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Opinión

El Olimpo de los dioses

La selección española de fútbol tocó el cielo con su triunfo en el Mundial

Las agencias de viajes anuncian que el Olimpo está a escasos kilómetros de Tesalónica y allí que vas para acudir a las fuentes del saber. Tal como está el mundo si Aristóteles y Platón levantaran la cabeza… puntos suspensivos. Pero este domingo 19 de julio el Olimpo estaba a las puertas de Manhattan y allí a eso de las nueve de la noche (hora peninsular) y con toda España ante las pantallas gigantes instaladas a diestro y siniestro en plazas de ciudades o pueblos que se precien, la imagen nos lleva hasta la familia real al completo, la de la Moncloa con corte ministerial, la extraña pareja de Trump e Infantino (no confundir con Lemmon y Matthau que era la buena) la pléyade de ‘paniaguados’ dependientes de la FIFA (qué bien queda eso de avión privado, mesa y mantel después de sabanas de algodón egipcio de ‘1.500 hilos’ y otras prebendas, cómo no pagar los 8.000 dólares de la entrada con hipoteca o cuotas en caso de los argentinos). En la cancha, los ‘dioses’ del otro ‘Olimpo’. Messi y Lamine, por este orden, y aquí no se aplica lo de ‘monta tanto’. Se han percatado de que esto está escrito antes de dos tiempos, de ahora no sé cuánto, un intermedio musical a modo de Las Vegas, para niños y mayorcitos (cómo lo va a lamentar el fútbol) y prórroga y penaltis antes de que uno u otros sean campeones del mundo. Cuidado, que si se percata Trump de que todos son inmigrantes, manda al ICE y se acaba la broma.

Ya es medianoche de domingo al lunes de celebraciones. Acabamos con la 1 de TVE de madrugada con el fin de bajar la adrenalina de la victoria y el cabreo por un trencilla sospechoso de ‘infantinicio’ contra los estajanovistas de la Roja. Que, a falta de brillo de sus estrellas, se vistieron con el mono de trabajo y a lo suyo. Formentera vivió el acontecimiento desde la plaza de la Constitución sin recelo de dos comunidades que pueden no entenderse en lo futbolístico, pero que forman parte de la convivencia diaria en la isla. Mientras el goteo de pateras con argelinos (la elite de las travesías) y subsaharianos (tres meses de desierto, tres días de travesía y 2.000 euros a las arcas de las mafias) no han dejado de caer en una comunidad que, además de solidaria, empieza a mirar con recelo (esta vez sí) a quienes deben responsabilizarse de estos sucesos migratorios. A veces me pregunto ¿qué o quién hay detrás del negocio?n

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