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Opinión | Para empezar

¡Bienvenido, Mister United!

Indicación hacia Wall Street, sede de la Bolsa de Nueva York

Indicación hacia Wall Street, sede de la Bolsa de Nueva York / ARCHIVO

Cuando leí el primer titular anunciando la puesta en marcha de la conexión aérea directa entre Ibiza y Nueva York me alegré genuinamente. Con el segundo, perdí gran parte de interés y a partir del tercero, no hay manera de leer sobre el tema sin que resuene en mi cabecita loca la cantinela: «Americanos, vienen a España gordos y sanos...».

Si estas pocas líneas no le han transportado ya, querido lector, a Villar del Río, Berlanga y un pasacalles en blanco y negro, ¿es usted envidiablemente joven o no tan envidiablemente poco instruido?

En ambos casos, le pongo en situación: A finales de los años 50 del siglo pasado, Estados Unidos ideó un programa de ayuda económica, el Plan Marshall, para reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial. De los millones de dólares que repartió, (como ahora hace con aranceles y misiles), España no vio ni un duro, realidad que Berlanga convirtió en sátira con su película ‘¡Bienvenido, Mister Marshall!’, donde un pueblo se engalana para recibir a una delegación de ese país con la esperanza de rascar unas cuantas pesetas. Los americanos pasan de largo y dejan al personal en su miseria de siempre.

El vuelo directo con Nueva York es una buena noticia para Ibiza, pero sorprende la dimensión que ha adquirido el anuncio. Durante días se han sucedido declaraciones, felicitaciones y análisis sobre el turismo de alto poder adquisitivo, la diversificación o el prestigio que traerá la ruta. Hay algo muy berlanguiano en convertir cuatro vuelos semanales en una especie de Plan Marshall turístico cuando, al final, la realidad es más sencilla: United no ha hecho una declaración de amor a Ibiza ni ha organizado una misión especial para rescatar su turismo, ha abierto diez nuevos destinos internacionales donde ve oportunidad de negocio y la isla es uno de ellos.

La paradoja es que Ibiza lleva años discutiendo sobre saturación y necesidad de contener el crecimiento turístico. Pero aparece una nueva conexión aérea y, durante unas horas, volvemos a comportarnos como Villar del Río: contemplando el horizonte a ver qué nos traen los norteamericanos.

«Os recibimos, americanos, con alegría. Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía». Pues eso.

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