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Opinión | Para empezar

El PP y el dilema de sucumbir al lado oscuro

El presidente de la Junta de Andalucí­a, Juanma Moreno Bonilla, atiende a los medios de comunicación, durante la Feria de Málaga.

El presidente de la Junta de Andalucí­a, Juanma Moreno Bonilla, atiende a los medios de comunicación, durante la Feria de Málaga. / Álex Zea

Juan Manuel Moreno Bonilla se ha tragado la prioridad nacional con tanta facilidad que, de no ser por su cara de agobio al firmar el pacto con Vox, se diría que lo estaba deseando. Se suponía que era un sapo indigesto que jamás aceptaría merendarse, una propuesta inaceptable, dijo, pero vaya si se ha dado prisa en deglutirlo. Se suma así al largo plantel de dirigentes populares de comunidades autónomas que han asumido en los últimos meses, unos con más candidez que otros, las consignas racistas y xenófobas del partido ultra. Incluso la cúpula del PP ha normalizado en su propio discurso tanto esa como otras ocurrencias de Vox, como por ejemplo la demonización de la regularización de extranjeros que residen en este país y en esta isla desde hace años, muchos de ellos malviviendo y contratados en negro, un gran negocio para algunos patronos. Por ejemplo, Vox comenzó a pregonar hace meses que la ‘Ley de Nietos’ suponía un «pucherazo» electoral en diferido de Pedro Sánchez, al colar en el censo a centenares de miles de descendientes de migrantes españoles: el PP se lo ha comprado, aunque sea un disparate, más en el caso de las Pitiusas, donde no hay familia que no tenga parientes en Argentina, Cuba o Miami. Y no, el concepto de la prioridad nacional promovido por Vox no se reduce a una mera cuestión de semántica, como esgrimen desde el PP: es una grave cuestión moral.

La sumisión de los populares a los postulados de Vox es progresiva, como evidencian los discursos, mociones y acuerdos de los últimos meses, quizás porque se han dado cuenta de que no lo tendrán fácil para gobernar en solitario en muchas instituciones tras los comicios municipales y autonómicos de mayo de 2027, y de que la única solución para lograr una mayoría pasará por comerse ese sapo ideológico envenenado, como acaba de hacer Moreno Bonilla. Mejor, han debido pensar, tragarlo poco a poco que de golpe. «Arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Ya saben cómo va todo», avisó Vox al alcalde de Vila en el pasado pleno después de que este no le aprobara ni una moción. Ante semejante envite, el alcalde y el resto de gobernantes insulares se enfrentan al dilema de ser fieles a su moral y ética o comerse el sapo y sucumbir al lado oscuro.

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