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Opinión | Para empezar

Samia Khenien

Samia Khenien

Redactora

Empujón por la espalda a la educación pública

Empujón por la espalda ala educación pública

Empujón por la espalda ala educación pública / Lorena Portero

Un agente de la Policía le ha pegado un empujón por la espalda a una profesora jubilada mientras esta se manifestaba por la educación pública en Valencia. El vídeo que circula en redes no deja mucho lugar a la imaginación: la docente se encuentra en medio de una calle, de pie, sin hacer nada especial; de pronto, un empujón -con muchas ganas- y mujer al suelo. Como no puede ser de otra manera, la profesora ha presentado una denuncia contra el agente y la Policía Nacional le ha abierto un expediente. Al fin y al cabo, la mujer cayó de cara y se partió el tabique nasal.

Estas manifestaciones al otro lado del charco me recuerdan a la huelga (y manifestación bastante masiva el día 29 de septiembre) que hubo en el inicio del curso 2013-14, cuando iba a la ESO. La huelga duró varias semanas y muchos de mis profesores la siguieron hasta que no pudieron asumir más los costes. Personas a las que les dolía tener que «tirar la toalla» para poder pagar el alquiler, ya por aquel entonces. Igual que en ese momento nuestros docentes defendían la educación pública, lo hacen y lo seguirán haciendo mientras se la ataque.

En este caso, lo que más me preocupa son las reacciones de algunos sindicatos policiales ante la debacle: «Todo nuestro apoyo al compañero y a su actuación. Si sales a cortar calles, te expones a que te retiren de ellas», ha dicho la Unión Federal de la Policía en sus redes sociales. No me imagino impasible viendo cómo tiran al suelo, de forma tan violenta, a cualquiera de mis profesores. Menos aún a alguno que haya sido especialmente importante en mi formación.

Que un policía pueda tirar al suelo a docentes como Pablo, Vicky, Salva, Ana, Matoses, Bea (que en paz descanse)..., y que encima haya organizaciones que le defiendan, bajo el pretexto de la presunción de inocencia, me duele.

La presunción de inocencia es necesaria, pero también lo es el derecho a la protesta y, ante todo, el respeto y la protección de la población. Más aún de quienes se supone que tienen que velar por ella.

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