Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Para empezar

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Cargo: Jefa de sección

Ibiza

Comercios que desaparecieron del mapa de Ibiza

De Los Portuarios a la señora que vendía palomitas de los bajos de la Alianza Francesa, ruta por los establecimientos de Ibiza que desaparecieron el mapa

Carmen Serra, en el balcón de su peluquería de la Marina.

Carmen Serra, en el balcón de su peluquería de la Marina. / Vicent Mari

Pasarán los años y ningunas albóndigas me sabrán tan ricas como aquellas que, los sábados por la noche, me servían en Los Portuarios. Era la salida semanal familiar. Sólo recuerdo el ruido, las albóndigas y que los pies no me llegaban al suelo sentada en la silla. Es sólo una de las chinchetas de los lugares de Ibiza que se han quedado guardados en un rincón de mi corazón y a los que ya nunca podré volver. Desaparecieron. Se los llevó el viento de los nuevos tiempos. Una jubilación. La crisis. La especulación...

Cada vez hay más chinchetas. Y menos sitios. Recuerdo las tardes en Can Fèlix, donde mi abuela trabajaba haciéndole compañía a Manolita, a la que aún me parece escuchar vendiendo las propiedades de los abanicos de nácar y los jerséis de llana de Formentera a los turistas que entraban en aquel paraíso de otro tiempo. Desapareció también el Bar Granada, donde entraba con gran alegría pidiendo «un cubata pal abuelo y un agua pa la Marta», y el añoradísimo Can Rafal, donde siempre encontraban una mesa para los seis. Aunque fuera sábado y estuviera a tope porque había arroz.

Maria Marí, con su familia, tras la barra de Can Rafal

Maria Marí, con su familia, tras la barra de Can Rafal / D. I.

Recuerdo, también los sábados, pero ya por la tarde, haciendo cola en los bajos de la Alianza Francesa, donde estaba la señora de las palomitas, visita obligada antes de ir, qué pena también, al Cine Serra o al Cartago a ver alguna película. O eso decíamos, porque la película era lo de menos. Lo que de verdad nos gustaba era el antes, esas charlas entre nosotras mientras mirábamos de medio lado a los chicos de otros colegios e institutos y nos entraba la risa tonta.

Ya no quedan más que recuerdos de la peluquería Carmen, donde cada dos semanas echaba la tarde con mi abuela Margarita. Y con otras muchas abuelas. Descubriendo que la vida no siempre había sido como la conocía. Y Los Andenes, donde, a veces, al volver, con mi abuela recién peinada nos dábamos el lujo de un tortell. Pequeñito. He perdido la cuenta de los puestos del Mercat Nou que ya no están, como aquel en el que, mientras mi abuela Paca compraba, me daban unos garbanzos cocidos, aún calentitos, que me sabían a gloria. Ella era también la que me compraba a veces un sobre sorpresa en la desaparecida Librería Vara de Rey. No me dan las chinchetas, no me caben, se superponen unas a otras en el mapa: el Nanking, el Hong Kong, Ca na Pepeta, La Grifería, Peuets...

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents