Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Para empezar

Los cromos del Mundial

El álbum de cromos del Mundial 2026 de Panini

El álbum de cromos del Mundial 2026 de Panini / Panini

El día que Tassotti le reventó la napia a Luis Enrique y Sándor Puhl se hizo el longuis, brotó en mi tierna mente la primera noción de injusticia. Cuando la FIFA premió a aquel nefando húngaro con el arbitraje de la final del Mundial, me acongojé todavía más porque entendí no solo que la injusticia campa a sus anchas, sino también que los encargados de castigarla pueden hacer justo lo contrario: bendecirla. Para que digan que el fútbol solo son 22 personas en calzón corriendo detrás de una pelota.

Javier Clemente adiestraba, como dicen los gallegos, a un equipo tan defensivo que Guardiola llevaba el 9 en la espalda. Tassotti sacó el codo, Julio Salinas el miedo y nos fuimos a casa en cuartos, como siempre en aquella época. Cuando abríamos un sobre de aquel Mundial, los chavales soñábamos con que saliera Romario, o Stoichkov, o Roberto Baggio, o Hagi... La nostalgia es uno de los motores más poderosos del consumo y los cromos del inminente Mundial, que se disputará de nuevo en Estados Unidos, como aquel torneo de hace 32 años, están rompiendo récords de ventas. Panini los está imprimiendo 24 horas al día para surfear al máximo esa ola preñada de dinerito fresco.

En 1994, un sobre de cromos costaba 25 pesetas, esto es, 15 céntimos de euro. Los sobres del próximo Mundial se venden a 1,5 euros. Diez veces más. O antes eran muy baratos, o ahora son muy caros: me cuesta pensar en otro producto que haya multiplicado de forma tan bestia su precio en apenas 30 años. Se me ocurren dos factores. Uno: el apego a lo físico, a lo palpable, a tocar y oler lo que compras en estos tiempos de incorpóreo reinado digital. Dos: la mencionada nostalgia, el anhelo de volver, aunque durante los segundos que lleva pegar el cromo, a esa arcadia infantil donde la felicidad se medía en ‘sipes’ y ‘nopes’. Donde todo era ilusión, hasta que una nariz ensangrentada mostró la cruda realidad del mundo. Aquel jugador sollozante se ha convertido en el rey del fútbol europeo y nadie se acuerda del árbitro ni del defensa asesino. El karma siempre nos alcanza.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents