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Opinión | Para empezar

Quiero especular

Bloque de pisos en construcción

Bloque de pisos en construcción / EP

Recuerdo que con poco más de veinte años (hace dos días), cuando un millón de pesetas era una barbaridad, me ofrecieron un piso enorme en la avenida 8 d’Agost de Ibiza por ¡21 millones de pesetas! 126.000 euros actuales, con lo que, si tienes suerte, puedes comprarte ahora dos plazas de aparcamiento o dar la entrada para una habitación con vistas a una pared de cemento y con una hipoteca de 500 euros al mes... y sin derecho a usar la cocina. Ese pisazo de la avenida debe rondar ahora el millón de euros, una auténtica aberración, una barbaridad, algo absolutamente obsceno. Pongan el adjetivo que quieran porque seguro que se quedan cortos.

Ahora, tanto tiempo después, disfruto de un pisito de dos habitaciones, que cuido con primor, gracias a mis caseras (love you, Eva y Olga!). Podría alquilar una, pero ni se me ocurre, por dignidad hacia quien alquile pero sobre todo por respeto a la propiedad. Día sí, día también me asalta alguien preguntando por una simple habitación. Y me pone en un brete existencial. Una conocida, apenas una adolescente, se ha visto obligada a residir en una caravana y tiene que levantarse dos horas antes para llegar a tiempo a es Pratet para trabajar. Otros cientos, miles, comparten habitación con desconocidos; ya me dirán qué intimidad pueden tener, cuánto orgullo tienen que tragar a diario para poder descansar sus huesos tras atender a tantos cretinos creciditos por sus euros.

Día sí, día también me cruzo a alguien que deja la isla tras tantos años, o que conoce a alguien que se exilia porque no puede más, harto de que le tomen el pelo.

Día sí, día también me pregunto cuándo me echará de la isla este maldito problema de la vivienda. Y también cómo hemos llegado a este extremo, en qué momento decidimos no poner pie en pared y nos pasamos la Constitución por el forro; ese legajo que nos garantiza una vivienda digna y que es tan importante para otros asuntos banales y tan inútil para uno esencial.

Lo curioso es que si hubiese comprado ese pisito de 8 d’Agost, con cuatro habitaciones, y lo hubiese exprimido al estilo actual, esto es, a 900 euros al mes la habitación, ya lo habría pagado y me podría retirar si lo vendiese. Cómo mola pensar como un especulador...

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