Opinión | Para empezar

Redactor
La camiseta blanco roto de la selección

El delantero de la selección española Víctor Muñoz celebra un gol en una imagen de archivo. / di
Está en todas partes. Mire donde mire. Es imposible no encontrarla. Cruzas la esquina y ¡zas!, un caballero de edad provecta la emplea como su nuevo uniforme de birra y cigarrito en la terraza de turno. Vuelves la mirada hacia atrás y ¡cáspita!, una niña camino del colegio encantada con su indumentaria, futbolera y patriótica a un tiempo. Si no sabe de qué le hablo será porque lleva semanas viviendo en una cueva. Solo así se explicaría que no conociera la camiseta de la selección española. No la roja, no. Esa parece un pijama. Digo la blanca. Bueno, blanco roto, al parecer. Que ya me dirá cómo demonios se puede romper un color. ¿Se cayó por la escalera? ¿Sufrió un accidente de tráfico?
La marca que viste a la selección española da una explicación cuanto menos sorprendente para argumentar su elección cromática. Asegura que está basada en la tradición literaria del país y que el blanco roto recuerda a las páginas de un manuscrito clásico. Qué bonito sería subir al Delorean, viajar más de 400 años atrás y contarle la vaina a Cervantes. Mire, don Miguel, resulta que ahora las naciones no batallan en el mar, sino que lo hacen sobre el césped, y que en vez de cañones usan una pelota y bueno, el uniforme que llevan los futbolistas, no confundir con soldados, es un homenaje a... No descarto que lo que más le sorprendiera de la explicación es que un color se puede romper.
El caso es que la camiseta blanco roto de la selección es la nueva prenda que vertebra España en sustitución de la camisetilla interior de tirantes, que ya solo llevan señores que corrieron delante de los grises. Ya tocaba un relevo, bienvenido sea. Quienes más lo celebran son los comerciantes chinos, que venden como rosquillas sus fidelísimas falsificaciones. Por la original hay que aflojar un mínimo de cien pavos. La cuenta aumenta si quieres meter el dorsal y el nombre de tu ídolo. Y claro, el español es patriota, y futbolero, y gregario, pero no es gilipollas. Y además está cansado de que todo pichichi, nunca mejor dicho, le meta la mano en el bolsillo. Esos 20 euritos, para los chinos. ¡Y que viva España!n
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