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Opinión | Para empezar

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Cargo: Jefa de sección

T'estim, Eivissa... Carta de amor a Ibiza

Te quiero a pesar de que te han llenado la piel de música ruidosa, basura, multitudes que sólo te quieren por tu nombre, visitantes de una noche que ni siquiera duermen en tus brazos, jets privados y purpurina, mucha purpurina

Cala cercana a Platges de Comte, en Ibiza.

Cala cercana a Platges de Comte, en Ibiza. / M. T.

Te han destrozado. Te han echado veneno en las raíces que se hunden en el Mediterráneo y te han llenado la piel de música ruidosa, basura, multitudes que sólo te quieren por tu nombre, visitantes de una noche que ni siquiera duermen en tus brazos, jets privados y purpurina, mucha purpurina. El brillo, que no falte, para esconder todo ese desastre que ha arrasado contigo.

Pero yo te quiero igual. Te sigo encontrando igual de bonita que en esas escenas descoloridas que me vienen a la cabeza de cuando nos conocimos. Aún no te habían llenado de ácido beachclubónico, implantes de silicamasbalinesas y microjetings para convertirte en otra y lucías perfecta. Con tus arenales casi libres de hamacas, los caminos sin cochazos a toda velocidad y salpicados por pagesos y pageses que te saludaban con la mano o un casi imperceptible movimiento de cabeza, los restaurantes familiares con mantelitos de papel ilustrados con mapas de la isla llenos de faltas, el horizonte del mar (la Mar) sin un solo yate, las rocas llenas de erizos, los chiringuitos con mesas de plástico..

Yo aún consigo verte así. Preciosa. Bellísima. A pesar de todo. En esa calita donde a las ocho de la mañana sólo estamos tú, yo y una gaviota. En las zambullidas del cormorán que desayuna mientras Mina y yo paseamos al amanecer. En la melodía de las cigarras en mitad del campo. En la fragancia intensa de la higuera atizada por el sol. En los pequeños mordiscos de un sargo que, juguetón, me persigue mientras nado. En la estrella de mar que contemplo de lejos al bucear. En las callejuelas solitarias de Dalt Vila. En los reflejos del mar. En el canto de los faros las noches de niebla. En el acento de las ces trencades y el susurro de las palabras con esses dobles y muchas xeix. En palabras como polidoia, sipar, frimolada, allinetes... En el bar que sigue igual que cuando yo no levantaba dos palmos del suelo. En el sabor de tus sandías y melones. En el tacto del cordellí de esparto. En los amaneceres y atardeceres rojos a los que nunca se acostumbran mus ojos...

Cada vez es más difícil. Te han llenado tanto (de gente, de cemento, de asfalto...) que te están dejando vacía. Te han transformado tanto que decenas de capas esconden tu esencia. Ésa que sólo encontramos quienes te queremos. De verdad. Siempre. Sin condiciones. T’estim, Eivissa.

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