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Opinión | Tribuna

El ruido del agua

Imágenes de la macrofiesta ilegal en una finca de Santa Gertrudis

Imágenes de la macrofiesta ilegal en una finca de Santa Gertrudis / DI

Como es sabido, en Ibiza sobra ruido y falta agua.

En cuanto al ruido, somos los campeones indiscutibles. Tenemos las mejores discotecas, los mejores djs, la música tecno de Ibiza marca el rumbo, los “openings” y “closings” son auténticos acontecimientos mundiales que atraen gente de todo el planeta, tenemos hoteles discoteca, los “beach clubs” han convertido las hasta hace poco tranquilas playas de Ibiza en un festival… Tanta música obviamente genera mucho negocio de modo que no pocos desaprensivos han decidido participar en el reparto organizando fiestas privadas en pleno suelo rústico, en lo que hasta ayer considerábamos intocable, nuestra “reserva”. Un buen ejemplo de lo que digo es lo acontecido en las últimas semanas en la macrofiesta de Forada y en Sta. Gertrudis. En cuanto a la macrofiesta no deja de resultar curioso cómo todo el mundo se sacude el muerto de encima. En el Consell dicen que no les toca, que no tienen competencias, que eso es cosa del Ayuntamiento. En el consistorio dicen que tienen las manos atadas porque sin orden judicial no pueden entrar en las casas aunque también pueden hacerlo con permiso expreso de los propietarios. Los del ocio nocturno dicen que estas fiestas suponen una competencia desleal que les resta clientes a sus locales, por supuesto “legales” y que van a prescindir de los djs que participen en estas fiestas. Y finalmente los de la Pimef piden que no se criminalice a sus empresas, que son legales y que no tienen por qué preguntar el destino de sus servicios.

Y en Sta. Gertrudis en las dos últimas semanas hemos podido disfrutar de dos eventos. Uno de ellos, el que dio origen a la recogida de firmas, se viene celebrando desde hace años en una casa de campo administrada por una conocida empresaria. Y el segundo fue abortado por las fuerzas del orden del Ayuntamiento de Sta. Eulalia que acudieron a la primera llamada de los vecinos. Lo llamativo de este último evento es que se celebró en una casa de nueva construcción que por lo visto dispone de un enorme sótano con objeto de atenuar el ruido. Aquí está todo inventado, imaginación no les falta, pero lo que hasta la fecha no han conseguido esconder ha sido el traslado de los asistentes a pesar de los taxis, coches lanzadera, etc., etc. No me extrañaría que acaben construyendo una línea de metro.

Y vayamos con el agua. Todavía no hace dos años que gente del centro y norte de la isla, preocupados por el progresivo descenso cuando no agotamiento de nuestros pozos, recogimos 6.400 firmas con un lema muy simple que no me cansaré de repetir, que la industria turística tiene que alimentarse con agua desalada y dejar el agua de lluvia para recargar los cada vez más exhaustos acuíferos de la isla.

Tampoco me cansaré de repetir que en esta isla, desde el principio de los tiempos, ha imperado la ley de la selva, pues no ha existido ningún tipo de control, insisto, ningún tipo de control. El expolio del agua empezó en los años 70 cuando aterrizó en Ibiza una compañía de nombre Vegarada con permiso del Ministerio de Industria de aquellos tiempos para realizar 14 perforaciones y extraer y comercializar hasta 7.000.000 de m3 al año, un volumen que obviamente fue a parar a la industria turística. Un expolio que aumenta año tras año sin que hasta la fecha se le haya puesto freno.

Para ser justos hay que decir que a raíz de las firmas antes mencionadas las cosas empezaron a moverse en esta isla. El Govern Balear, de quien incomprensiblemente todavía depende la gestión de nuestros recursos hídricos, contraviniendo por cierto la normativa europea, se ha comprometido a ampliar las desaladoras de Sta. Eulalia y San Antonio así como a construir una cuarta por la zona de San José.

Pero vayamos al quid de la cuestión. A día de hoy el consumo total de Ibiza viene a ser de 36 hm3 anuales de los cuales unos 10 hm3 corresponden a la población dispersa. Y dado que las tres desaladoras actuales producen un total de unos 12 - 14 hm3 al año es fácil deducir que la diferencia entre el consumo y la producción de agua desalada, algo más de 20 hm3 se obtiene de los exhaustos acuíferos antes mencionadas. Y tampoco hay que ser muy listo para entender que en el supuesto de que las obras previstas antes mencionadas, la ampliación de dos desaladoras (entre 3 y 4 hm3 al año) más la cuarta nueva desaladora (unos 4 hm3 anuales) estuviesen funcionando a día de hoy tampoco producirían suficiente agua desalada para las necesidades de la población actual y la industria turística, por lo que seguiría la sobreexplotación de los acuíferos.

Pero esto no es todo. Últimamente se habla mucho de la ampliación del aeropuerto que, según AENA, es para prestar un mejor servicio pero no supondrá un aumento de pasajeros. Hay que tener mucha fe para aceptar que 17 nuevas puertas de embarque solo servirán para mejorar el tránsito de la terminal. Por otro lado, gracias a las leyes promulgadas por el Govern Balear, cuatro ayuntamientos de Ibiza podrán recalificar suelo rústico (solamente el de Ibiza va a recalificar 23 ha) para dedicarlo a construir los llamados proyectos residenciales estratégicos (PRE), pero dicen que esto no supondrá un aumento de la población porque se trata de un simple “traslado” de gente que ahora vive en zonas consolidadas a los futuros PRE. Creerlo o no es también una cuestión de fe. Y de los cruceros que recalan en es Botafoc, la ampliación y mejora de carreteras y rotondas, todo esto, nos dicen y pretenden que les creamos, que todo este desbarre no supondrá un aumento de la población y por lo tanto del consumo de agua. Y esto ya no se lo cree nadie, ni el más inocente de la clase.

De modo que dejen de vender humo y pónganse a trabajar, los vecinos denunciando las fiestas ilegales y los ayuntamientos cumpliendo con su obligación que es poner orden y evitar que el suelo rústico se convierta en una macrodiscoteca.

Y los partidos políticos y las administraciones exigiendo a Palma que pongan el foco en el presente y sobre todo en el inmediato futuro y se dejen de regatear con la capacidad de las desaladoras. De lo contrario, dentro de cuatro días estaremos igual o peor que a día de hoy.

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