Opinión
¿Qué ha hecho exactamente Begoña Gómez?

Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, durante una comparecencia en la Asamblea de Madrid. / José Luis Roca
Me consta que en esta columna se llega tarde al ‘caso Begoña’, pero no por una postura naíf de quien escribe, sino más tirando al surrealismo de Dalí. Porque me consta aquello que tan bien dijo el de Figueres: «Que hablen de mí, aunque sea mal, que eso es que me va muy bien». Y, para que me entiendan, no era por no hablar de la primera dama —a pesar de muchos—, sino porque al diablo, ni mentarlo. Que dar visibilidad a las inquisiciones de algunos es lo mismito que echarle agua a un Gremlin.
Pero es que, para surrealismo, la actualidad. Apenas tres días después de que se marchara el Papa en un Falcon, la audiencia preliminar contra Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno —aunque pique a muchos—, se finiquita con la petición de medidas cautelares como la retirada del pasaporte y la obligación de comparecer cada 15 días en el juzgado ante el «riesgo de fuga» y una pena de 24 años de prisión por parte de las acusaciones populares coordinadas por la asociación ultraderechista y ultracatólica Hazte Oír. Que la derecha al fondo no tiene límite ya lo vemos venir, pero el catolicismo incluye entre los suyos amar al prójimo como a ti mismo.
24 años para una prójima y 22 para otra: Cristina Álvarez, asesora de Moncloa contratada en 2018 para «gestionar la agenda pública y asistir a Begoña Gómez». Por si acaso, cometió el pecado de dedicar parte de su jornada a la actividad privada o académica de esta.
Vamos, que en la Biblia aparece como lo peor la matanza de bebés de Herodes, y justo debajo, reenviar un email a la Complutense. Clama al cielo, que baje Dios y lo vea y sobre todo —memento mori—, que nos pille a todos confesados...
Y ahora, a 24 años de prisión y 25 pesetas la respuesta, la GRAN pregunta es: Pero, ¿qué ha hecho exactamente Begoña Gómez?
Antes que en esta columna, la pregunta se la plantearon en un bar de Barakaldo. Mejor que yo, en un sketch del programa ‘Vaya Semanita’ de EITB (Euskal Irrati Telebista). Tras aquel «Y yo, no me causa rubor decirlo, soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer que vive con impotencia el fango que sobre ella esparcen día sí y día también» con que anunciaba cinco días de reflexión.
El dueño del bar está junto a un par de clientes viendo en las noticias la citación de nuevos testigos del caso Begoña:
—¡Menudo escándalo lo de la mujer de Pedro Sánchez! ¿No es una vergüenza? —Exclama indignado.
—¿Pero qué ha hecho exactamente? —Duda una clienta.
—¡Qué va a ser! ¡Lo de la cátedra universitaria! ¡Que se estaba forrando por que la enchufó su marido!
—Pero, ¿no era por que había robado un software en un pendrive? —Comenta otro cliente.
Y ya, se enzarzan:
—¿Lo veis? ¡El software era gratuito, pero ella lo registró a su nombre!
—¿Ella o la asesora de Moncloa, que a veces le hacía algún recado?
—¿Y por qué iba a registrar un software que es gratis?
Tiempo después, aparece en la puerta una reportera con un equipo de televisión:
—Noticias de última hora, en un bar de Barakaldo un grupo de vecinos lleva encerrado varios días intentando comprender el ‘Caso Begoña’. Se rumorea que pueden ser los primeros en lograrlo.
En el interior, frente una pizarra llena de recortes y pistas, cual si se tratara de una escena de CSI, prosiguen:
—Venga, va, ya casi lo tenemos. Solo nos falta una pieza que una el rescate a Air Europa, el pendrive, el Ayuntamiento de Madrid, la Complutense… y todo el IBEX 35.
Siguen las piezas. Una de las últimas se remonta, ni más ni menos, a cuando Fernando VII usaba paletó. El juez Peinado, instructor de la causa y que atribuye a Begoña Gómez cuatro delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida, no había visto una trama de corrupción semejante desde «el reinado de Fernando VII».
El que pueda hacer que haga, pero al juez Peinado se le agota la cuerda para seguir tensionando la causa que le puso en las manos Manos Limpias basándose «solo en informaciones periodísticas» que podrían «ser ciertas o no». Se jubila de forma obligatoria en septiembre de 2026, fecha en que cumple 72 años y agota la prórroga máxima permitida: dos años que trascenderán, como pocos en este final apoteósico de una carrera judicial. Cual si fuera uno de sus pura sangre un domingo en el París-Longchamp.
Tanta paz lleve como descanso deje, pero devolvámonos a nuestros inicios: 24 años de prisión. Begoña Gómez, mujer del presidente —pese a quien pese— tiene ahora 55. De cumplirse las bárbaras reclamaciones de las acusaciones populares, saldría de prisión con 79.
¿Y qué delito ha cometido exactamente? A falta de que lo resuelvan en la Audiencia Provincial de Madrid o en un bar de Barakaldo, se me ocurre que tener como marido a alguien que antes de «soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer», ya había escrito un ‘Manual de resistencia’. No descartemos —tiempo al tiempo—, que en una próxima entrega añada ‘En una charca llena de Gremlins’.
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