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Opinión | Para empezar

El paraíso natural no tiene precio

Estado en que queda una pradera de posidonia tras ser arrasada por los fondeos incontrolados

Estado en que queda una pradera de posidonia tras ser arrasada por los fondeos incontrolados / Salvem sa Badia

Conviene recordar que si vivimos del turismo no es gracias a nuestra increíble (y que defiendo, pero con sentido común) oferta de ocio nocturno ni por los hoteles de cinco estrellas, el wellness de las narices o la magia de es Vedrà y Tanit. Está bien que se genere esa atmósfera pseudomitológica alrededor de la isla. Pues vale. Pero todo tiene un origen, y en el caso de estas islas está en su naturaleza, en su inmensamente maravilloso mar y en sus bosques y campos y sus gentes.

Todo empezó con ese irresistible imán, que generó el resto. El problema es que la memoria tiene las patas muy cortas y es harto selectiva, aunque hay noticias que te ayudan a recordar: más de 4.800 fondeos sobre posidonia detectados y sólo 18 actas de infracción incoadas. De risa, de pena, de vergüenza.

La conselleria responsable de este desaguisado, del Govern, reacciona anunciando que ampliará la plantilla de agentes de Medio Ambiente, los únicos que tienen capacidad para sancionar. Y da datos para reforzar su apuesta: es la primera vez que se refuerza este servicio desde 2018, lo que significa que en Ibiza y Formentera, en todo este tiempo, han velado por la conservación de todos sus espacios protegidos nada menos que doce profesionales; ahora quiten vacaciones, días libres, bajas (esperemos que pocas, por su bienestar), turnos... Y se entiende la noticia de la permisividad en el mar. Soy consciente de la abnegación de estos agentes, de su compromiso y de que ellos aportan lo mejor de sí mismos, pero esta fotografía refleja a la perfección lo que se ha estado haciendo con el patrimonio natural de Ibiza y Formentera a pesar de su esfuerzo: poquito, muy poquito.

Tan poco personal para proteger tanto territorio me recuerda a la idea del Estado fallido: muchas normas y escasos medios para controlar que se cumplen. El tiempo pasa rápido y así como el paraíso natural permitió sacar a estas islas de la pobreza y ponerlas en el mapa, su desaparición puede provocar una involución que nadie desea. El patrimonio natural no tiene precio. Hay que invertir en él por encima del interés particular. Empecemos a pensar más con la cabeza que con el bolsillo porque esto se nos puede ir de las manos de manera irreversible.

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