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Opinión | Desde la Mola

Cuadrar el círculo

En esas estamos para conseguir que en esto del turismo consigamos equilibrar «cuenta de resultados» con «tranquilidad de residentes»

Turistas en las terrazas de la Plaça de Vila.

Turistas en las terrazas de la Plaça de Vila. / Vicent Marí.

Los humanos llevamos intentando cuadrar el círculo desde la prehistoria hasta esta misma mañana y no lo hemos conseguido. Ni las grandes mentes de la matemática en la Grecia de Pitágoras, ni los modernos desde entonces lo lograron. Tuvo que ser von Lindemann en 1882 quien demostrara al mundo que era imposible. Pues en esas estamos para conseguir que en esto del turismo consigamos equilibrar “cuenta de resultados” con “tranquilidad de residentes”. Ni me acuerdo de la primera vez que en alguna tertulia de Ràdio Illa de Formentera, con personas de mucho saber y entender en esta industria, hablamos del modelo de turismo adecuado para la isla. Al principio y al final de temporada, incluso ahora mismo en el “ferragosto” volvemos sobre nuestras opiniones según vaya la ocupación. Expresiones como “la gallina de oro”, “morir de éxito” y similares forman parte de nuestra hemeroteca. Y no lo duden, volverán a aparecer como las golondrinas de Bécquer. Ni las cenas de los miércoles en Palma para paliar la invasión indiscriminada de turistas en el centro histórico, ni los loables intentos de limitar el número de coches (con todo lo positivo que es) han conseguido resolver el misterio. Expertos tiene la Iglesia y ahí seguimos, sin racionalizar la fe y con lo de la Santísima Trinidad influyendo en la elección del Papa. Si a todo esto le añadimos lo del “eclipse”, que ha masificado los lugares donde antes era patrimonio de la “España vaciada” sin que a primeros de septiembre con el comienzo del curso escolar deje de estar vaciada, podemos decir que tenemos debate institucional, político y ciudadano sobre la idoneidad de una industria que logre la “máxima” de rentabilidad, preservación del medio ambiente, crecimiento sostenible (mira que sale esta expresión, aunque no la busques) y otras lindeces en los programas electorales de cualquiera que se presente a las elecciones en lugares donde el turismo es la base del PIB local.

Hasta en los pueblos, incluidos aquellos donde la paz invernal está rellena de una pasmosa soledad, hablamos de masificación que nos ha llevado hasta limitar el consumo de agua en las casas por la escasez de los manantiales que nos nutren, dicen las autoridades competentes. Aunque todos sabemos que, si pasamos de 235 censados a más de 1500 usuarios de las “modernidades” del siglo XXI sin que hayamos modificado nuestras infraestructuras de allá por los “ochenta”, no vamos a conseguir la cuadratura del círculo, ni resolver los problemas que genera un turismo local y devenido del interés paisajístico, con casas rurales a gogó. Ya lo decían Tip y Coll: “El año que viene hablaremos del turismo”.

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