Opinión | Editorial
La presión vecinal frustra el ‘parking’ de sa Real
Vila renuncia al proyecto, pero no explica qué alternativas baraja ante el problema del aparcamiento

Triguero conversa con los vecinos que han participado en la campaña de recogida de firmas contra el aparcamiento de sa Real. / J.A.Riera
La movilización en contra del aparcamiento que el gobierno municipal proyectaba en el barrio de sa Real ha culminado con la marcha atrás del Ayuntamiento, una decisión que comunicó el viernes el propio alcalde, Rafael Triguero, a los vecinos que habían ido al Cetis a entregar las más de 2.400 firmas recogidas contra el proyecto, que preveía una inversión de 26 millones (a cargo de la empresa adjudicataria) para construir 749 plazas de estacionamiento en un edificio de cuatro plantas que se levantaría en una de las pocas zonas verdes abiertas que hay en la ciudad.
El anuncio cogió por sorpresa a todos, posiblemente en un movimiento planificado por el equipo de gobierno con ese objetivo, pues Triguero aprovechó una rueda de prensa que había convocado el PSOE con representantes vecinales que acudían al registro a presentar las firmas. Un golpe de efecto que de momento se queda en eso, puesto que el alcalde no ofreció más detalles ni explicaciones, que anunció para la semana que viene.
Triguero aseguró que el Ayuntamiento renuncia al proyecto de forma definitiva, y señaló que, desde que se presentó en marzo el anteproyecto, han desarrollado «tres meses de trabajo intenso tanto técnico como de recopilación y estudio de las propuestas, sugerencias y observaciones trasladadas por los vecinos». El Ayuntamiento se limitó a indicar que «tras analizar y valorar las diferentes alternativas planteadas, ha decidido no continuar con la propuesta inicial del proyecto», y que el alcalde «seguirá trabajando para ofrecer nuevas alternativas en el municipio».
Llama la atención que el Ayuntamiento haya renunciado a uno de sus proyectos estrella cuando ya incluso había presentado el anteproyecto, con el argumento de que «la decisión responde a la voluntad de escuchar a la ciudadanía y de encontrar soluciones que concilien las necesidades de movilidad y aparcamiento de la ciudad con las demandas y sensibilidades de los residentes». Presumiblemente, también habrá pesado en la decisión del equipo de gobierno que estamos ya en la recta final del mandato y se ha iniciado la cuenta atrás para las elecciones, para las que falta apenas un año, y no parece la mejor estrategia electoral llegar a los comicios con un barrio soliviantado por la construcción de un aparcamiento que rechazan los vecinos y con la oposición socialista poniéndose a la cabeza de la movilización popular. No se sabe tampoco por qué el equipo de gobierno se lanzó a impulsar este proyecto tan ambicioso y de tanto calado sin pulsar antes la reacción que un proyecto de estas características podía provocar entre los residentes en la zona.
El alcalde, en la presentación del macroproyecto en febrero, anunció que se declararía como estratégico de especial interés para agilizar su tramitación, y lo presentó como el resultado de un «diagnóstico profundo y real de cuáles son las posibilidades de facilitar el aparcamiento en la ciudad». Sin embargo, ahora se ha comprobado que ese estudio no había sido tan profundo ni tan real si no había detectado la radical oposición de los vecinos a una obra de tanto impacto.
Triguero justifica su marcha atrás diciendo que ha escuchado a los vecinos, pero habría sido más sensato hacerlo antes de presentar el anteproyecto y provocar el rechazo de los residentes, con el coste tanto económico como de imagen que ha tenido para el gobierno municipal. Este fiasco muestra, una vez más, las consecuencias que tiene lanzarse a hacer grandes proyectos sin contar con los afectados, una lección que a muchos gobernantes les cuesta aprender. A veces, el interés general puede obligar a emprender iniciativas impopulares, pero en ese caso hay que tener muy claros los argumentos para defenderlas y los beneficios que aportarán; en esas ocasiones se pone a prueba la visión y el liderazgo de los buenos políticos, pero salvo en esos casos excepcionales, la norma elemental debe ser consultar antes y proponer después, para no cometer un error como el de Triguero, obligado a recular tras una presentación tan grandilocuente como imprudente y precipitada.
Las explicaciones que ha dado el alcalde son insuficientes, puesto que faltan detalles clave, como la alternativa que ya tiene preparada. Triguero aseguró que la semana que viene presentará otro proyecto que «será respetado al 100% por los vecinos» y en cuyo estudio de viabilidad lleva trabajando dos meses, pero no quiso avanzar ningún dato más, ni siquiera la ubicación. Lo que ha ocurrido con el aparcamiento de sa Real no es un precedente tranquilizador. Más que reforzado, Triguero sale debilitado de este pulso que ha mantenido con el PSOE y los vecinos, justo después de la polémica que provocó su compra de un local para convertirlo en vivienda de precio limitado gracias a un cambio de normativa impulsado por su partido, el PP, en el Govern balear.
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