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Opinión | Para empezar

Cristina Martín Vega

Cristina Martín Vega

Directora de Diario de Ibiza

‘Sargantanes’ o la crónica de una extinción anunciada

Varias ‘sargantanes’, en una pared. | SEBASTIÁN CANDELA

Varias ‘sargantanes’, en una pared. | SEBASTIÁN CANDELA

Hay desastres que llegan de repente y no se pueden evitar, y otros que se conocen con antelación desde que se empiezan a gestar hasta que se materializan en toda su fatalidad. Así ha sido el proceso de extinción de las sargantanes pitiusas: sabemos cuándo empezó, con el hallazgo de la primera serpiente en Ibiza en 2003. Y desde ese momento, también teníamos la certeza de cómo acabaría si no se ponían medidas rápidas y eficaces cuanto antes: la plaga de ofidios se extendería por las Pitiusas y sus islotes y acabaría con la especie endémica Podarcis pityusensis, un auténtico tesoro biológico con más de 20 subespecies únicas en el mundo. Un icono de Ibiza y Formentera, también cultural. Para impedir la llegada de serpientes era necesario evitar la entrada de olivos en la isla en determinadas épocas del año, donde los ofidios se esconden para hibernar. Pero no se hizo, a pesar de que era clave para evitar la invasión de culebras, y así lo advertían expertos, ecologistas y políticos de distinto signo de Ibiza y Formentera.

Han pasado 23 años y la situación ya es de emergencia. La catástrofe ecológica ya se ha producido, gracias a la negligencia, irresponsabilidad y pasotismo de quienes deberían haber tomado decisiones y ocupaban puestos en las administraciones, tanto técnicos como políticos, fundamentalmente en el Govern balear y en la Administración del Estado. Quienes marearon la perdiz de las competencias y no hicieron nada porque «no era cosa suya». Las serpientes han acabado ya con diez subespecies de sargantana en otros tantos islotes de Ibiza, según el último estudio científico. También esto estaba previsto, porque hace más de diez años que se detectaron culebras nadando en el mar, «la peor de las pesadillas de los biólogos pitiusos», según publicó en este diario el periodista José Miguel L. Romero en 2016, en una noticia sobre un pescador que había visto (y fotografiado) culebras nadando en sa Cala. Ahora, el plan es conservar pequeñas poblaciones de sargantanes en zoos o en un búnker antiserpientes hecho con planchas metálicas. Hace ya tiempo que es demasiado tarde para evitar la desaparición de la Podarcis pityusensis, y da mucha rabia. Porque lo sabíamos y quienes debían haberlo evitado no lo hicieron.

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