un fenómeno ecológico: es una amenaza global con implicaciones profundas para los ecosistemas, la producción de alimentos, la economía y el bienestar humano.

Anna Traveset, investigadora del CSIC en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), alerta sobre este fenómeno en su último libro La crisis de los polinizadores, publicado en la colección ¿Qué sabemos de...? (CSIC – Los Libros de la Catarata). Con una mirada científica, pero divulgativa, Traveset explica por qué la desaparición de estos animales es uno de los síntomas más preocupantes del cambio global, y cómo revertir esta tendencia antes de que sea demasiado tarde.

La polinización, engranaje esencial de la vida

El dato es contundente: alrededor del 90 % de las plantas con flores en el mundo dependen, en mayor o menor medida, de la acción de animales para completar su ciclo reproductivo. Esto significa que sin la ayuda de estos seres —la mayoría insectos, pero también aves, mamíferos y reptiles— muchas especies vegetales no podrían producir semillas ni frutos.

Esta interdependencia entre plantas y animales polinizadores no es reciente. Es el resultado de más de 150 millones de años de evolución conjunta. La polinización animal no solo garantiza la regeneración de la vegetación silvestre, sino que también sostiene una parte fundamental de la agricultura moderna: más de 70 de los 100 cultivos más importantes para la alimentación humana dependen de este servicio ecosistémico, según la FAO (Food and Agriculture Organization).

Lo anterior implica que frutas y verduras como tomates, fresas, manzanas, cerezas, almendras, cacao, café, aguacates, melones y calabacines pueden ver reducido tanto su tamaño como su calidad nutricional por la pérdida de polinizadores. A su vez, se reduce la cobertura vegetal, y con ella, servicios esenciales como la retención de agua, la protección del suelo o la calidad de los acuíferos. Además, los polinizadores controlan plagas de manera natural y su ausencia puede aumentar el uso de pesticidas. Y para terminar, sin que sea menos importante, su pérdida empobrece los paisajes y nuestro vínculo con la naturaleza.

Más allá de la abeja de la miel

El imaginario colectivo asocia la polinización casi exclusivamente con las abejas domésticas. Pero como destaca Traveset, la biodiversidad de polinizadores es enorme. En la península ibérica existen más de 1.100 especies de abejas, la mayoría solitarias y silvestres, que superan incluso en número a todos los vertebrados terrestres del territorio.

A ellas se suman otros insectos como mariposas, sírfidos, escarabajos florícolas, avispas, tijeretas, trips, e incluso chinches y grillos. Pero también actúan como polinizadores diversos vertebrados: colibríes, lagartijas, geckos, murciélagos tropicales y pequeños mamíferos como musarañas, lémures o zarigüeyas. Aunque era difícil de imaginar que las preciosas sargantanas de las Pitiusas, o los “dragons” podían también polinizar, y Anna y su equipo lograron demostrarlo mediante un estudio.

En entornos insulares como las Baleares, esta diversidad adquiere un matiz especial: hay más de 250 especies de abejas y 260 de avispas silvestres, adaptadas a ecosistemas frágiles y singulares. Algunas especies como la mariposa Cleopatra (Gonepteryx cleopatra), típica del Mediterráneo, ya están sufriendo los efectos de la urbanización y la pérdida de sus plantas nutricias.

Distintos polinizadores.

Distintos polinizadores. / .

¿Qué está amenazando a los polinizadores?

Los polinizadores están desapareciendo a causa de un conjunto de factores interconectados. Traveset lo resume así: “no actúan por separado. Se retroalimentan y refuerzan sus efectos”. Esta sinergia negativa complica enormemente la conservación.

Entre los factores principales están el cambio de uso del suelo, que implica la desaparición y fragmentación de hábitats, muy especialmente por la expansión de la agricultura intensiva.

Es importante también la pérdida de diversidad floral, que priva a los polinizadores de néctar y polen, especialmente en monocultivos homogéneos. Por otro lado, el uso masivo de agroquímicos es dañino, ya que los insecticidas provocan mortalidad directa, mientras que los herbicidas y fertilizantes reducen las flores disponibles. Las especies exóticas invasoras, que desplazan a las autóctonas y el cambio climático, que altera la sincronía entre la floración y la actividad de los polinizadores, son otros factores relevantes.

También se suman amenazas más sutiles, como la contaminación lumínica, que interfiere en el comportamiento de los polinizadores nocturnos, o la competencia con especies domesticadas, como la abeja de la miel y el abejorro común, que en altas densidades pueden desplazar a las especies silvestres.

El uso de las abejas

El uso de las abejas

El uso de las abejas / .

La amenaza a perder los polinizadores

La amenaza a perder los polinizadores / .

El tecno-optimismo… o no

Ante la alarma creciente, han surgido propuestas tecnológicas como drones polinizadores, polinización manual o modificaciones genéticas para favorecer la autopolinización. Pero Traveset advierte: “ninguna solución tecnológica puede replicar de forma funcional, eficiente y ecológica la tarea que realizan los polinizadores silvestres”.

Además del elevado coste económico y ambiental de estas alternativas, la investigadora señala un peligro cultural: “confiar en la tecnología refuerza la desconexión entre sociedad y naturaleza”. Por el contrario, defiende que la tecnología sea un aliado en conservación —por ejemplo, en monitoreo, restauración o análisis de datos—, pero no un sustituto de los procesos ecológicos. Para Traveset, la solución pasa por restaurar, proteger y convivir con la naturaleza, y no por confiar en que la tecnología pueda reproducir los sistemas que la biodiversidad ha generado a lo largo de millones de años.

La relevancia de la agricultura

El sector agrícola, que históricamente ha contribuido al declive de los polinizadores mediante prácticas intensivas, podría convertirse también en uno de sus principales aliados. La clave está en transformar el modelo hacia sistemas agroecológicos más diversos y sostenibles.

En este sentido, Traveset menciona prácticas ya testadas con éxito como los márgenes florales, que son zonas entre cultivos donde crecen plantas que sirven de refugio y alimento a los polinizadores. También la existencia de zonas sin labrar, la inclusión de setos, matorrales y árboles autóctonos para diversificar el hábitat y la reducción de pesticidas y fertilizantes son herramientas útiles.

¿Y yo qué puedo hacer?

Traveset lo resume así: “hay que transformar la relación que tenemos con la naturaleza. Vivimos en ciudades y hemos perdido ese vínculo. Pero está demostrado científicamente que el contacto con la biodiversidad mejora nuestra salud física, mental y emocional”.

Crear jardines con plantas melíferas, cambiar los hábitos de consumo, reducir el desperdicio alimentario, elegir productos ecológicos, fomentar paisajes más verdes y menos cementados… Todo suma. Y no solo por las abejas.

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Fuente: Diario de Mallorca

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