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Opinión | Para empezar

Lo que pides versus lo que te llega

Vehículo de la Guardia Civil aparcado en Formentera,

Vehículo de la Guardia Civil aparcado en Formentera, / CÉSAR NAVARRO

No es ninguna novedad que en muchas, demasiadas ocasiones, pides una cosa por internet y cuando la recibes, la realidad poco tiene que ver con lo que esperabas. Te compras un vestido, monísimo en las fotografías de la tienda online, y cuando te lo pruebas, no solo pierdes toda forma humana por el patronaje espeluznante, sino que te sale un salpullido generalizado por la ínfima calidad del tejido. O enciendes la lámpara recién recibida y enchufada y se derrite la pantalla por el calor de la bombilla.

Los ejemplos y los memes en las redes al efecto son infinitos, y ahora nos está pasando algo similar en Formentera que paso a desarrollar.

Resulta que llevamos quejándonos desde el verano pasado de la falta de agentes de la Guardia Civil en la isla, especialmente de la agrupación de Tráfico. Que si no puede ser, que si las carreteras en verano son una locura, que si ha aumentado la inseguridad... Bueno, pues ya están aquí y parece ser que para quedarse. Lo curioso es que, en un claro ejemplo de «lo que pides versus lo que recibes», en lugar de controlar un poquito mejor el tema robos en casas ajenas, se están dedicando a multar con 200 euros a cuanto ciclista, visitante o local cometa la tremenda afrenta de ir sin casco a esos peligrosísimos 15 kilómetros por hora de velocidad media que suelen alcanzar en sus desplazamientos sobre dos ruedas.

Otro ejemplo: años y años denunciando el estado de la carretera principal de la isla, los socavones, las curvas peligrosas y los arcenes inservibles. Por fin, ponen manos a la obra y toca asfaltar con la temporada más que iniciada y los subsiguientes atascos tremebundos.

Seguro que todo esto tiene su lógica y su justificación (lo del casco lo dice la ley y el asfalto, al parecer, queda mejor si se pone cuando hace calor). Pero al ciudadano de a pie, con 200 euros menos en la cuenta por haber ido a trabajar en bici y sin casco, o parado en el coche media hora al sol de camino a la Savina, le queda la misma sensación que cuando pides al cielo que llueva un poquito y, acto seguido, se te ahogan las tomateras.

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