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Opinión | Para empezar

Miguel González

Miguel González

Sección de Cierre

Los turistas del piso de al lado

El País publicó a finales de junio una entrevista al presidente de la cadena hotelera Hotusa, Amancio López. Aunque el empresario se refirió al conjunto de España, les cito una reflexión suya más que interesante para la sociedad ibicenca: «No creo que exista oposición a los clientes de los hoteles de cinco estrellas. Lo que a la gente le molesta es que estén en el piso de al lado o que generen ruidos o problemas de convivencia».

López tiene gran parte de razón. Una de las quejas más comunes en Ibiza es que cada vez más espacio público y privado está al servicio de la actividad turística, lo que provoca conflictos con los residentes. Además, unos estándares más elevados serían una manera de evitar la masificación de la isla, que supone inconvenientes incluso para los que la visitan unos días, según la plataforma de datos SIT Ibiza. Por ello, López se sumó a la crítica cada vez más generalizada a este sector económico: «El turismo en España no puede ser infinito. El modelo de bajo coste ya no vale».

Aunque la apuesta por el visitante de lujo sea una medida bastante acertada para paliar estas cuestiones, todavía plantea ciertos efectos negativos. Como es de sobra conocido, la prestación de servicios a este tipo de clientes favorece el establecimiento de negocios que terminan por expulsar a los comercios de menores dimensiones y encarecen el precio del suelo.

También queda la cuestión de que menos visitantes, pero de mayor gama, gastarían su dinero en menos empresas (una persona solo puede dormir en una cama o sentarse en una silla de restaurante al mismo tiempo, por ejemplo). Por ello, parte del tejido económico local debería reconducirse desde el servicio directo a los turistas hacia el trabajo especializado con las compañías que tengan un trato cercano con ellos. ¿Estarían dispuestos los empresarios y los empleados ibicencos a reorientarse después de más de medio siglo de tradición?

Al final, llegamos a una conclusión: ya que parece imposible romper con el monocultivo turístico, por lo menos diversifiquemos el tipo de visitante que llega a la isla.

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