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Opinión | Para empezar

Fernando de Lama

Fernando de Lama

Redactor Jefe

Me voy a gentrificar de Ibiza a Logroño

Turistas con maletas

Turistas con maletas / Jesús Hellín

Fin de semana en Logroño. Una ciudad preciosa, ambientazo de tapeo, gastronomía espectacular, buena gente y hasta buenos bares de rock and roll, que es una forma bastante fiable de medir la salud espiritual de una villa. En las horas punta se hace difícil pasar por la archifamosa calle Laurel, pero por tabernas y restaurantes no será.

¿Qué más se puede pedir? Pues parece que muchos logroñeses, como tantos habitantes de lugares bendecidos por su atractivo, están hasta las narices de su éxito. Y de eso en Ibiza sabemos un poco.

Lo primero que me llama la atención es la cantidad de pintadas y pegatinas de protesta en los muros: ‘El casco no es una cáscara. Nos vacían’, ‘El casco antiguo no se vende’ o, mi preferido, ‘Bésame hasta que el centro de Logroño no sean pisos turísticos’. Hay pasquines que resumen mejor una ciudad que muchos planes estratégicos.

Lo peor es que también se ha puesto de moda para una de las grandes plagas del turismo contemporáneo: las despedidas de soltero/a. Grupos ruidosos, camisetas a juego, disfraces varios y diademas con penes de terciopelo expulsan de los bares a la gente de bien que solo quiere tomar un vino, unos champis, una carrillera o un cojonudo. No es extraño que en muchos locales te reciban con la leyenda fluorescente «No se sirve a despedidas».

Me meto tanto en el papel que acabo participando en una manifestación contra los pisos turísticos y los alquileres desorbitados. ¿Les suena? Un turista de fin de semana cantando «fuera rentistas del centro de Logroño». El gentrificador protestando contra la gentrificación. Paradojas de la vida, o turismo de coherencia intermitente.

Eso sí, la ciudad está llena de carteles por el centenario de Rafael Azcona, el mejor guionista del cine español. Algo que nos une: nació en Logroño, emigró a Madrid y vacacionaba en una Ibiza todavía sin masificar ni gentrificar.

Me pregunto cómo habría contado Azcona todo esto: los turistas contra los turistas, los vecinos defendiendo su casco de la centrifugadora del ocio, las despedidas de terciopelo. Y por qué no se le rinde homenaje también aquí, ya de paso.

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