Opinión
El entramado judicial
Siempre oí decir que valía más un mal acuerdo que un buen juicio, es decir, huir de los tribunales, las togas y los abogados. Sabiduría popular.
En base a ello, la última reforma judicial en España establece la obligatoriedad (desde abril de 2025) de intentar una sesión de acuerdo antes de presentar ciertas demandas civiles y mercantiles. El trasfondo de la medida es evitar seguir colapsando los juzgados. Huelga decir que no se está consiguiendo porque, en una sociedad tan judicializada como la actual, es muy difícil llegar a acuerdos y, por descontado, nada rentable. Lo que interesa es pleitear y, cuanto más, mejor. Y es que se mueve mucho dinero en torno al mallete. Muchos juicios por falta de medios y trascendencia y otros, interesadamente, se dilatan en el tiempo de tal manera que desesperan e irritan al ciudadano más paciente y comprensivo, perdiendo toda fe en la justicia.
Una justicia que, además, está mal planteada, haciendo que sea muy difícil y farragoso hacerla cumplir, y muy fácil y sencillo no cumplirla. Solo por poner un ejemplo: mantener las plazas de un garaje comunitario limpias y sin enseres. La normativa y el sentido común dicen que en ellas únicamente se pueden tener vehículos, pero algunos tienen de todo. Ahora bien, no retires de ellas nada porque es propiedad privada. Se te cae el pelo. No se puede. Pero ante un incendio, las aseguradoras tienen la excusa perfecta para no pagar.
Desde la Grecia clásica, la justicia ha sido el eje gravitacional sobre el cual ha pivotado la civilización. La hemos imaginado y representado como una figura impasible con los ojos vendados para garantizar la imparcialidad, y una balanza para medir la equidad. Nadie se creyó nunca tales principios y convicciones. En pleno siglo XXI, este entramado institucional y moral que llamamos Sistema Judicial está atravesando una crisis de identidad y principios sin precedentes. La venda de Temis ya no solo busca evitar prejuicios, sino que parece querer ocultar una ceguera sistemática ante las nuevas complejidades de un mundo cada vez más desigual, egoísta, indiferente y desapegado.
Para entender el entramado judicial actual, debemos distinguir entre la justicia como valor de convivencia y seguridad y el sistema judicial como maquinaria institucional. Mientras que el valor de convivencia y seguridad es una aspiración humana necesaria y universal, la maquinaria institucional es una estructura que, con frecuencia, se asfixia en sus propios procedimientos. Así mismo, hoy asistimos a una peligrosa desconexión entre la legalidad y la legitimidad. Un fallo puede ser estrictamente legal y, sin embargo, sentirlo profundamente injusto por la ciudadanía. Esta brecha es el caldo de cultivo ideal para el populismo judicial. El entramado se ha vuelto tan técnico y sofisticado que el ciudadano común se siente un extraño en un proceso que, en teoría, existe para protegerlo. La justicia que llega tarde, como suele decirse, no es justicia; pero la justicia que no se comprende, tampoco lo es. Y cuando el pueblo siente que no hay justicia, se la acaba tomando por su mano; algo muy peligroso. No olvidemos que el debido proceso es la única barrera que nos separa de la barbarie.
Y como he escrito antes, tampoco hoy se puede hablar de justicia sin mencionar su entramado económico. La igualdad ante la ley es un principio constitucional que, en la práctica, suele estrellarse contra la billetera de los litigantes. El sistema se ha vuelto un laberinto de desgaste donde el tiempo es el recurso más caro. La justicia moderna debería transitar de un modelo puramente retributivo (quien la hace, la paga) hacia uno más restaurativo. El castigo por sí solo ha demostrado ser insuficiente para sanar el tejido social: tiene que haber una reparación del daño cometido.
Y la justicia del futuro no debe depender solo de leyes más modernas, específicas o complejas, sino de nuestra capacidad para recuperar la empatía dentro del proceso legal. Debemos aspirar a una justicia que se quite la venda de vez en cuando, no para ser parcial, sino para mirar a los ojos a las personas que buscan justicia a hechos muchas veces irreparables. La justicia debería ser el arte de mantener el equilibrio en un mundo que tiende al caos y anticiparse, porque esa es una tendencia profundamente humana y reiterativa.
Suscríbete para seguir leyendo
- Estamos equivocados si pensamos que hay que regar mucho': expertos de Ibiza advierten sobre los efectos del calor en las plantas
- Incendio en una casa okupada en ses Feixes de Talamanca de Ibiza
- Arde un yate amarrado en el puerto deportivo Botafoc Ibiza
- Bañistas reaccionan a las multas de 750 euros por comprar a vendedores ambulantes en Ibiza: '¿De verdad?
- La plaza del Parque de Ibiza se convierte en una pista de baile al ritmo de salsa, bachata y cumbia
- El operativo de emergencias localiza el origen del incendio de ses Feixes des Prat de ses Monges de Ibiza
- Al estar a mitad de precio, se llevan más cajas': Toni Serra, comerciante de Santa Gertrudis, revela cuál es el producto que los extranjeros compran en grandes cantidades
- Detienen en Ibiza a un activista ultrarrico reclamado por Estados Unidos
