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Opinión | Para empezar

Cristina Martín Vega

Cristina Martín Vega

Directora de Diario de Ibiza

Nos pusimos las gafas y gritamos

Nos pusimos las gafas y gritamos

Nos pusimos las gafas y gritamos / Toni Escobar / DIB

Gritamos. Nos pusimos las gafas y gritamos. Fue una emoción repentina, que nacía en el estómago y subía como una ola. Estábamos en el diario, equipo eclipse para contarlo en directo desde la sede, y subimos a la planta de arriba porque el Sol estaba alto y aún se veía. Nos habíamos resignado a no poder contemplar el espectáculo astronómico del siglo, a jugar ese papel algo ingrato de quien tiene que permanecer de retén para hacer posible la cobertura minuto a minuto, mientras los demás pueden disfrutarlo en persona. A otros les había tocado contarlo sobre el terreno, a nosotros, coordinar, ordenar, recoger y difundir la avalancha de fotos, vídeos e informaciones de un día marcado en rojo en el calendario. Uno de esos días claves que son un antes y un después, un puerto de montaña nivel Tour de Francia cuya subida empieza semanas antes y que hay que coronar con el mayor despliegue posible y dándolo todo. Uno de esos días en que vamos a tope, sin respiro, contrarreloj, con la adrenalina a mil. Es muy raro un acontecimiento que eclipsa todo lo demás (literal), que deja todo en segundo plano y del que está todo el mundo pendiente. Absolutamente todo el mundo. Unas elecciones, una pandemia. Un eclipse total de Sol.

La bola dorada con una muesca negra se va agrandando poco a poco, perfectamente visible tras el plástico negro. Llamamos al resto a voces para que suban. Salimos a la azotea corriendo y a lo lejos, entre los montes, va bajando un Sol mordisqueado, convertido en cuerno, en luna cambiante. Asistimos al espectáculo con la misma fascinación que si estuviéramos en primera línea, bajo el hechizo del juego de sombras de la Luna y el Sol, como las decenas de miles de personas que abarrotan la costa, los barcos, las montañas, las terrazas de los hoteles.

Los móviles bullen con fotos y vídeos que nos lo cuentan en directo. Una nube inoportuna que deja en vilo a la multitud. El Sol se esconde tras los montes. Empieza a oscurecer, se apagan los colores. Se callan los pájaros, las chicharras, el perro. Estamos en plena ciudad, pero la naturaleza reacciona a esa mágica alineación astral. Se va disipando la noche breve y estallan los pájaros. Vuelve la luz. Alucinamos. Y entendemos que quienes han tenido la inmensa suerte de ver el eclipse entero aplaudan y hasta lloren, conmocionados por tanta belleza.

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