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Opinión

Sin tregua en los precios

Me joroba comenzar el mes de julio hablando del alza de los precios. No nos dan tregua. Todo sigue por las nubes pero los españoles permanecemos narcotizados, sin capacidad para reaccionar a tanta subida que tan difícil nos hace el día a día. Sólo cuando los sindicatos mueven ficha, como si fueran el factótum de la justicia social, el personal se agarra a sus banderitas y sale a tomar la calle para que no pase nadie y para hacerse notar. Eso, los sindicatos españoles, el de Alvarez y el de Sordo, lo saben hacer muy bien. La orden siempre procede del mismo lugar: Moncloa, siempre y cuando quien caliente la cama del dormitorio principal del palacete presidencial sea un prócer socialista.

Ya veremos cómo se presenta el otoño, si es verdad que el adelanto electoral se puede llevar a cabo. Calentar la calle ha venido siendo la norma de unos sindicatos entregados, sumisos, manejables, disciplinados, que atienden a la voz de su amo. Y su amo es el que constantemente les llena la buchaca, no voy a ser mal pensada, y soltar aquello de para darse el gran banquete a base de marisco. Algo bueno harán. Durante algún tiempo creí en su necesidad, ahora ya no tanto.

Me gustaría que hubiera unos sindicatos que fueran un referente. Organizaciones independientes y asamblearias, financiadas exclusivamente por sus afiliados, para no estar sujetos a las directrices del partido que siempre es el mismo. Me gustarían unos sindicatos que garantizaran la democratización de la economía, protegieran a los trabajadores frente a la precarización y erradicaran la brecha salarial. A lo mejor, algún día…

Dicho lo cual vuelvo al origen de este «zamoreando»: los precios. No hablo del mercado inmobiliario, ni del sector energético o los transportes. Me quedo en la cesta de la compra puesto que los alimentos han encarecido más de un 42% dando al traste con los presupuestos familiares y reduciendo el ahorro disponible. Y así no vamos a ninguna parte, a pesar de ver las terrazas de verano a tope, los hoteles llenos y los restaurantes sin posibilidad de reserva. La pandemia aceleró un cambio de mentalidad. Ahora, los objetivos vitales se centran en vivir el presente, redefiniendo las formas de ocio.

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