Opinión
Sobresalto
Hay un niño naciendo en algún lugar del mundo que pertenece solo a la felicidad y la paz de su hogar, pero ignora que se van cerrando las ventanas
El Mundial de fútbol ya está aquí y España tiene opciones de ser la campeona del mundo en medio de noticias que maltratan a los seres humanos por su raza impidiéndoles, en unos casos, dormir en suelo estadounidense –uno de los países anfitrión junto a Canadá y México– y en otros expulsándolos por ser negros y haber nacido en Somalia, país que a Donald Trump no le gusta, igual que no le gusta que se hable español, que se sea latino o negro o hindú. Todo se acepta sin rechistar en este mundo donde el color de tu piel y tu lugar de nacimiento es un salvoconducto si no eres rico o famoso y también rico, algo que recientemente explicaba muy bien uno de los ídolos de la selección, Nico Williams, quien decía que a su madre la miran mal por ser negra y que a él, cuando no era el Nico Williams famoso, también lo miraban no bien y la señora que pasaba a su lado se agarraba más fuerte al bolso aceptando gestualmente que ese muchacho negro le daba miedo y era un potencial delincuente.
Así vivimos y así es su día a día, ya que, a pesar de necesitar a los inmigrantes, los maltratamos y, llegado el caso, sometemos a referéndum si deseamos que nuestro país no supere un número determinado de habitantes, para así limitar la presencia de extranjeros a un tanto por ciento que se considera un umbral aceptable. Ignoro para qué, pero esto es lo que sucedió el pasado domingo en Suiza, donde los suizos finalmente rechazaron la iniciativa, ‘No a una Suiza de diez millones’, con la que el partido populista Unión Democrática de Centro planteaba imponer medidas para frenar el crecimiento demográfico a través de restricciones a la inmigración y al derecho al asilo, si antes de 2050 el país llegaba a los 9,5 millones de habitantes. Era el único partido que defendía esta propuesta, que ellos mismos consideraban como una iniciativa de solidaridad y que ha sido respaldada por el 45% de la población frente al 55%. Sin duda, un triunfo para la UDC que ha visto cómo su propuesta, claramente insolidaria y racista, contaba con un respaldo significativo en un país en el que la población ha crecido casi un 25% en 24 años gracias a la inmigración que supone un 80% de ese crecimiento.
Hay un niño naciendo en algún lugar del mundo que pertenece solo a la felicidad y a la paz de su hogar, ignorante como es del sobresalto que arrebata a un mundo que ha cerrado todas las ventanas y camina desde los escombros hasta la deriva por una ruta velada y sin horizonte.
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