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Opinión | Para empezar

Verónica Carmona

Verónica Carmona

Portadista y redactora

Vacaciones en casa de los abuelos

Una escuela de verano de Ibiza

Una escuela de verano de Ibiza / J.A.Riera

La conversación estrella en las fiestas de fin de curso de los colegios suele ser: «¿Y tú qué vas a hacer este verano con tu hijo?». La mayoría de los pequeños acude a las escuelas de verano de sus propios centros escolares. Otros buscan campamentos diferentes. Algunos se van con los abuelos a la Península. Yo me siento privilegiada por haber podido compatibilizar trabajo y crianza durante los últimos tres años, aunque no ha sido fácil. Organizar una rutina de tareas durante siete horas de jornada para retrasar al máximo el momento de la pantalla -y reducirlo todo lo posible- mientras tu hijo te pregunta sin descanso: «¿Cuándo me vas a poner la tablet?». Su estrategia, además de insistir cada cinco minutos, pasa a veces por cantar, robarme la silla del escritorio cuando me levanto o hacer mucho ruido. Trabajo con mi pequeño en casa desde que tenía menos de tres años. Es un sobreesfuerzo. Pero cuando vienen los abuelos a echarme una mano, mi hijo me dice: «Te he echado de menos, nos hemos visto muy poco». Los niños quieren estar con sus padres siempre, pero no todos los trabajos lo permiten. ‘La mujer helada’, de Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura, publicada en 1981, es un relato maravilloso sobre las sombras de conciliar lo cotidiano y lo profesional. La recomiendo como lectura de playa, ahora que llegan las vacaciones también para algunos. En los meses de verano siempre intento coger unos días libres para disfrutar solo de la maternidad. ¿Cómo se hace eso? Me voy a casa de mis padres, en la Península, y me dejo mimar y cuidar. Mi única responsabilidad durante esos días es mi hijo: ni trabajo ni la preocupación diaria de pensar qué voy a comer. Puede sonar egoísta. A veces intento fregar los platos después de comer, pero mi madre enseguida me echa de la cocina. Para mí, unas vacaciones son quitarme de encima la pesada carga de las tareas cotidianas que afronto sola durante el resto del año. Y mira que me gusta viajar, pero la casa de mis padres es ahora el destino que más me apetece en verano.

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