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Opinión

69 años

Monseñor Lucas Ramón.

Monseñor Lucas Ramón. / Diócesis de Ibiza

El mismo día que despedíamos a D. Lucas Ramón Torres, él cumplía los 69 años de su ordenación sacerdotal. Toda una vida de servicio a la Iglesia y a todos los que lo han necesitado a lo largo de estos años.

Nació en Formentera hace 93 años, desde allí, después de perder a su padre asesinado, regresó a Ibiza con su madre y sus hermanos en momentos muy delicados de nuestra historia. Una vez, junto con D. Enrique, se desplazó hasta Formentera estando yo de sacerdote para ir a ver la casa donde vivió siendo un niño, junto a s’Estany Pudent, una casa próxima a Cas Boixets.

Después de unos años por la parroquia de Nuestra Señora del Carmen en Es Cubells, donde fue su primer párroco, ya vivió su ministerio sacerdotal en las parroquias de Vila y especialmente en la S.I. Catedral de la que actualmente aún era su deán.

Recuerdo una noche del 30 de septiembre del 1994, víspera de mi ordenación sacerdotal, cuando los dos en el altar de Santa Cruz, me daba indicaciones de cómo celebrar mi primera misa. Al final, junto a un precioso equipo de sacerdotes, nos volvimos a encontrar junto al mismo altar en el que él tantas veces celebró tantos acontecimientos que han marcado historias diferentes. Acompañó alegrías en bautizos, comuniones, matrimonios; como también momentos de dolor en funerales y enfermedades. También era buscado por tantas y tantas personas para recibir el Sacramento del Perdón en la confesión.

En el hospital recorrió pasillos y habitaciones aliviando el dolor espiritual tanto de enfermos como de familiares que necesitaban ver cómo sus seres queridos quedaban reconfortados recibiendo los últimos sacramentos que no les devolvían la salud corporal, pero sí les llenaban de paz; y de la misma manera en los hogares, a tantos y tantos enfermos a los que visitaba con cariño y ternura. El cariño y la ternura que le caracterizaba.

Cuánta gente se ha acercado agradeciendo la ayuda material que de él habían recibido en momentos en los que económicamente lo necesitaban y, con su gran generosidad, era capaz de ir más allá de lo que se le pedía.

Descansa en paz un gran hombre de Dios y le pedimos que desde el Reino de los Cielos que el Señor concede a los humildes y sencillos de corazón siga cuidando de nosotros.

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