Opinión
Lo de Begoña Gómez es lo de menos
El caso de Begoña Gómez, a estas alturas, parece una vacuna para el resto de escándalos que están provocando terremotos diarios en los cimientos del PSOE. Entre las señoritas de Ábalos, los trabajitos de Koldo, los desmanes de Santos Cerdán, el vodevil de Leire Díez y las joyas de Zapatero, lo que afecta a la mujer del presidente parece una historia sin demasiada importancia, sobre todo ante la personalidad del juez Juan Carlos Peinado, hombre culto y leído, pero histriónico, y las acusaciones particulares de Hazte Oír y Manos Limpias. Todo lo que pasa por estas dos organizaciones es para la izquierda cosas del diablo, aunque Satanás solo sea un personaje de ficción. Se trata de una moda instalada hace mucho entre socialistas que anula cualquier crítica sobre las denuncias. Una idea que se resume en que Hazte Oír y Manos Limpias ni son de fiar, ni van acompañados de la verdad.
Todo ello es posible gracias a que las aguas revueltas no permiten ver el fondo, y en ese fango los casos que afectan a Begoña Gómez, por los que piden un total de 24 años por cuatro delitos, son de otra película y solo con el interés de hacer daño a la mujer del presidente.
Como siempre ocurre, los titulares son una forma de ver la verdad. Un punto de vista donde situar la cámara ocular y desmenuzar el porqué de las cuestiones. Así, cuando introducimos que también es la Universidad Complutense la que se presentó como acusación particular, aduciendo cuestiones de propiedad intelectual, la reflexión se abre y las dudas aparecen. La universidad le reclama daños y perjuicios por una presunta apropiación indebida y una cantidad de 109.140,79 euros. En ese momento, las cosas cambian, porque ya no se trata de los sindicatos del contubernio de la extrema derecha, sino de un centro universitario.
Aun así, lo de la mujer del presidente suaviza la tormenta en el PSOE, y me estoy refiriendo a los habituales votantes socialistas, solo a ellos, que son, al fin y al cabo, los que están en una crisis existencial; los que están reflexionando sobre si la organización a la que siempre han votado se merece, en estos momentos, su apoyo.
La mayoría de estudios que existen sobre las tendencias electorales de los españoles explican que los votantes introducen en las urnas siempre la misma papeleta ideológica o el máximo cambio es abstenerse. El ciudadano infiel no pasa del 15% y, de la forma disparada que están los extremos, no siempre es un voto fácil de seducir.
Puestos a mirar en positivo al presidente más resistente de la joven democracia española, lo de su mujer dulcifica su imagen pública. La idea de que son los malos los que van contra ella para acabar con él, funciona, claro que solo ante los que se rindieron hace tiempo a su atractivo político.
Son muchos los detalles. Por ejemplo, que la acusación particular pida al juez que le retire el pasaporte para que no pueda huir del país es tal soberana excentricidad que demuestra una inquina innecesaria. ¿La mujer del presidente huyendo del país? No computable. Y es que Begoña ha pasado a un segundo plano.
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