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Opinión

La solidaridad excluyente

Imagen de archivo de una patera en Formentera

Imagen de archivo de una patera en Formentera / Javi Parejo

Los populismos, que utilizan el radicalismo como base de su ideología (siempre que adivines cuál es su ideología) patentan frases que suelen responder a problemáticas comunes en la sociedad. Está muy bien eso de “los nuestros primero” que ha calado en una población que es sensible (desde un estado del bienestar, eso sí) a situaciones de precariedad estructural. Me refiero a la escasez de vivienda a precios razonables y el incremento de la inmigración a una Europa que mira con recelo a los llegados. Plantear abiertamente el binomio “inmigrante=delincuencia” es una falacia que cae por la realidad de las cifras del Ministerio del Interior. Lo único salvable de esta relación sería aquello de que como el delincuente es de los nuestros es menos delincuente. Será que el robo con violencia en “cristiano” es menos doloroso que en “árabe” u otra lengua. Los principios que sustentan la actuación solidaria de las personas no deben distinguir nacionalidades, religiones o géneros. Aquellos que recitan los salmos de la muy apostólica religión católica en las misas del domingo, donde se inscribe lo de “todos somos iguales ante los ojos de dios”, pero solo si vienen a cuidar de nuestros mayores o a la recolecta de productos del campo (a precios de derribo) donde “yo que voy a misa” ni quiero, ni debo por estatus, hacerlo.

Cuando llega una patera, sí, una barquita con motor de 15 CV y cargada con nueve o más “migrantes” a las costas de Formentera, hay personas que de forma altruista atienden esos primeros momentos después de días de desesperación perdidos entre Argelia y la “esperanza” (descarten los taxi-patera, que es harina de otro costal). Cada persona es una historia y cada historia obedece a una necesidad imperiosa que les hace arriesgar la vida para salir de la pobreza o de un futuro incierto (muy cierto, diría yo) en tu propia casa. Señores y señoras (o viceversa) del atril en el mitin de ayer, pásense un día por las carpas donde se atiende a, por ejemplo, una madre con su hija de tres años que viene desde Mali, sí, ese país en guerra contra los “talibanes” de Al Qaeda en el Sahel y que llega después de pagar 2000 euros a las mafias en Argel, una travesía por el desierto y tres días perdida en el mar, sin vislumbrar la “esperanza”. Díganle aquello de “primero los nuestros” y luego acuda a misa limpio de pecado por lo de la misericordia de dios es infinita. Dese una vuelta, que yo le invito, no le convenceré, pero a lo mejor ese día ni comulga.

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