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Opinión | Para empezar

Me encanta siparme

Lengua

Lengua / DI

Donde fueres, haz lo que vieres. Por supuesto. Vienes de otro lugar y tienes que adaptarte a lo que te encuentras, faltaría más. El catalán. O el ibicenco. Llámelo como quiera. No quiero pisar charcos, bastante me remojé los pies durante las danas. Tema sensible, este de las lenguas. Provengo de la cuna del castellano, de una tierra donde se respeta y venera a aquellos monjes que, hace mil años, empezaron a escribir anotaciones al margen, plantando la semilla de una lengua que creció, explotó y se extendió a todo el planeta.

Ojalá en mi tierra hubiéramos tenido la suerte de contar con otra lengua cooficial. Pura riqueza. Nuevas formas de ver el mundo. Juegos de palabras brotando por doquier. Más variedad, más posibilidades, impagable magia cuando quieres dedicar tu vida a juntar letras. Los pitiusos sí tuvisteis esa suerte. Envidia de la buena. Venís equipados de serie con una poderosa herramienta que, por mucho que me esfuerce, jamás podré dominar como vosotros. No importa. Me conformo con meterme al zurrón palabras nuevas como sipar. ¿Cómo diablos me refería antes a esta acción tan cotidiana? No podía hacerlo con una sola palabra, eso seguro. A eso me refiero con la riqueza. Las lenguas no son ataúdes dorados. Son seres vivos que te pueden maravillar cuando menos te lo esperas.

Y ahora viene el pero. Siempre hay un pero. Ya me ha pasado varias veces. Hablo contigo. En español, claro. Por desgracia, yo no puedo elegir. Y me contestas en catalán. Yo sigo por mi única lengua, no me queda otra. Y tú sigues por la que has elegido, por una lengua que te has dado cuenta de que no domino. Porque eso se sabe. Podrías cambiar al español y darme la oportunidad de una comprensión completa de sus palabras. Pero no. Prefieres seguir con el catalán. Tus motivos tendrás, allá cada uno con sus películas, pero a mis ojos ya eres un egoísta. Quiero entender lo que dices, sin perderme ni un solo matiz, pero me arrebatas esa posibilidad de forma deliberada. No siento pena por mí. La siento por ti. Porque la lenguas nacieron para unirnos. No para separarnos.

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