Opinión
Una paz desfigurada como Topuria
Tres meses después de los primeros ataques a Irán, la región está más militarizada y el planeta ha sufrido restricciones energéticas
Ilia Topuria se presenta como un deportista español de origen georgiano que practica artes marciales mixtas, MMA, un supuesto deporte basado en reducir al rival dentro de una jaula utilizando todo tipo de violencia hasta quebrar su resistencia. En su último combate, celebrado en los jardines de la Casa Blanca como autohomenaje de Donald Trump por su 80 cumpleaños, Topuria acabó con la cara desfigurada, casi ciego por los golpes recibidos, después de perder el duelo. Ha querido el destino que ese rostro machacado se convierta en la mejor metáfora del acuerdo de alto el fuego anunciado por Washington y Teherán tras una guerra iniciada por EEUU e Israel el 28 de febrero y que no ha servido ni para descabezar, ni para disuadir, ni para reorientar al régimen de los ayatolás en Irán.
Es cierto que, en las primeras horas del ataque, murió Alí Jameneí, pero no se provocó el colapso del régimen, sino una sucesión dinástica de facto, ya que su hijo Mojtaba heredó el mando y garantizó la continuidad del sistema. El acuerdo suscrito con mediación de Pakistán pondrá fin a las maniobras bélicas y reabrirá el estrecho de Ormuz, pero tres meses después la región está más militarizada y el planeta ha sufrido las consecuencias económicas de las restricciones energéticas.
Los compromisos que Teherán parece haber asumido sobre su programa nuclear estaban a punto de cerrarse apenas una semana antes del ataque ordenado por Trump, empujado por Netanyahu. Irán, por tanto, está muy lejos de haber sido sometido. Su Gobierno sigue en pie y su aparato militar conserva una parte importante de sus capacidades. Washington y Tel Aviv querían redibujar el equilibrio regional y han terminado aceptando negociar bajo la presión de una economía mundial más frágil y más inflacionaria.
La operación militar no ha reforzado la disuasión, más bien la ha encarecido, por lo que la paz que el viernes se firmará en Suiza no borra el error de haber iniciado una guerra sin sentido, igual que el hielo no reconstruirá la cara de Topuria.
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