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Opinión

El cisne

Pareja de cisnes.

Pareja de cisnes. / Pixabay

Buscando inspiración musical para este artículo, la casualidad me ha llevado a dar con una bella pieza musical que hacía tiempo que no escuchaba y que, irremediablemente, me ha traído recuerdos de mi niñez, transportándome de inmediato a aquellas tardes pausadas e invernales en las que, al salir del colegio, acudía a mis clases de ballet con Miguel Ángel, mi profesor de danza clásica.

‘El Cisne’ (13º movimiento de El Canaval de los animales) del compositor Charles-Camille de Saint-Saëns, representa, sin duda, una de las piezas más bellas y conmovedoras de la música clásica, cargada de una simbología evocadora en la que los arpegios parecen emular el movimiento del agua deslizándose con la misma elegancia con la que un cisne discurre sobre el agua. Asimismo, en 1905 el coreógrafo Mijail Fokine utilizó además, esta hermosa melodía para coreografiar la mítica danza de ‘La muerte del Cisne’ para la famosa bailarina Anna Pavlova.

Al escucharla cierro los ojos, bailo con mi imaginación, y como cuando era niña, cada nota me sigue transmitiendo paz, sosiego, serenidad y armonía. Ese maravilloso equilibrio (ahora olvidado y perdido entre la vorágine de todo lo que ahora nos rodea) que todos, de una forma u otra, anhelamos.

El equilibrio es, desde el plano de lo físico, la capacidad de un cuerpo de mantenerse estable sin caer; aunque desde el aspecto emocional representa la habilidad de gestionar las emociones y afrontar diversas situaciones con estabilidad y serenidad. En el ámbito personal, supone encontrar el balance, el punto donde nuestras responsabilidades y metas, y nuestro bienestar personal y familiar conviven de una forma sostenible, sin que una parte de nuestra vida se vea comprometida o anulada por la otra.

Hoy en día, vivimos en una sociedad desequilibrada de raíz, huérfana de valores y prácticamente deshumanizada. Y en esta composición de lugar, observamos con cierta resignación, cómo un cierto pesimismo se va abriendo paso en nuestras conciencias, a la vista de las circunstancias que nos rodean. Convertidos en espectadores impasibles y a la vez actores de vidas ajenas, alienados por la IA, las redes sociales y la tecnología, en un mundo cada vez más difícil de comprender. Y en este contexto, algunos ya hemos abrazado la desesperanza, y nuestra fe en el ser humano languidece por momentos, llegando a aceptar que la extinción de nuestra especie, más pronto que tarde, será un hecho consumado.

Y en medio de toda esta desesperanza, en medio de este ritmo frenético y desequilibrado en el que discurren las cosas, aparece ese cisne en nuestras vidas, trayendo esperanza, serenidad ante la fugacidad de la vida y la confianza en que aún no está todo perdido. Que debemos ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Que es cierto que hay dos fuerzas contrapuestas que empujan al ser humano, la de la autodestrucción, por un lado; y la de la bondad y la excelencia humana, por el otro. Pero no menos cierto es que aún podemos cambiar el curso de los acontecimientos, no solo con palabras, sino con hechos. Mejorar nuestra sociedad con acciones que traigan la esperanza, sin permanecer de brazos cruzados. Porque así lo han logrado en Ibiza, proyectos como: la Fundación Conciencia, APNEEF, APAAC, la plataforma ‘Hay Soluciones Para el Vertedero de Ibiza’, Ibiza Preservation y Tanit Ibiza Conexion apoyada por el Consell de Ibiza e Ibiza Travel, entre otras muchas iniciativas solidarias.

Mientras, con los ojos cerrados y el alma abierta, seguimos escuchando desde el corazón, esta bella melodía de ‘El Cisne’que con su armonía y profundidad a algunos nos transporta a una infancia perdida y a otros, simplemente nos conmueve y llena de esperanza.

«La esperanza es el sueño del hombre despierto». (Aristóteles)

«El equilibrio da paz al alma; la esperanza le da alas».

Alicia Reina Escandell es doctora en Turismo

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